28.2.09

Otro.



Alguien me está suplantando.

Escribe lo que escribo.
Me sustituye en los aciertos.
Me abandona en los errores.
Ama a las mujeres que amo.

Alguien está viviendo mi vida.

No he podido afirmar lo que dices.
Desde que cerré la puerta
ya no me visita el Cíclope.
Sólo te amo a ti.

Alguien me habita.


(Ilustraciones :Sonia Pulido)


Jesús Mosterín: "Internet es el reino de la libertad absoluta"

El filósofo publica 'La cultura humana', un libro de divulgación sobre las formas culturales
MIGUEL ÁNGEL VILLENA - Madrid - 27/02/2009


Nunca se ha sentido el filósofo Jesús Mosterín como un científico aislado del mundo o como un intelectual despegado de la sociedad. Todo lo contrario. Quizá sea este catedrático de Lógica y Filosofía de la Ciencia, nacido en Bilbao en 1941, uno de los pensadores españoles que más ha contribuido a la divulgación de su especialidad. Investigador del Consejo Superior de Investigaciones Científicas y autor de más de una veintena de libros, Mosterín acaba de publicar La cultura humana (Espasa), un ensayo donde analiza conceptos básicos, al tiempo que traza una panorámica de los cambios culturales, desde el origen de la escritura hasta Internet pasando por las manifestaciones audiovisuales, el vestido o los viajes.

Desde la perspectiva de filósofo generalista, no vacila al señalar que "Internet es el reino de la libertad absoluta". "Se trata de un sistema", añade, "donde nadie puede entrar para interferir o para prohibir. Ni los gobiernos, ni la Iglesia, ni los partidos políticos, ni los bancos... De hecho, incluso tengo dudas sobre la posibilidad de vigilar el uso de la pornografía a través de la red. Ahora bien, Internet supone una revolución en usos y costumbre, pero por supuesto no es la primera ni la más importante en la historia de la humanidad. Basta recordar, por ejemplo, lo que significó el Neolítico con la llegada de la agricultura y la sociedad sedentaria o la invención de la escritura o de la rueda, la construcción de las ciudades, la aparición de la imprenta o la llegada de la aviación. De todos modos, la cultura siempre ha tenido problemas de libertad de expresión y esa barrera la ha roto Internet definitivamente".

A partir de la premisa de que la revolución de Internet, -unida a que los viajes se han generalizado hasta límites increíbles-, ha terminado con el aislamiento de cualquier sociedad, Mosterín no cree que esa globalización haya eliminado la diversidad cultural. "Es cierto", comenta el ensayista, "que puede existir un cierto riesgo de uniformidad en el vestir o en algunas costumbres. No obstante, el rasgo definitivo de la globalización pasa por la pérdida de atadura a un territorio. Es decir, hace un siglo un español sólo podía probar comida china si viajaba a la otra parte del mundo y ahora tiene un restaurante asiático en cada esquina".

Autor de obras como Ciencia viva y La cultura de la libertad, Jesús Mosterín se ha propuesto con su última obra contribuir a la claridad y el rigor de las ideas. "Se emplean hoy en día muchos conceptos confusos y equívocos en relación con la cultura", explica el profesor. Después de lamentar la escasa divulgación científica que se publica en España, el filósofo Mosterín afirma que muchos profesores universitarios están obsesionados con temas burocráticos y administrativos en lugar de investigar y escribir. "A diferencia de sus colegas de otros países europeos o de Estados Unidos, no se proponen divulgar sus conocimientos a través de los libros y de los medios de comunicación. Está claro que el sistema educativo y la prensa representan los vehículos clave para alcanzar una sociedad más justa y mejor informada".


27.2.09

Vuelta a empezar la Vuelta.

“Aquellos cuya mente está habitada por el recuerdo confuso de verdades que nunca han conocido son los hombres que están dotados.” (Proust)



Escribir a la manera de. Reglas. ® NO. Colocarse de puntillas frente al texto y citarlo –eo, eo- llamarlo, gritar. Enfrentarse al reto de escribir para emocionar. No hace falta dejar el corazón entintado -¿a quién diablos le importan tus penas?- es mejor dejar los embustes, lo que no, SÍ, lo del cuarto de atrás, el anhelo, el brillo crepuscular de tu propia mentira -llámese apodo, máscara, disimulo, exageración, guiño, bah, no es la cosa-.


Un juego de palabras, las palabras como un juego que te implique, que te explique, que te tome de la pechera y te sacuda dos sopapos, esto es lo que hay aquí dentro, mire usted, pasen y vean, aquí mi niñez y adolescencia, aquí mis frustraciones, eso que cuelga es el miedo, lo de al lado es un complejo retorcido pintado con sensibilidad fragmentada, ah, aquí el retablo de cuando amé, esas son mis impresiones abstractas, en el altillo mis poemas de amante bajo -¿o era sobre?- una manta, en la alfombra el polvo de historias inconcretas, pedazos de vida, en la ventana un escritor que mira el vacío del alma. Excepto la muerte segando el tiempo no hay nadie ahí abajo y en la hierba se pudren elogios secretos y una fotografía de sangre derramada.

Ay.


26.2.09

Un pie en el cepo.


Lo que dejé por ti.

Dejé por ti mis bosques, mi perdida
arboleda, mis perros desvelados,
mis capitales años desterrados
hasta casi el invierno de la vida.
Dejé un temblor, dejé una sacudida,
un resplandor de fuegos no apagados,
dejé mi sombra en los desesperados
ojos sangrantes de la despedida.
Dejé palomas tristes junto a un río,
caballos sobre el sol de las arenas,
dejé de oler la mar, dejé de verte.
Dejé por ti todo lo que era mío.
Dame tú, Roma, a cambio de mis penas,
tanto como dejé para tenerte.

Rafael Alberti



El ojo de la ballena me mira, malhumorado.

Enseguida sé cuando su carácter ha virado al lado oscuro.

Increíbles esos saltos que da cuando sabe que los de National Geographic están filmando. Es una ballena pero no es nada tonta. Aunque sí coqueta. Y ágil.

Esto es todo lo que tengo: un inicio de una ballena enfadada flotando en el aire, inmensa mole negra con la consistencia de la piedra, con su cola capaz de partir los mares en más mares.


Y así sucesivamente.

Todo por no recurrir a los recuerdos.

Si los tuviera, podría escribir del tintineo de sus pulseras cuando se quitaba la ropa, tan rápida que parecía que le iba la vida en encaramarse a mi ansiedad, tan evidente, tan automática, reflejo de Paulov, indicio físico de complicados procesos químicos. Etc.

Temblábamos los dos como petirrojos en mitad de un incendio, pegados el uno al otro durante toda la noche de experimentos y ahora así, ahora de esta otra manera, páginas 12 a la 53 del manual de posturas.

Luego llegaba el día y ella volvía a su libro de venenos y yo a revisar los cajones con sombras, con poemas en papeles enrollados atados con cintas de colores, rojas para el amor, amarillas para el duelo, negras para la ausencia.

Bah, sólo añoro cuando me mordía. Y cuando (yo) no mentía.

Estoy solo, la casa en silencio, dejo pasar los dedos por el lomo de tantos libros en la biblioteca del salón, escojo uno, “Descripción de la realidad”, me siento y abro, leo, gozo, pienso, me pregunto: “¿cómo demonios leerán insulsas bitácoras –como esta- existiendo maravillas así?” y al no tener respuesta (ya he dicho que estoy solo y no es cosa de contestarse uno mismo) sigo leyendo.

¿Qué colgaré mañana aquí?, leches, que no tiene uno una rica vida interior, ni tantas peripecias como para llenar esta sucesión de páginas y días, tan rápida que parece que ayer mismo era otoño.

En cualquier caso quiero dejar constancia que soy ventrílocuo y no escritor. Que conste. (Ya, ya sé que constaba).

Fin.


25.2.09

Unamuno.

Unamuno viste a Dios de barbita de prestamista, jersey alto, zapatos feos y voz aguda e imperativa. Unamuno viste a Dios de Unamuno. Aparte la falta de oído, Unamuno no puede ser poeta porque el moralismo (Dios está obligado a ser moralista) se lo impide. Desprecia los géneros y los destroza, no por una saludable acracia literaria, sino porque pretende convertirlos en herramientas de su relojería divina.

El místico Unamuno no ve la Creación como obra del Creador, sino al Creador como creador de Unamuno. Unamuno, más que buscar a Dios, pretende denunciarlo. De modo que es un místico puro y absoluto, un hombre que se busca a sí mismo a través de Dios, o a la inversa. En estos largos monólogos con Dios (consigo mismo) es donde está el gran Unamuno lírico, adivinador, fluente, profundo y fecundo. Ortega filosofa para marquesas, y Unamuno para seminaristas.

(Francisco Umbral)


Ya no sé a quién escribo. Temo que me escribo, que repito una llamada a lo que no. Que lo que sí lo tengo tan a mano que no quiero contarlo, ¿para qué? Escribir sobre qué escribo es un recurso cuando no sé qué escribir.

Escribía sobre el amor cuando estaba enamorado.

Ahora ¿no estás enamorado?

Más que nunca, pero distancio al que imagina y escribe del que siente y vive.

¿Cómo puede ser eso?

Fácil, es una disciplina, cuando escribo me alejo de quién soy y me convierto en otro (que posiblemente también sea yo) que no es, pero que hace, dice, siente aquello que yo (ya) no me atrevo, pero que está ahí.

Demasiado complicado.

Que va, es sencillo. Lo difícil es escribir algo que enganche al que lee.

Y mantener un espacio en el aire.

Eso.

(Dibujos: Sonia Pulido)



24.2.09

De la biología a la psicología.

Cercado de tinieblas, yo he tocado mi cuerpo
y era apenas rescoldo de calor,
también casi ceniza,
y sentido después que mi figura se borraba.
Mirad con cuanto gozo os digo
que es hermoso vivir.

(Francisco Brines)


Freud disecciona anguilas entre el heno y el cieno. Después las dibuja, sinuosas y elementales, años antes de interpretar los sueños, el Ich, el Überich.

Sueño que nado en un río turbulento y negras anguilas de tiempo me rozan, me angustian.

No sé interpretar qué significa, no sé diseccionar mis sueños, ni dibujarlos, muchas veces se pierden en la madrugada.

Sueño, vivo y el río me lleva.


23.2.09

Gendarmenmarkt.

No aquí no ayer en el pasado
sólo en el hueco del hoy que se rellena
mientras se distribuye el vacío
en la idea de qué hora es
cuando la hora ya ha pasado.

(John Ashbery)

La última vez que vi a Elisa llevaba un pañuelo verde alrededor del cuello -ese que una vez besé-.
Nos tumbamos en el borde de la escarcha, allí donde hibernan animales de hielo, donde el vaho es un lenguaje, un signo, un escozor de campanas a lo lejos.
Aquella madrugada cambiamos suspiros, contamos historias de nieve.
La verdad, no nos dijimos mucho, confidencias sin enjundia, con hueco tono de voz, quizás con miedo al roce de piel, de alma.
Luego ella se durmió bajo el manzano, la cubrí con mi jersey azul, su cabeza en mi brazo –qué ironía-.
Sentía su lenta respiración acompasada –acércate, ven-.
También me dormí, a su lado soñé que un endriago nos miraba.
Cantó el gallo, alboreaba., despertamos, se hizo de día, luego... nada.

(Y en el fondo, allí, mirándome, el remordimiento, el saber que hice mal, el error. No me perdono.)



22.2.09

El club de los poemas muertos.

Alargaba la mano y te tocaba.
Te tocaba: rozaba tu frontera,
el suave sitio donde tú terminas,
sólo míos el aire y mi ternura.
Tú moras en lugares indecibles,
indescifrable mar, lejana luz
que no puede apresarse.
Te me escapabas, de cristal y aroma,
por el aire, que entraba y que salía,
dueño de ti por dentro. Y yo quedaba fuera,
en el dintel de siempre, prisionero
de la celda exterior.
Antonio Gala.

De madrugada se nos empezó a morir el poema.
Una tras otra se borraban las letras de cada verso, se perdía el sentido, la esencia de la belleza, el poema desaparecía sin dejar estela.
Para intentar detener el proceso hurgamos en su interior, lo desmenuzamos como a un crustáceo, le añadimos cebolla bien picada, ajo, perejil y aromas de estragón.
Inútil, nada podía detener la descomposición silábica.
Tal era nuestro disgusto que en un desesperado intento de reanimar la voz, de rehacer el ritmo, nos metimos las palabras a la boca. Aún sin saber esos idiomas las declamamos en inglés, en euskera, en japonés, en ruso.
Miramos alrededor y a nadie parecía importarle.
Pero no nos resignamos, en un último y desesperado intento lo masticamos, nos lo tragamos, llegó a las tripas y... ¡alto ahí! el poema floreció, nos rompió el pecho y trepó por esta bitácora perdida en un rincón de esta red que nos tiene atrapados como a peces afligidos.




21.2.09

Alto



¡¡¡Alto!!!

(un respiro)

Anda, ¿no tienes otra cosa mejor que hacer?, vete al monte, a pasear, al cine, déjate de blogs, el sábado aún es nuestro.
Sal.


20.2.09

Diálogos para besugos.

Circulación

La solitaria muela de una puta
una muerta sin nombre
llevaba una corona de oro.
Las demás se habían desprendido
como por un secreto acuerdo.
Ésta la extrajo el sepulturero para sí.
Porque, decía,
sólo la tierra debe volver a la tierra.

Gottfried Benn (1886-1965) fue un médico ginecólogo especialista en enfermedades venéreas y de la piel. Su libro de poemas Morgue fue publicada en 1912 en Berlín.

Morgue, Gottfried Benn. ElGaviero y Zut ediciones. 2008. Trad. Jesús Munárriz.

(Gracias a Shandy por la información)



.- Buenas tardes. ¿Eres fiel?
.- ¿A quién?
.- Yo qué sé, a ti mismo, a tu pareja, a tus obligaciones, a tus creencias.
.- Sí.
.- ¿Nunca le has sido infiel a tu pareja?
.- Nunca.
.- ¿Nunca te has acostado con otra mujer?
.- Vale, todo este interrogatorio es para saber si me he acostado con otra.
.- Bueno, sí.
.- Eres un cotilla.
.- Tal vez, pero, dime, ¿nunca te has acostado con otra mujer?
.- ¿Antes o después de casarme?
.- Ah, ¿estás casado?
.-Sí.
.- Después.
.- No.
.- No te creo.
.- Es tu problema.
.- ¿Y Carmen?
.- ¿Cómo sabes tú lo de Carmen?
.- Sé más de lo que crees.
.- Carmen era solo una amiga.
.- Ya, pero te acostaste con ella.
.- No.
.- Anda…
.- Bueno, sí, pero solo una vez.
.- No te creo.
.- Va, dos veces.
.- Anda…
.- Cállate ya, muchas veces, fui su amante, varios años.
.- Empezamos a conocernos.
.- Y tú ¿por qué estás aquí?
.- Por asociación ilícita, cohecho, tráfico de influencias, blanqueo de capitales, defraudación fiscal y falsedad de documentos. ¿Sigo?
. – No, ya vale.
.- ¿Y tú?
.- Esta última vez por matar a mi compañero de celda.
.- Ya. Buenas noches.
.- Buenos días.


19.2.09

Una vieja canción.

Mi tiempo acaba
Y tengo que saber por qué no he sido.

(Guillermo Carnero).


Don´t they know it´s the end of the world?/ It ended when you said goodbye” – y Julio piensa que debe ser muy viejo o que está rabiosamente nostálgico, pero esa canción de Carpenters le está rompiendo el corazón. De una caja de cartón toma al azar, con delicadeza, una fotografía en blanco y negro. En ella una pareja se mira arrobada, sus manos entrelazadas sobre el mantel de una mesa. La boca, entreabierta, sugiere que se están hablando, ajenos a la cámara. La música continúa y Julio va a devolver esa instantánea al montón cuando un reflejo le distrae. Sobre la cabeza del hombre se forma un pensamiento que Julio entiende: está pensando en cuanto desea a esa mujer, en que quiere quitarle la ropa y amarla, allí mismo, sobre la mesa, como en una película italiana, apartar los vasos de un manotazo, levantar el mantel, extender el cuerpo de ella como para un sacrificio y amarla sin medida. El pensamiento salta ahora sobre la cabeza de ella y Julio escucha su miedo y su deseo; miedo a la brusquedad de ese hombre al que desconoce en esas palabras rudas, groseras, en ese brillo lascivo en sus ojos; también deseo porque quiere que le toque, que le acaricie, que le bese todo el cuerpo, tiembla de ganas.


Julio acerca esa fotografía a una bombilla, la mira al trasluz, y esas dos personas se convierten es seres cebolla. Levanta la primera capa de él y un tropel de inseguridad le corre por los dedos. Levanta la segunda capa y los gritos de un padre airado, con la mano alzada, se superponen a los lloros de su madre en un rincón. Levanta la tercera capa y todo lo llena los ojos sin lágrimas de un niño triste acostumbrado a que le peguen por lo que hace y por lo que no hace. Levanta la primera capa de ella y unas cicatrices brillan justo en sus muñecas. Levanta la segunda capa y una toalla manchada de sangre sobre una camilla transita por una clínica sin nombre, en Londres. Levanta la tercera capa y se inunda del asco y el miedo a ese hombre mayor que le lleva de la mano a pesar de sus gritos. La música sigue sonando y Julio no quiere saber más. Golpea el borde de la fotografía contra la mesa y dos años después cae un matrimonio, ocho meses después un hijo, trece meses después un divorcio.

Veinte años después ese hijo está frente a él y Julio no sabe qué decirle.
Para congraciarse le pregunta - ¿Te gustan los Carpenters? Con esta canción nos enamoramos tu madre y yo -.
Pero el chico le mira sin responder porque no es eso lo que ha venido a escuchar.
Y tiene los mismos ojos que ella.




18.2.09

Pura estadística.

Un poema:


Soy un puro sentir.

Un alma arrobada en el fervor.

Invisible por la luz.

Por tu luz. Se vuelve amor,

casi invisible, casi terrestre.

Ansiada forma, blanca.

Ilusión o milagro.

Queriéndote. Desolado.

Me guías y me elevas.

Tan sólo con tu voz. Serena.

Como un prodigio. De lejos.

Amándote. Con el torso

intacto, jubiloso.

(Carlos Penelas)

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Una opinión:

Los diez mandamientos, en tanto que "mandamientos", son una cosa del pasado, que refleja una concepción del mundo y de la convivencia que ya no son la nuestra. Ningún principio ético a priori, ningún imperativo categórico, sintoniza hoy con nuestra sensibilidad democrática y relativista. Como muy bien advirtió el filósofo John Dewey, los principios universales conducen siempre al absolutismo. Hay que entender la convivencia humana como un modus vivendi de permanente negociación y compromiso. Decía Groucho Marx: "Estos son mis principios, y si a usted no le gustan, tengo otros". El consenso sobre las normas éticas es siempre provisional. Me encuentro, pues, mucho más cercano a los utilitaristas que a [Immanuel] Kant. En cuestiones éticas, sociales y políticas los grandes principios resultan siempre sospechosos. La racionalidad es siempre relativa y limitada. Uno no cree, por ejemplo, que se pueda demostrar "racionalmente" que sea mejor la democracia que la dictadura, mejor ayudar a un prójimo que darle un puntapié. En contra de lo que pensaba Kant, la ley moral no está "en el fondo de nuestro corazón". En el fondo de nuestro corazón sólo hay perplejidad y vértigo. Nada de "mandamientos de la ley de Dios", por tanto. Quizá lo más "universal" que hoy se encuentra en el mercado sea la doctrina de los derechos humanos. Pero hay que revisarla permanentemente. Incluir, por ejemplo, el derecho que tienen tos animales a no ser torturados. Lo cual, por cierto, implica el derecho a la eutanasia voluntaria en el caso de los animales humanos. (Salvador Pániker)



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Un post:

Aquí aprendo cada día sobre límites y misterios, sobre quién lee y quién escribe, sobre lo que veo, lo que siento, lo que aprendo, lo que imagino, sobre capacidades y sobre bellezas varias -espíritu, alma, rostro, cuerpo, cielo, paisaje, enigmas y añade lo que quieras-, sobre personas sin nombre, sin rostro, sin otra identidad que la de sus palabras, sobre lo efímero y la constancia, celos, emociones en silencio, exacerbados comentarios, ella, yo, tú, nosotros girando en torno a quién sabe qué búsqueda sin final, circular, fugitivos de la rutina, infractores de códigos escritos por otros, por ellos, Davis y Coltrane con otros tres, el quinteto yonqui burlándose de convencionalismos y ¿ves? iba bien, pero he mirado alrededor y solo estamos tú y yo –gracias-.



Anda, vamos a tomar unas copas y dejémonos de escritos en clave menor, mañana será otro día.

(Ilustraciones: Kenton Nelson)


17.2.09

Contestador.

“Las preguntas que tuve que guardarme
por no encontrar espejo, pues ninguna
existe sin respuesta de otros ojos.

G. Carnero.


23.01
Hola, soy Gloria, no estoy en casa. Si quieres deja tu recado. Te llamaré en cuanto pueda.

(Clinc)

23.11
Hola, soy Gloria, no estoy en casa. Si quieres deja tu recado. Te llamaré en cuanto pueda.

(Clinc)

23.17
Hola, soy Gloria, no estoy en casa. Si quieres deja tu recado. Te llamaré en cuanto pueda.

(Clinc)

23.32
Hola, soy Gloria, no estoy en casa. Si quieres deja tu recado. Te llamaré en cuanto pueda.

(Clinc)

23.45
Hola, soy Gloria, no estoy en casa. Si quieres deja tu recado. Te llamaré en cuanto pueda.

(Clinc)

23.46
Hola, soy Gloria, no estoy en casa. Si quieres deja tu recado. Te llamaré en cuanto pueda.

(Clinc)

23.58
Hola, soy Gloria, no estoy en casa. Si quieres deja tu recado. Te llamaré en cuanto pueda.

(Clinc)

00.01
Hola, soy Gloria, no estoy en casa. Si quieres deja tu recado. Te llamaré en cuanto pueda.

(Clinc)

00.06
Hola, soy Gloria, no estoy en casa. Si quieres deja tu recado. Te llamaré en cuanto pueda.

(Clinc)


Gloria ve el número y siente miedo. Ha decidido dejar descolgado el teléfono. No sabe de lo que es capaz ese hombre. No se atreve a denunciarlo. Aún no ha hecho nada. Aún.


16.2.09

El post nuestro de cada día dánosle hoy.

«La experiencia no puede ser
comunicada sin lazos de
silencio, de ocultamiento,
de distancia.»

Georges Bataille*


Blog. En realidad aquí no importa demasiado qué dices, importa cómo lo dices, la capacidad de generar simpatía, empatía, los colores, lo externo, cascabeles. Web. Tiempo apresurado con exceso de oferta y poca demanda. Post. Oiga, mire, mire, mire, que lo llevo fresco, lo llevo madurito, mira, Mari, mira, toque, toque, toque, que lo llevo rico, rico, mira, Mari, mira. Zoom. Compra venta de mercadillo, zoco de alfombras con dibujos surrealistas, comerciales de bitácoras, escritores escribiendo lo que no se escribe, cómo no se escribe y encima los premios se los llevan siempre los mismos, trueques de despacho, cifras literarias, mentiras, nos engañan. Boom. Hay que quemar más púlpitos, hay que predicar al borde de la calle, en el asfalto, con los otros, con nosotros, con los que pueden contestar, rebatir, no me creo nada. ¿Qué pasa? Work. Tanto caminar desde hace meses y resulta que este es un sendero de aprendizaje, de purificación, de cuesta arriba, de miradas detrás de las cortinas, de comentarios que acarician y María Isabel. Nos faltan los olores, el sabor de una risa, el tacto de una espalda desnuda, un beso bajo el magnolio, pero nos iban a sobrar espaldas, nos iban a faltar labios, o magnolios, o tiempo para tanta soledad, tantas historias tristes, jo, que me cuentan cada cosa. Ping. Por cierto, que reivindico la alegría, ole la risa, riamos, total son cuatro días, estoy aburrido de caras tristes. Love. Y hagamos el amor (escribiría follar pero no tengo confianza, todavía) una cópula general, una orgía de lectores de blogs, una inmensa cama redonda de amantes sonrientes y gozosos, gozando (me pido la rubia), una actividad lúdica y barata, como correr por los parques pero sin zapatillas, o sí, oiga, usted a su bola, que hay gustos para todos (me pido la morena), eso sí, un poco de orden que a ese de verde le han sodomizado cuatro veces (ja, es un chiste antiguo), amor sin pudores de monja en convento burgalés, marea de amor de lectores inteligentes convertidos en amadores sin respiro (ay, con el respeto que te tenía y me he corrido como una tonta). Croac. Nada que estoy graciosillo hoy. Ole los que entran a Glup 2.0 (sin doble sentido), como decían los barquilleros “viva mis parroquianos”. Ja. Oye, que me ha gustado eso de la cama redonda gigante, de record mundial, los sensibles usuarios de blogs encamados en un acto de amor irrefrenable (pito, pito, gorgorito, me pido la pelirroja), los compulsivos devoradores de páginas desnudándose de sus alias, de sus nombres ficticios, quitándose el disfraz (tariro, tariro) a ritmo de estriptís, qué morbazo, tantos cuerpos exhibiendo su piel sin vergüenza, tantos tímidos abiertos al deseo ajeno, con números como en las charcuterías (perdón por la comparación), llevo el 7 y tengo cola (perdón, me refiero a fila, turno, que tengo x en espera). Plas. Querida lectora, querido lector, eso, que sigamos disfrutando de estos tiempos de crisis, paz y amor, nunca rencor, que los dioses acunen nuestras soledades, potencien nuestra felicidad, desordenen nuestras virginidades y que nos ayuden para que nuestras páginas no se conviertan en páramos sin liebres ni pajarillos. Vale, menos escribir y más direcciones de camas solitarias. Se admiten sugerencias. End (the)


15.2.09

Quam vellem nercire literas.

La nube se disolvió en neblina.
No neblí sino paloma,
un vuelo oscuro cae, piedra sin gravedad

(Vitale)


He vuelto a buscarme y hoy tampoco estaba. ¿Sabes? He comenzado a preocuparme. Después de mirar por los rincones, bajo las alfombras, en los cajones de los armarios, sé que no estoy. Quizás he salido y no he regresado, sigo de viaje, un viejo de viaje, merezco una reprimenda por no avisar, por provocarte con mi ausencia.

Cállate, espejo, quién te ha dicho nada, no me mires con altanería, tú no eres, yo ya no estoy, salí, con modestia, sereno pero firme, bye, fortuna dilapidada, durante una época fui nadie, ahora soy menos, invisible, no estoy, no soy, esta es una voz surgiendo de las sombras de lo cotidiano y dice que hay ausencia, alimento que envenena con efervescencia, ausencia.

Azogue, mientes, este que habla no soy yo.

(Se apaga la luz, salen los gnomos, desconectan los monitores, cesa el runrún de los ordenadores y las salamandras juegan en el fuego, a espaldas de la noche. No somos nada. ¡Querría no saber escribir!)


14.2.09

Escrita a mano en días aletargados


Escrita a mano en días aletargados, la historia esta del ser o no ser, ya puestos mejor somos ¿no?, agradecido a quién lee, maravillado en este baile de ideas y pensamientos, de emociones, comunicación, reflejo humano de los otros, todos diferentes, todos iguales, piedras, trigo, sauces, nubes con formas diversas, alegoría, cae el día en cenizas, dijeron que llovería pero no, hay un vago olor a nada, nunca he tenido nariz, ni olfato, pasan mujeres embutidas en vestidos de no vestidas, como delfines en una bañera, me comunico con gritos y guiños, subido en el andamio con una bandera enlutada, si pongo los brazos así es la A, si los pongo así es socorro, ayuda, que vengas, que no puedo, tan solo, el agua se detiene en los cristales pero no me fío, se me están llenado las esquinas de saudade, la tengo hasta en las uñas, ahora hago el pino -ya sabes, ponerse cabeza abajo- y el pesimismo me sale por las orejas, negro, denso se desliza por el pasillo, se estanca en las cañerías del fin de fiesta, para fiestas estoy que me levanté ayer y las piernas no me respondían, me mareé, é, que ahora me río pero me asusté, é, que estuve tumbado sobre un sofá en glorioso pijama, con mi velludo pecho abierto a la brisa mañanera, dudando entre ir a trabajar o quedarme acuclillado en mi hipocondría, recordando enfermedades pretéritas, el obligado insomnio en la UVI que no me atrevía a cerrar los ojos para no dormirme, que el miedo a no despertar es libre y crece como hongos blancos y alargados, que mudo de piel y salgo en alpargatas a dar volatines junto a la casa de la doña, aquella de la que me despachó con gesto de ángel vengador, el índice señalando el camino que bajaba desde el faro, en otro dedo relucía un enigmático anillo de oro, aunque de tenerlo nunca estaba, a un marido me refiero, así como sí tenía una falda de lunares de la que se desprendía con gesto decidido, un teléfono que guardaba bajo la cama cuando nosotros estábamos sobre ella (nosotros éramos ella y yo tumbados sobre la cama; otra posibilidad era que la cama y yo estuviéramos tumbados sobre ella, la doña, pero no, era muy clásica, además de tener un humor de perros malhumorados, no quería innovaciones, etc) que el amor acecha en los momentos mas oportunos, sin derecho a huelga se acerca con un zumbido por los sótanos del deseo, mientras uno pasea con las manos en los bolsillos de tantas miradas baboseando una cadera aquí, otra allá, que si esos brazos con la marca de la vacuna de la viruela, esos muslos que se mueven y mueven y tú ahí, caminando con la cabeza baja, ja, que el verano de acá coincide con algún invierno, mis calores con sus fríos y viceversa, que íbamos a comer y nos comíamos con la mirada, nos cortábamos con los cuchillos del deseo insoportable, que nos pinchábamos con los tenedores de tenernos, a pesar de todo(s), que la acostaba entre sábanas, como un lirio, quitaba su ropa con dedos de cirujano, apenas rozando su piel, prenda a prenda, date prisa –decía- que no me lo invento, que para según qué cosas no tengo imaginación, que la amaba de izquierda a derecha, como una lectura en japonés, de fuera a dentro, de arriba abajo, que la amaba con todo mi ser, con todo mi alma, con toda la inspiración que da el amor intempestivo, o sorpresivo, o quizás la amaba porque la quería, su cuerpo tan delgado que tenía miedo de romper sus huesos cuando me rogaba posturas concretas, que dejara mi peso sobre el de ella, que subiera a su frente, que besara sus pies, que se colgaba de mis caderas como un jinete desenfadado, descarado, entraba en ella, vivía en ella como un eterno condenado a lo sublime, ella era lo sublime que nos sentábamos en un banco del parque, sin mirarnos, hablando en susurros, alrededor perros, niños, palomas, árboles que nos daban sombra y pretexto para buscar lugares secretos, que la abrazaba contra la pared del canal, que pasaban los barcos y hacían sonar las sirenas, se acodaban los marinos en cubierta y silbaban, nosotros indiferentes, mimetizados en el paisaje industrial, enlazados por la risa, por el placer que nos dejaba la nuca vibrando, esa sensación de gusto en el trayecto de los pulmones al cielo, respirándonos, ale, vamos que nos vamos y así fue como me uní a los peregrinos que caminaban por senderos al borde de la memoria, con teas encendidas por caminos oscuros para ahuyentar el miedo a llegar por pura inercia, por seguir la huella de los bueyes, cantando para no olvidar el sonido de lo viejo, grabando letras en los árboles sin corteza, esquivando los pueblos y sus luces, ortigas en las piernas desnudas, el maldito recuerdo que aún no se deshuesa y se me clava dentro, me erosiona, camino, camino, pero ella, se me ha quedado el futuro tras las rejas, lorigado en el apodo trazo signos en el escenario, blanco, mímica, señas fragmentadas para que alguien sepa, ingenuo sueño sin ombligo, atónita lectura de los otros, disciplinada palabra cotidiana, perdido el paraíso, sobre la pretensión de metonimia vana dejo este apólogo, leve fábula escrita en un país de sordos –lo cuenta Oliver Sacks- o quizás en un reino de ciegos –lo cuenta H.G. Wells- sumergido bajo la superficie de nuestra diversidad aunque en tanto coincidimos, diferentes pero iguales, ni más ni menos, otros, atentos, este mundo se ha vuelto muy pequeño, me asombra la placidez poética de tantas páginas sin grietas, con lenguaje pausado, con limites educados, sosegadas, simples a veces, sin extremos, sin delirios, diálogos familiares, hadas que no se escandalizan, niñas disfrazadas de hadas, teoría de las hadas, cicatrices en la piel de las hadas, heridas, tantos Lewis Carroll mirando como esclavos desde la cornisa, territorio de lenguas húmedas, poemas herméticos ahora que las flores amarillas crecen en la conciencia, estamos inventando alfabetos, ahora que no hay infierno esta grabación se destruirá en cinco segundos, cuatro, tres, dos, uno. 0.

FIN

(Fotografías de toda la serie: Max Sauco.)

(los insectos, no)


13.2.09

Escrita a mano en días aletargados (5)

Ha venido tu lengua; está en mi boca como una fruta de la melancolía.
Ten piedad en mi boca: liba, lame, amor mío, la sombra.

(
Antonio Gamoneda)



...grabando letras en los árboles sin corteza, esquivando los pueblos y sus luces, ortigas en las piernas desnudas, el maldito recuerdo que aún no se deshuesa y se me clava dentro, me erosiona, camino, camino, pero ella, se me ha quedado el futuro tras las rejas, lorigado en el apodo trazo signos en el escenario, blanco, mímica, señas fragmentadas para que alguien sepa, ingenuo sueño sin ombligo, atónita lectura de los otros, disciplinada palabra cotidiana, perdido el paraíso, sobre la pretensión de metonimia vana dejo este apólogo, leve fábula escrita en un país de sordos –lo cuenta Oliver Sacks- o quizás en un reino de ciegos –lo cuenta H.G. Wells- sumergido bajo la superficie de nuestra diversidad aunque en tanto coincidimos, diferentes pero iguales, ni más ni menos, otros, atentos, este mundo se ha vuelto muy pequeño, me asombra la placidez poética de tantas páginas sin grietas, con lenguaje pausado, con limites educados, sosegadas, simples a veces, sin extremos, sin delirios, diálogos familiares, hadas que no se escandalizan, niñas disfrazadas de hadas, teoría de las hadas, cicatrices en la piel de las hadas, heridas, tantos Lewis Carroll mirando como esclavos desde la cornisa, territorio de lenguas húmedas, poemas herméticos ahora que las flores amarillas crecen en la conciencia, estamos inventando alfabetos, ahora que no hay infierno esta grabación se destruirá en cinco segundos, cuatro, tres, dos, uno. 0.

FIN


12.2.09

Escrita a mano en días aletargados (4)

“...concierto del deseo sin ataduras
ni sintaxis...

(Amalia Iglesias)


...su cuerpo tan delgado que tenía miedo de romper sus huesos cuando me rogaba posturas concretas, que dejara mi peso sobre el de ella, que subiera a su frente, que besara sus pies, que se colgaba de mis caderas como un jinete desenfadado, descarado, entraba en ella, vivía en ella como un eterno condenado a lo sublime, ella era lo sublime que nos sentábamos en un banco del parque, en un museo, sin mirarnos, hablando en susurros, alrededor perros, niños, palomas, cuadros, árboles que nos daban sombra y pretexto para buscar lugares secretos, que la abrazaba contra la pared del canal, que pasaban los barcos y hacían sonar las sirenas, se acodaban los marinos en cubierta y silbaban, nosotros indiferentes, mimetizados en el paisaje industrial, enlazados por la risa, por el placer que nos dejaba la nuca vibrando, esa sensación de gusto en el trayecto de los pulmones al cielo, respirándonos, ale, vamos que nos vamos y así fue como me uní a los peregrinos que caminaban por senderos al borde de la memoria, con teas encendidas por caminos oscuros para ahuyentar el miedo a llegar por pura inercia, por seguir la huella de los bueyes, cantando para no olvidar el sonido de lo viejo,...(sigue)


11.2.09

Escrita a mano en días aletargados (3)

He interrogado a la memoria y al camino
y al cielo turbio que coagulaba dudas.

(
Amalia Iglesias).



...sin derecho a huelga se acerca con un zumbido por los sótanos del deseo, mientras uno pasea con las manos en los bolsillos de tantas miradas baboseando una cadera aquí, otra allá, que si esos brazos con la marca de la vacuna de la viruela, esos muslos que se mueven y mueven y tú ahí, caminando con la cabeza baja, ja, que el invierno de acá coincide con algún verano, mis fríos con sus calores y viceversa, que íbamos a comer y nos comíamos con la mirada, nos cortábamos con los cuchillos del deseo insoportable, que nos pinchábamos con los tenedores de tenernos, a pesar de todo(s), que la acostaba entre sábanas, como un lirio, quitaba su ropa con dedos de cirujano, apenas rozando su piel, prenda a prenda, date prisa –decía- que no me lo invento, que para según qué cosas no tengo imaginación, que la amaba de izquierda a derecha, como una lectura en japonés, de fuera a dentro, de arriba abajo, que la amaba con todo mi ser, con todo mi alma, con toda la inspiración que da el amor intempestivo, o sorpresivo, o quizás la amaba porque la quería,...(sigue)


10.2.09

Escrita a mano en días aletargados (2)

Ármese una palabra en la boca del lobo
y la palabra muerde.

(Ida Vitale)


...que estuve tumbado sobre un sofá en glorioso pijama, con mi velludo pecho abierto a la brisa mañanera, dudando entre bajar a comprar el pan y el periódico o quedarme acuclillado en mi hipocondría, recordando enfermedades pretéritas, el obligado insomnio en la UVI que no me atrevía a cerrar los ojos para no dormirme, que el miedo a no despertar es libre y crece como hongos blancos y alargados, que mudo de piel y aunque llueve a mares salgo en alpargatas a dar volatines junto a la casa de la doña, aquella de la que me despachó con gesto de ángel vengador, el índice señalando el camino que bajaba desde el faro, en otro dedo relucía un enigmático anillo de oro, aunque de tenerlo nunca estaba, a un marido me refiero, así como sí tenía una falda de lunares de la que se desprendía con gesto decidido, un teléfono que guardaba bajo la cama cuando nosotros estábamos sobre ella (nosotros éramos ella y yo tumbados sobre la cama; otra posibilidad era que la cama y yo estuviéramos tumbados sobre ella, la doña, pero no, era muy clásica, además de tener un humor de perros malhumorados, no quería innovaciones, etc) que el amor acecha en los momentos más oportunos,...(sigue)


9.2.09

Escrita a mano en días aletargados (1)

Puse mis manos en un rostro y las retiré herido por el amor.
Ahora

el olvido acaricia mis manos.


(Antonio Gamoneda)


Escrita a mano en días aletargados, la historia esta del ser o no ser, ya puestos mejor somos ¿no? Agradecido a quién lee, maravillado en este baile de ideas y pensamientos, de emociones, comunicación, reflejo humano de los otros, todos diferentes, todos iguales, piedras, trigo, sauces, nubes con formas diversas, alegoría, cae el día en cenizas, dijeron que llovería pero no, hay un vago olor a nada, nunca he tenido nariz, ni olfato, pasan mujeres embutidas en vestidos de no vestidas, como delfines en una bañera, me comunico con gritos y guiños, subido en el andamio con una bandera enlutada, si pongo los brazos así es la A, si los pongo así es socorro, ayuda, que vengas, que no puedo, tan solo, el agua se detiene en los cristales pero no me fío, se me están llenado las esquinas de saudade, la tengo hasta en las uñas, ahora hago el pino -ya sabes, ponerse cabeza abajo- y el pesimismo me sale por las orejas, negro, denso se desliza por el pasillo, se estanca en las cañerías del fin de fiesta, para fiestas estoy que me levanté ayer y las piernas no me respondían, me mareé, é, que ahora me río pero me asusté, é,...(sigue)


8.2.09

Dos años.

Es como si todo eso lo hubiera escrito otra persona, como si no tuviera nada que ver conmigo.

(Lou Reed)



Dos años de este blog.

697 post.
Así.
Sin más.
Sin historias.
Lo que hay.
Si sí, sí.
Si no, no.
Muchas gracias.
A todos.
Un abrazo.



Y si lo que sé, no les sirve, no he dicho nada, sino todo.

(Neruda)


7.2.09

Carta de nadie

No, lo sé, no se puede sufrir tanto como he sufrido por Ella. También sé ahora que ya no importa, que no somos los mismos, que nunca hemos sido nada excepto una broma en las cenas, cuando se escarba en los pasados imposibles como un minero expuesto al grisú. Aún así me arriesgo, tanto, me acerco sin remedio, como un torero enajenado, de forma inconsciente, sin pudor, sin pensarlo casi, con una repetida sinceridad al pedir, al abrir mi corazón, al quedar expuesto todavía a los pitones de su comprensión, a su compasión, a quién sabe qué sentimiento, seguro que contrario al que quiero buscar. Porque no sé que quiero buscar, no sé qué fuerza me hace dar vueltas al redondel, no sé por qué me empeño en querer verla, en equivocarme así. Me paro, pienso que tengo demasiada edad para saber lo que debo y lo que no debo hacer. Pero es un intento inútil, pienso y las normas no existen, los límites siempre están más lejos y aquella carta de despedida la he leído tantas veces que las letras están borrosas, lo que dicen me redime, lo que no dicen me llena de sueños y saber cuándo la escribió me devuelve a la realidad, que es aplastante, demoledora, está el aquí y el ahora y vivir no es escribir y todo esto no es más que un absurdo que no lleva a ninguna parte excepto a disturbarme, a perturbarme, a que me mire a mi mismo como al bicho raro que siempre he sido, un saltamontes con corbata, una bestia parda sumergido en un arroyo de alcohol para evitar los mosquitos. Cuando lo advierto me paro, me leo, muevo la cabeza, me compadezco de mi mismo y decido si colgaré estas historias. Pero yo sé que sí porque los post de estos días han salido así y tengo la lengua muy larga, el corazón muy grande y eso que llaman amor ni siquiera sé si es esto o si sólo es una locura, una invención que dura demasiado tiempo, toda mi vida.



¿Entendido? ¿Sí? ¿Me lo puedes explicar?
La verdad, no sé qué demonios he querido decir últimamente.
Este es el blog glup 2.0 y a veces me salen estos ramalazos

“Lo que interviene en la relación de amor, lo que se pide como signo de amor, es siempre algo que sólo vale como signo y como ninguna otra cosa. O, por ir todavía más lejos, no hay mayor don posible, mayor signo de amor, que el don de lo que no se tiene.” Lacan.


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