Glup 2.0

22.5.18

Golondrinas

photo by Dorothea Lange, Last Ditch series, 1964

Olí mis dedos y ella estaba en las yemas, su olor me hacía temblar de excitación.

La luz entraba por las vidrieras, se descomponía en colores rojos y verdes. Música de órgano, Bach quizás. Flores blancas en el altar. Una señora enlutada esperaba su turno delante de los confesionarios. Un hombre arrodillado frente a un Cristo sangrante. El sacristán, supongo, comprobaba el micrófono del púlpito.

No  acostumbro a frecuentar iglesias, me deprime ese ambiente opresivo de via crucis y santos estáticos, el gran ojo omnipresente controlando mis actos, pensamientos y errores. Salí y me quedé en el pórtico, viendo llegar a los familiares, a los amigos, a los habituales de los funerales, mezclado entre ellos.

No conocía de nada al que había fallecido. Solo sabía que aquella a quién amaba, aquella a la que había amado hacía apenas tres horas, era amiga de la familia. Veía su cara con los ojos cerrados entre mis manos, susurrando nuestra letanía de dulzuras casi infantiles, los nombres que nos dábamos, la ternura creciendo hasta la pasión, uniéndonos en  un único cuerpo estremecido, tembloroso, brillando entre los serios muebles de mi despacho, el lecho improvisado en el sofá donde se sentaban los clientes, la puerta cerrada, sin pestillo, al azar de una visita inconveniente. Te quiero, nos dijimos mutuamente en la despedida.

Aquel hombre de pelo gris era su marido, ajeno a mi presencia, seguro y sonriente, hablando con unos y otros, elegante, educado, mayor. Me coloqué cerca, serio, sin mirarle, un asistente mas. Escuchaba su voz. Este era el hombre que dormía al lado de mi amada.  Sentí una indefinible mezcla de simpatía, comprensión, complicidad, odio, respeto, desprecio, me sentí una mala persona. En un momento nuestras miradas se cruzaron y esbocé un saludo.   

La misa estaba a punto de empezar y en la puerta apenas quedaban rezagados. Entre ellos nosotros dos, desconocidos, no imaginados. –Estoy esperando a mi hijo –se excusó, sorprendiéndome. –Sí –dije -, los chavales viven a otro ritmo. Entonces llegó su hijo, unos veinte años, aquel de quién ella tanto me había hablado, su principal remordimiento y obstáculo. –Encantado –se despidió el marido. Absurdo, no nos conocíamos de nada, yo no estaba encantado, no sabía qué hacía ahí, atormentándome, con la creciente certeza de estar enamorado hasta el tuétano, era inútil mentirme en que todo aquello era sexo, no podía vivir sin ella, la quería, la quería, solo para mí.

Tenía que escuchar su voz, saberla ahí. Al tomar el teléfono volví a olfatear entre mis dedos su olor íntimo. Y ocurrió. Despistado, obnubilado, quise cruzar a la otra acera sin mirar a los lados. El coche negro,  un taxi, me arrastró varios metros.

En la cama del hospital no sé quién soy. Tú, yo, nuestro hijo, tu marido, el taxista, el que invento por estar aquí, mi vecino de habitación que se está muriendo, el cura a los pies de la cama, esa mujer que ha llorado, la enfermera que manda a todos salir de la habitación  o el hombre alto vestido de blanco que no conozco y que ríe, en su cara hay una infinita crueldad. No tengo dolores, solo tengo miedo de cerrar los ojos y no poder abrirlos más.  

21.5.18

Calles desiertas

Garden of love, 1951, Remedios Varo

Buenas noches o cuando lo leas, ya has llegado, ya estás en casa, quizás has vuelto a la pata coja, pero has llegado, lenta, segura, pensando, encantada, feliz, cansada, debe ser la edad, veo el brillo, sigo el rastro y luego todo es sencillo, muy fácil, basta ser quién eres, magia, ahora lo entiendo, no creas no es tan fácil reír con libertad (ser libre sí que es difícil), resulta que somos así hasta que nos descubrimos en otro/a, por sorpresa, somos asá, después ya todo es diferente porque asá es encantador y un buen amante, sabe decir la palabra oportuna y todo eso te hace sentirse tan, tan bien, pero luego hay que volver y todo es como era, entonces te das cuenta que has entrado en el lado oscuro, sobre todo te das cuenta que quieres volver a ese lado oscuro, que quieres ser ese, así, asá, que jamás habías sentido de esa manera, tu mente, tu cuerpo, tus emociones, que jamás te habían besado de esa forma, que nunca habías perdido el control, la contención, que rozabas la enajenación (solo unos segundos, un zass) y eso es tan terrible, tan inquietante, tan excitante, tan nuevo, y un paso lleva a otro paso y un curso en Medellín, una insólita cena en Caracas, un retiro espiritual no sé dónde, mentiras para encontrar tu propia verdad, engañándote, esa que tiembla eres tú, niña, que te escribo escribiéndome, quizás no hay nada que decir y todo está dicho, me asombro de lo que puedo ver, me asusto de mi ceguera, voy y vengo, muchas veces en círculo, hablo de ti pero seguro que hablo de mi y reconoces esa sombra,  la angustia,  las ganas de salir, de noche, buscarle/a, no hay tantas historias para contar, las nuestras seguro que coinciden, alguien que te desea, el tiempo pasa pero alguien te desea, suspira, gime, se estremece a tu lado, sabes que estás viva/o y tienes que sujetarte las manos para no aplaudir. Ya. El resto lo pones tú, mujer, me ha salido así, aún no te he leído y se me ha encendido una luz, esta, he intentado contarte ¿se puede contar la luz? Seguiremos (¿?) en esta semana gloriosa, espero, amanece, buenos días, las calles están desiertas.

20.5.18

Robert



Agito las plumas y las palabras como un presagio, el tiempo es esta caja de madera donde guardo lo que no ha sido, las alas plegadas, los días perdidos, un dibujo en la arena, escondo mi canto, que nadie sepa.

19.5.18

Clark



Enterradas las vísperas, esta es la comarca del presente, un edificio que se desmorona, oscilando en la escarcha, adelante y atrás, se mueven las piedras a tal rapidez que parecen inmóviles, al fondo la negra trampa de la nostalgia.


18.5.18

Jhon



Florecen los tilos y protejo mi garganta de las fauces de los mastines, rostros difusos en las esquinas donde giran  viento y humo, donde se fragua el rencor escindido, los recuerdos tallados mientras cantan los petirrojos en la alameda. 

17.5.18

Humphrey




Harto ya de oscilar entre cimas y simas dejo las zancadas, avanzo palmo a palmo, intento esculpir la niebla, atrapar el fulgor, viro de la sombra a las luces que oscilan sobre la ría perezosa de la niñez. No llego.

16.5.18

Jack




No se apagan las brasas del amor furtivo, se resquebraja el muro del cementerio, los alquimistas bajan en marcha de carruajes austeros, las olas han profanado el refugio, la marejada  dispersó credenciales y escapularios, el futuro es espuma.


15.5.18

Carta del amante inerme.



Las ranas lo dicen, falta poco para volver a verte, unas horas quizás, unos días, semanas, la eternidad. Necesito morfina para soportarlo, ginebra, humo que me obligue a olvidarte, pero ni todas las selvas del Brasil ardiendo pueden hacer que te olvide. Los informativos no hablan de nosotros, nadie sabe quién somos, no somos, no saben quién eres tú, no intuyen quién soy yo, no nos relacionan, pero algunas mañanas, como la de hoy, están llenas de terremotos y aún me duran los temblores. Quisiera que te peinaras como Ava, quisiera que me cantaras al oído el love me, please, love me como una Polnareff travestida, pero tú solo quieres estar inerme y yo no puedo hacer más que lo que hago. ¿O sí? Sí, puedo disfrazarme de Sean C., vestirme de buzo con escafandra, ponerme alas, desnudarme a pesar de las adversas condiciones climáticas, pintarte cuadros con los dedos mojados en tu saliva después de morderme. Me miro al espejo y veo a otro, suena el teléfono y no eres tú, te recuerdo y vuelve tu sonrisa abrigada con una gabardina sobre tu camisa nueva, tu cuerpo de siempre, el que amo, el que ansío mientras tú me guardas en el cajón de los llaveros encontrados, de los tenedores de plástico, de los cuchillos retorcidos, de las lenguas de gato. Coloco una piedra sobre otra piedra, sobre otra piedra, para poder atisbar detrás de la tapia. Quita el biombo, que quiero verte con tus medias de rayas, con tu falda con una abertura en el costado, con tu tanga rojo, con tu culo alto. Y jazz, mucha música de jazz; mira, ese del trombón es negro, y blanco, la batería suena así, el del piano es manco. Pero lo sé, sé que si me llamara Hawking no me querrías, no me pasearías con mi carrito eléctrico aunque te hablase sin cesar del rayo sobre la Gran Pirámide, de la deriva de los continentes, de la influencia de la soledad en las mujeres de mediana edad. Qué te importa a ti, tan atareada, con niñas haciendo de madres, con madres haciendo de supervivientes. Ah, y las melancólicas. No es broma, da idea de los compartimentos de tu mente aunque me obstine en saber dónde estoy yo, en que caja me has metido, entre las hojas de qué libro me has abandonado, flor cansada de un verano lluvioso. Si yo fuese Dylan sabría que no hay respuestas en el viento, pero como no lo soy me obstino en bañarme en el cierzo, en revolcarme en la tramontana, en sumergirme en el levante gaditano, en nadar por tus alisios, braceando hasta alcanzarte, hasta llegar a ti, mujer inerme por decisión propia. ¿He entendido bien?, ¿te entiendo? puede ser que quererte me haya dejado en este estado en el que solo sé correr por mis propias indecisiones, arriba y abajo, firmando este contrato en blanco, esta impenetrable sensación de provisionalidad. Ser hombre cada día es más difícil. Y más descubrir mi parte femenina cuando tu actúas con la frialdad de un cirujano. Un día pasearemos por una playa, tú la eliges, y allí me lanzaré a nadar en la galerna; amor, nado muy bien, pero estoy cansado para llegar hasta el horizonte. Maga Morgana, diosa de mi mente, pirata que ha asaltado mi bergantín, madrugadora sin imaginación, amante que quiere que le amen como ella quiere querer, como ella quiere que le quieran, yo sí que estoy inerme ante ti, por ti, desarmado y cautivo como un ejército derrotado, lleno de cicatrices, las de recordarte pedaleando en tu bicicleta por una carretera bordeada de árboles de la desesperación. Mis ranas, una verde, la otra azul, son sabias, saben, y Miles Davis mientras toca la trompeta me obliga a recordarte, y Steely Dan, y Pániker, y la tortilla francesa que me ceno, y el vino que bebo, y mientras me cepillo los dientes todo me recuerda a ti y creía que mi día estaba lleno de lluvia pero tú lo has llenado de sol aunque te sienta tan mudable, tan desmemoriada, tan práctica, tan diferente. Mientras dejo salir mi tristeza a pasear recuerdo que te quiero, recuerdo que me querías.  

14.5.18

Parker y los tentáculos.

Bebamos y brindemos
por la triste ironía
de estar vivos
y no poder amarnos.

(María Rosal)


Parker, pobre, siente que el trabajo diario es superior al que sus escasas fuerzas actuales son capaces de soportar. Pero. La vanidad. El hastío. Busca por los rincones qué contar a partir de ahora, algo que le entretenga, algo que le libre de los tentáculos de la tristeza, que le vista de él mismo, cuando era. Escucha música, un consuelo.

13.5.18

Anselm



Para que venga una lluvia pura sobre la miseria de no saberse nada,
pulsaremos los silencios hasta arrancar una uva demasiado violenta.

(Yolanda Castaño)


Tantos nombres que no conozco, músicos, poetas, suicidas, tiranicidas, escritores, compositores, deportistas, viajeros, personas como usted, como yo, que tampoco conozco, escribir es ser otro, buscar a otro, ponerse en el lugar de otro, seguir intentando lo cotidiano para hacerlo diferente, único, interesante, yo qué sé. Un día vi un cuadro de Anselm Kiefer y me quedé p`allá. 




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