Glup 2.0

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31.1.09

El indígena indigente.

En el fondo el olvido es un gran simulacro repleto de fantasmas. (Benedetti)

(Hola. Te estoy leyendo)

Abrí las jaulas, todas, alboroto de trinos, lluvia de plumas, tormenta de libertad chocando contra las paredes del viento de vivir. Salieron los pájaros por las ventanas del ya veremos, gatos en el alfeizar, mariposas amarillas para el contraste, niebla para contribuir al caos, el horrendo ruido de la ciudad, aves que no sabían volar.

Creo que yo tampoco sé volar -aunque lo intento-, demasiado peso en las alas, demasiados recuerdos. ¿Quién abrirá mi jaula?

Escribo esto, sin demasiado sentido, sintiéndolo, liberando otras impresiones, colores turquesas en el Caribe, arenas de documental de la 2, estrellas de mar en la retina, medusas en los manglares, fotos bajo el agua y ese soy, un bigote con burbujas en un verde limpio, en una colección para testificar que sí, que fue cierto y cierta es la lenta aproximación a la llamada de la selva cotidiana sin un Tarzán que grite de liana en liana cuando llegan los traficantes de marfil y sueños.

(Me gustan más tus cartas de amor.)


30.1.09

Georges Perec

Ya no eres el dueño anónimo del mundo, aquel sobre el cual la historia no tenía poder (...) tienes miedo y esperas. (Un hombre que duerme – Georges Perec)



Desaparecen blogs, con palabras de despedida, de disculpa a veces, con pena, con alevosía algunos, presentidos en la lenta deriva de los temas, el cansancio, la falta de eco, otras causas.

Ni siquiera doy los nombres.

Hay más, miles, millones, imposible leer tanto, asomarse a tantos escenarios. Pero aquellos, ah, aquellos, los que nos encandilaban, los que visitábamos una y otra vez buscando ese poema, esa frase, el ingenio, el cariño, la dulzura del escritor, la terca constancia de la poetisa que ponía a bailar a los demonios, que los disfrazaba con capas azul cielo, esos, ay, ya no responden a la dirección antigua.

Miedo me da que este cansancio de tanta lluvia preludie otras despedidas.



29.1.09

Grietas en la muralla.


Los jóvenes de ahora aman el lujo, tienen pésimos modales y desdeñan la autoridad. Muestran poco respeto por sus superiores y ya no se levantan cuando alguien entra en casa. Prefieren insulsas conversaciones al ejercicio y están dispuestos a contradecir a sus padres y a tiranizar a sus maestros. (Sócratres -siglo IV A.C)


Es jueves, me siento
ante tu puerta, te canto
y cuento, te digo que:

Oculto el rostro tras el abanico para ocultar los temblorosos labios que musitan su nombre. Aún así –tan quedo- sé que llego a ella.

Para que el corazón baile, cubro la estela de su cuerpo con pañuelos de seda e imito a su alrededor cantos de oropéndolas, murmullo de fuentes, rumor de sirimiri.

Vuela el ruiseñor, agito las ramas que disfrazan el lago, soplo a las estrellas, he vendido mi alma al diablo y, joven ya, espero la vuelta de la virgen descalza.

Este es un diario inútil de versos y besos no dados, de Ansiedad y Surrealistas notas a pie de página, fluir de Mariposas nocturnas mientras escribo, ejercicio tenaz y solitario, un abnegado movimientos de zanjas que se abren y cierran, no queda nada excepto un campo agujereado, yermo, paisaje lunaR sin luna, ella, a veces, leyéndome las líneas de la palma de la mano ¿leyéndome?



28.1.09

Hace ya.


El mundo se construye con ladrillos de eternas soledades
y en cada esquina, una pintada lo anuncia:
"por más vueltas que demos, los senderos siempre se pierden en el bosque”.
Buscamos en el otro la esencia de una compañía que luego, paradoja del hombre,
dejamos abandonada en cualquier acera.
Y seguimos buscando
haciendo soledades en cada nuevo plato,
porque somos silencio y sofá de noche,
y afán y fuego
y anhelo y alma,
y hoja seca. Y murmuramos para nosotros
cómo queriendo no decirnos lo que somos, porque somos silencio y sofá de noche.


(solo sé que se llama Pepa)




Hace ya

Experimenté...
Entonces...
Recuerdo...
Escuché...
Escribí...
Estuve...
Llegué...
Pensé...
Gocé...
Hice...
Bajé...
Subí...
Dije...
Amé...
Leí...
Era...
Fui...
Vi...

Y...

¿Ahora?...


27.1.09

Tú en Gata y yo en Finisterre.



Entre la piel y el alma hay una playa donde languidecen jardines que se ahogan mientras pasan los días –quién lo diría- incluso pasan los años y aún no estamos en foto fija, tenemos bordes, olores entre los dedos, miradas táctiles, química de antimonio y remordimientos, de ácidos delineando los contornos de la coincidencia, análisis de aceros o de mentes, minuciosa evaluación de carbono o de dolores, porcentajes implacables que dibujan y definen, oxígeno que respiramos desde las riberas, tú a un lado, yo a otro, la vida en medio con su carga de realidades, río implacable, sin sitio para peces soñadores, sin pescadores melancólicos, huraño el conductor de este autobús que me lleva a Finisterre, cunetas interminables con paisajes de bosques quemados, no hay espacio para la esperanza de lo verde, ya llegará la primavera mientras tu lucidez, tu disciplina, París y este tiempo de verdades – también tu conductor- te sitúan en el cabo de Gata, -ay, diciembre- lejos, estamos lejos, ya no somos y sólo queda aferrarse al faro y soportar el viento, ser viento, acariciar las rocas y gritar ahora que nadie me oye, inútil desgañitarse, es igual, la lluvia ha inundado los caminos de regreso, los caminos, no podemos estar más separados y esos corteses besos en la mejilla, cuando nos vemos, cuando nos despedimos, son una educada muestra del terremoto, un rescoldo del incendio aquel, la evidencia de tus piernas y las mías, evocación de tus muslos, generosidad de noches amándonos en un insomnio apasionado, cartas en el altillo, testimonio de cicatrices y tatuajes, toboganes encerrados detrás de la puerta, flores y cenizas, no recuerdo si te traje caracolas de mis viajes, si pinté tu nombre en algún mármol de Roma, si te herí de norte a sur, si aún vivo en el destierro de palabras huecas, si me perdí frente a la frontera de señales despintadas, si solo quiero quitarte la ropa, escalar el vacío de tu espalda, vestirte de suspiros y comerte como a una fruta, mujer manzana, beber tus jugos, fuente en una esquina de mis calles, morder tu resistencia y despeñarme en tu cuerpo de miel, anciana que miras y ves y ya no eres y cabeceas en esa barca sin remos, navegante de cala en cala de nombres curiosos, en las que no nadaré, en las que no me sumergiré, aguas prohibidas, azules, pastores de rebaños perdidos en esos desiertos, prestidigitador de palomas y pañuelos de seda, de voces en madrugadas de viernes, con resquicios de miradas ausentes esmerándose en la conciencia avivada, en la desazón del misterio fugitivo, trasbordos en trenes nocturnos, en estaciones en penumbra, en túneles sin final, no se pueden saldar las viejas deudas con suspiros, no me acostumbro a esta intemperie sin fin y todo se ha vuelto negro desde esta mañana. Dame luz.



(No sé como terminar.)


26.1.09

Desperté y sólo estaba el dolor.



Me acurruqué sobre la paja seca.
Cantaban las lechuzas.
Palpitaba el vaho de la tierra cuando se acercó aquel animal imaginario.
Sentí sus jadeos.
Toqué su lomo tibio.
Me miró con ojos de niebla.
Huellas transparentes, se perdían en el lodo sus pisadas.
Traté de seguirlo.
Desapareció entre los abetos.
Supe que era una premonición.

Desperté y sólo estaba el dolor.


25.1.09

Cumpleaños.

Descubro, demasiado tarde, que vivir en falso es no vivir, porque la memoria se niega a coleccionar los datos que contradicen el yo juvenil. Y, en horas de crisis, cada vez que queremos ser algo tenemos que volver al principio, lo único que recordamos. ( Ramón Buenaventura. .-. El año que viene en Tánger)


Hasta aquí hemos llegado, hoy es mi cumpleaños.

No me pregunten la edad, no tiene importancia (1)

Tampoco escarben entre el musgo de la nostalgia ni en capítulos que ya no, mucho menos se queden parados en el balcón con la que está cayendo.
Les sugiero que se disfruten, que escuchen música, que se tomen una copa de vino a mi salud (2), que desconfíen de las palabras bífidas, que sientan el privilegio de los amaneceres, que sean felices en el paisaje de lo cotidiano (3).

Ahí está el recuerdo de mis mayores que me enseñaron caminos que no han sido. Señalan un punto impreciso detrás de la montaña. Las yeguas del subconsciente pastan en sus praderas.

Después cruzo el río y está mi casa, capítulos, memoria, páginas en blanco, ahora. Desde la inundación hasta aquí hay un camino de imágenes y signos, de árboles y ruiseñores, de muertes y de vida.

Y el amor (4), enredado en las paredes del todo (5).

También en el recuerdo de los qué, no estando, están.

Ahora subo a O Cebreiro y miro a los valles, aún hay tiempo, aún hay tiempo, los caminos se pierden en la distancia.

Hasta aquí hemos llegado, hoy es mi cumpleaños. (6)


(1)¿Seguro?
(2) Les invito, claro.
(3) No hay mucho más.
(4) Que es, también, lo que mueve esta página.
(5) Y este todo es mucho, mucho.
(6) Pueden mandarme flores virtuales. Gracias.


Todos sabemos que nada ni nadie habrá de
ahorrarnos el final
sin embargo hay que vivir como si fuéramos
inmortales.

(Mario Benedetti)




When I'm Sixty-Four/Cuando tenga sesenta y cuatro años (McCartney)

When I get older losing my hair
Many years from now
Will you still be sending me a valentine
Birthday greetings bottle of wine

If I'd been out till quarter to three
Would you lock the door
Will you still need me
Will you still feed me
When I'm sixty-four

You'll be older too
And it you say the word
I could stay with you

I could be handy, mending a fuse
When your lights have gone
You can knit a sweater by the fireside
Sunday mornings go for a ride

Doing the garden, digging the weeds
Who could ask for more
Will you still need me
Will you still feed me
When I'm sixty-four

Every summer we can rent a cottage in the Isle of Wight
If it's not too dear
We shall scrimp and save
Grandchildren on your knee
Vera, Chuck and Dave

Send me a postcard, drop me a line
Stating point of view
Indicate precisely what you mean to say
Yours sincerely, wasting away

Give me your answer, fill in a form
Mine for evermore
Will you still need me
Will you still feed me
When I'm sixty-four

Cuando me haga viejo y se me caiga el pelo
Dentro de muchos años
¿Seguirás enviándome una tarjeta el Día de los Enamorados?
¿Me felicitarás el cumpleaños con una botella de vino?

Si no hubiera vuelto a las tres menos cuarto
¿Cerrarías la puerta con llave?
¿Aún me necesitarás?
¿Aún me alimentarás
Cuando tenga sesenta y cuatro años?

Tú también serás vieja
Pero si dieras esa palabra
Podría quedarme contigo

Podría serte útil, arreglaría los plomos
Cuando se fuera la luz
Tú podrías hacer punto junto al fuego
Saldríamos a pasear los domingos por la mañana

Cuidar el jardín, arrancar las malas hierbas
¿Quién puede pedir más?
¿Aún me necesitarás?
¿Aún me alimentarás
Cuando tenga sesenta y cuatro años?

En verano podríamos alquilar un chalet en la Isla de Wight
Si no es demasiado caro
Tendríamos que apretarnos el cinturón
Los nietos en las rodillas
Vera, Chuck y Dave

Envíame una postal, escríbeme unas líneas
Diciendo lo que piensas
Indica con precisión lo que quieres decir
Tuyo sinceramente, consumiéndose

Dame tu respuesta, rellena el formulario
Mía por siempre
¿Aún me necesitarás?
¿Aún me alimentarás
Cuando tenga sesenta y cuatro años?






23.1.09

Isabel.

Hambre

El kayac sueña con un mar abierto, sin hielos.
El cuchillo sueña rojo. En las frías estrías de rifle
del hambre no se abre ala alguna.
El arpón apunta a mi escuálida mujer
y ve una foca detrás de su arrugada piel.

Halfdan Rasmussen (1915-2002)-


Isabel, amanece poco a poco, que es bastante; te pienso mientras el todo terreno de J atraviesa el límite de la noche y nos trae de Santander.

Negra la mañana, sí, negra y peligrosa la autopista, con jirones de niebla. Miro y tú no estás a mi lado, pero detrás están V y ¿¡? (no sé cómo se llama) con los que he compartido el dichoso (y largo) curso de gestión documental. Hemos madrugado para llegar a Bilbao, al aeropuerto.

Conversamos de esto y aquello, discrepo de algunos planteamientos, para no llegar a una discusión intento dar un giro amable a la charla (aunque me fastidia renunciar a mis principios de trabajador, resabios de conciencia de clase, de mis ancestros, de otras luchas, puño en alto, barricadas, huelgas, carreras, coches cruzados, fuego, despidos masivos).

Cambio el tema y hablamos de los vascos (ellos son valencianos), de la vida aquí, de gastronomía, de trivialidades y me entra un sopor producto del movimiento del coche, de lo que he madrugado, de que prefiero pensar en ti y abro los ojos y estás a mi lado y Janis Joplin nos está chillando Try, jus a little bit harder y cambio a música italiana, acaricias mi nuca, te cuento que en el curso solo había una chica, Julia, que estaba a mi lado y era dulce y lista, pero que la miraba y solo veía tu cara, y que bien que hayas venido, acompañándome y dejas tu mano en mi entrepierna y me inquieto, me excito, acaricio tu mejilla, reímos, cambias el CD y Handel nos invade con su majestuosidad, tú comienzas a llorar dulcemente, sin ruido, se deslizan lágrimas por tu cara, caen a tu pecho, las busco, quiero beberlas, quiero sorber tu llanto y nos miramos, doy un giro de volante y salgo de la autopista, conduzco a toda velocidad por una sinuosa carretera vecinal ¿dónde vamos? –dices-, al cielo –contesto, y ahí, al fondo, brilla el cartel de neón, Hotel, el recepcionista nos mira, no, no tenemos equipaje, nos da la llave, primer piso, subimos, riendo, dejamos las gabardinas sobre una silla y nos abrazamos, tu saltas y me abrazas pasando las piernas por mi cintura, así, acrobáticos, nos besamos y besamos, riendo, no puedo contigo y caemos sobre la cama y cuatro manos se vuelven locas y se afanan en soltar botones, aflojar nudos de corbata, bajar cremalleras, quitar botas, zapatos, apaga la luz –digo, me miras, sueltas una carcajada y sigues tu tarea de quitarme la camisa mientras te bajo la falda y chocan nuestras cabezas, me muerdes, ay- grito- te hago cosquillas, te suelto el cierre del sujetador y lamo tus pezones oscuros, con delicadeza extrema, tan lento que mi lengua quedaría la última en cualquier carrera, estamos tumbados sobre la cama y aún nos queda alguna prenda encima, nos miramos y decimos a la vez, uno, dos y tres, estamos desnudos y nos miramos, nos arrodillamos sobre las sábanas y sin dejar de mirarnos a los ojos nos acariciamos justo con el último milímetro de los dedos, casi parece el roce de un suspiro, hace calor, o lo tenemos, paso la palma de mi mano por tus glúteos, busco el interior de tus muslos, te encoges levemente, se nos nubla la vista, espera –digo –salto de la cama y apago la luz, ¿dónde estás? –susurras- y me acerco, te busco , mis labios se pierden en tu húmeda intimidad, en tus labios que se mueven y mi lengua, de pronto, quedaría la primera en cualquier carrera y se mojan las sábanas de mi saliva, de ti, de nuestros sudores y me dices –ven- y obedezco y los dos estamos gimiendo como almas en el purgatorio e insistes, ven, ven y ya no puedo sino entrar en ti y perder el sentido, movernos como dos amantes que se conocen de siempre y darnos, ser uno, gozarnos, bañarnos de palabras dulces, gritas y digo –nos van a oír- y tú dices, -calla, tonto, no nos conoce nadie, sigue- y sigo y sigues, y estás sobre mi y aprisiono tu cuerpo entre mis brazos con dulzura y te sujeto las caderas, tus pechos, mi sexo en el tuyo, sobre ti, ven, colócate así, no te muevas, muévete, ay, espera, sigue, más rápido, más rápido y el coche ha patinado en una curva, despierto, los árboles pasan raudos por las ventanillas, ruidos en la carrocería, damos vuelta de campana, nos golpeamos contra el techo, las paredes, gritos, sonidos extraños, metálicos, luego silencio y al tiempo, mucho tiempo, demasiado tiempo, una cara asustada se asoma y solo puedo decirle ¿Isabel?, pero me duele, me duele tanto. No sé dónde están J, ni V, ni el otro, ese del que no sé el nombre. Todo está oscuro y tengo miedo. Ha comenzado a llover. Cortázar y yo ya lo hemos vivido antes. Duele.


Eh, ya hemos llegado. Cómo duermes, has roncado. ¿Quién es Isabel? Repetías su nombre. A las once tenemos reunión.


22.1.09

Habitante de las cuevas del Bierzo

Ven hasta mí, belleza silenciosa,
talismán de un planeta no vivido,
imagen del ayer y del mañana
que influye en las mareas y los versos;
ven hasta mí y tus labios y tus ojos
y tus manos me salven de morir.

(Pere Gimferrer)

(Hola, hoy también estoy aquí)

Uno –iluso- cree que se inventa. Lo que dice dibuja lo que es, quizás sin serlo, traza la silueta de su propio engaño y a la vez su realidad. Acercamiento positivo, tocar el brazo de aquel con quien hablas, tocar el alma de aquel a quién miras a los ojos, tocar el corazón de los que escuchan, de los que leen “te quiero” dónde dice “voy a encontrarte por todos los caminos”. Sin olvidar acariciar el cuerpo de esa persona tendida a tu lado, naufragar entre sus muslos, escalar su espalda, nadar en el mutuo deseo de ternuras y besos, de pasión hasta olvidar quién eres y ser ella (o él), uno sólo y ceremonia de volver a meter los pájaros en sus jaulas, trampas y lazos, gritar sus nombres debajo de las camas, engaños rojos para los canarios, silbidos verdes para los jilgueros, simulación de papagayos, alpiste para los colibríes que tocan con sus largos picos la superficie de la piscina en la que me sumerjo mientras pasa un jueves, perezoso y vacío de romanticismo, gris, con un cuchillo clavado tras la puerta, alegría para el viernes, cita en un café perdido entre calles, nadie nos ve, calla, no hables, dame la mano, dame los labios, nadie nos oye, sí, háblame al oído, dime lo que me decías cuando aún podía ver, ciego sin lazarillo cojo, sin medida, habitante de las cuevas del Bierzo, no, sopla la brisa, bandadas de gorriones se posan en los tendales, y un grajo, salgo a atraparlos con flautas y rumores, con mentiras. Luego saltó la cuerda del reloj y nos avisó que este es un tiempo de invierno, sin uvas, es decir, abróchense los cinturones que sigue la fiesta del frío. El verano aún está lejos (aquí).

(Prefiero leerte cuando te entiendo. Adiós)



21.1.09

De Roma a Burdeos.



Sobre los riesgos de una eventual subida de los niveles de nostalgia y su influencia en la salud mental.

Ah! cchi nun vede sta parte de monno
Nun za nnemmanco pe cche ccosa è nnato.
(G. G. Belli.)

Los últimos estudios en individuos de mediana edad demuestran un acusado rebrote de altos índices nostálgicos. La proliferación de reuniones periódicas de grupos de personas, afines o no, así lo demuestran, pero no solo eso. En efecto, después de analizar con detenimiento las reacciones epidérmicas y sentimentales de los asistentes a estos eventos hemos comprobado con sorpresa e inquietud un exagerado aumento de preguntas elementales dirigidas a sí mismos y a terceros.

Nuestro trabajo está encaminado a evitar esa confrontación fatal entre lo que es y lo que pudo haber sido, entre lo que no es y lo que fue. Se han dado episodios de evocación extrema, sequedad de garganta, casos de desprendimiento de recuerdos incrustados durante años, taquicardias, intentos de acercamientos corporales, alopecia, insomnio, calor en las sienes, incluso alcoholismo moderado y leve consumo de estupefacientes.

Durante el tiempo transcurrido entre Roma y Burdeos hemos realizado una serie de experimentos, básicamente con espejos, por la frialdad del material y por su sinceridad: dolía. Los hemos tapado con recuerdos que nosotros mismos hemos deformado y era más llevadero: dolía menos. Incluso nos hemos mentido a propósito y así los miércoles son tranquilos y los meses más cortos. Por su nula influencia en las estadísticas finales hemos desechado las pruebas e intentos de relaciones sexuales; de producirse se reflejarían en trabajos futuros.

Entre otras, hemos llegado con sorpresa a la conclusión siguiente: el tiempo, el implacable, el que pasó, solo una huella triste nos dejó. Esto, que podría ser el estribillo de una canción, que hasta puede que lo sea, nos instala en un escenario nuevo, es decir, que lo que es, es, y no hay más.
Dado lo anterior y, sin normas ni obligaciones, nos parece recomendable acudir puntualmente a estas reuniones, a la cita anual con el ginecólogo, con el dentista, con el que te mira la próstata, con todos esos amigos/as que estaban cuando estabas, con los/as que están ahora, aún, a pesar del tiempo transcurrido, o por eso.

Se aconseja, por último, no perder de vista que está pasando la vida y lo sabemos.

Abrazos.

(La siguiente en Berlín)



"C’est un trou de verdure où chante une rivière,
Accrochant follement aux herbes des haillons
D’argent ; où le soleil, de la montagne fière,
Luit : c’est un petit val qui mousse de rayons."

Arthur Rimbaud


(Dibujos: Sergio Mora)


20.1.09

Setas, Rolex y Burdeos


Es un chiste viejo pero viene al hilo.

Van dos aldeanos por el monte buscando setas.

Rebuscando entre las hierbas uno de ellos se encuentra un reloj de oro.

-Mira, Patxi, un Rolex.

-Déjate de cuentos, si a setas, setas, si a Rolex, Rolex




Pues eso, que he ido a Burdeos y he vuelto.
He estado a lo que tenía que estar.
No he escrito.
Mañana




16.1.09

A veces veo muertos.

A veces veo muertos. Y a ella. Cuando la veo me desbarata, me confunde, me arma, me desarma, arruina mi maltrecha calma, me deja como un jilguero desplumado al sol de invierno. A veces, ahora, escribo sobre lo escrito, palimpsesto inacabable, laberinto vuelto del revés, error a dos colores, equivocación constante. Si estaba en un penoso estado de transito, como un vagabundo bajo los álamos, desde el lunes he saltado la barrera de espinos, estoy al otro lado y no entiendo nada. Además sé que no se puede entender. Así vamos.


“Voy a contarte mi vida entera, esta vida mía que no empieza realmente, hasta el día que te vi por primera vez” Stefan Zweig.


15.1.09

Bitácora.

Más personas, escribiendo más, incluso leyendo, enredados en un mundo bitácora de sencillas conexiones, de implicaciones estéticas, técnicas, de afinidades emocionales, de tiempo recorriendo páginas llenas de ilusión, complicidad, inteligencia, dedicación, deseos de comunicación, soledad, amor, egoísmo, arte, líneas trazadas desde quién sabe qué punto interior hasta quién sabe qué mirada, curiosidad, conocimientos, aciertos, errores, simplicidad, complicación, erotismo, vulgaridad, belleza, mal gusto, interés, vacío, puentes, ventanas, agujeros, alcantarillas, nubes, sentimiento, necesidad, descripción minuciosa de actos sexuales, de actos sin actores, de cuerpos desnudos, sensibilidad estirada como los nervios de un felino, claridad del dibujo del alma, nítida lectura del subconsciente (ojo, sólo especialistas autorizados), delineantes del vacío, transmisión consciente de necesidades, búsqueda del yo, del otro, de espejos, de multitudes, tormenta, soledad (ya, ya sé que lo he dicho antes), fotografías explícitas de anhelos (generalmente señoras desnudas en poses naturalmente naturales. Pocos señores desnudos), dibujos borrosos de la zona oscura del cerebro, monumento a la egolatría, intercambio de saber, tristezas, pura bazofia, delicadeza, corazones de vidrio, damas románticas, caballeros pasados de vueltas, mujeres duras, hombres en una cornisa, personas en ebullición, personas maravillosas, humanos en conserva, jovencitos de ochenta años con portafolios, jubilados de quince años con cachaba, ancianos que van, niños que vuelven, ojos limpios, orejas cerradas, ojos con dedos, pulmones que silban, ojos táctiles, piernas bailando como Nijinsky o Gene Kelly, Jerry (el de Tom) o Cassius Clay, etcétera y Parker (Charlie), con músicas todavía sin componer, sin interpretar, ahí, en nuestros instrumentos instrumentándose sin parar, extraño mundo bitácora de personas sin rostro, sin nombre, sin olor, sabor, color, gusto, mucho menos tacto, gusto (ya), no sudamos, no roncamos, no estamos gordos, ni flacos, todos somos guapos, altísimos, rubios como la cerveza, riquísimos, estamos buenos a rabiar, siempre activos (o pasivos, según gustos) en este amigable compartir de mentiras, imaginación, caminos que se desvían, cruzan, que se pierden en horizontes lejanos (como la película), escritura con las dos manos, con los doce dedos, con la cabeza, tronco y extremidades, con el alma, calma, nerviosismo de palabras atropellándose, sabia exposición de pensamientos, poesía en calderos de brujos, poesía en redomas, frascos, adminículos varios, en conserva, en adobo, poesía cortada a tiras y puesta a secar, poesía sublime, versitos, relatos de cuando sí, de cuando no, de entonces, de mañana, de nunca, cuentos chinos, cuentos de cuentistas, arengas desde el pináculo, sermones desde el púlpito del pulpo, novelas inconclusas, novelas copiadas, robo de palabras con nocturnidad, alevosía, escalo, embriaguez, atenuante de viento sur, agravante de simplicidad, de complicación, de qué pasa, démonos fraternalmente la mano y sigamos unidos en esta comunidad sin reglas, sin socios, sin cuotas (¿seguro? y la ilusión perdida ¿qué?), sin normas ni prohibiciones, sin otra obligación que el límite difuso de la educación, las ganas de hacerlo (bien o mal es relativo, subjetivo, atrevido definirlo, el definidor que lo defina buen definidor será) con el convencimiento de qué –chicas, chicos, ánimo- en el centro, en lo íntimo, en la X de cada uno de nosotras, nosotros, lo estamos haciendo muy bien y somos unos fenómenos, buena gente, unos artistas (de la pista), muá, muá, nos besamos a nosotros mismos por los siglos de los siglos, amen. Que lo rompamos con salud.


14.1.09

El diario de.


Una mujer de mediana edad en un plano medio. Habla mirando directamente a la cámara. No es Penélope Cruz, ni Scarlett Johantson. Vestida con un sencillo traje blanco, de constitución robusta, sin maquillaje, con una mirada limpia. Dice- A mis cincuenta años espero a un hombre que me quiera por lo que soy, al que pueda darle toda la ternura que hay en mí, todo lo bueno que he guardado para compartir.

La presentadora pregunta- Carmen, ¿has tenido mala suerte en el amor?

No –responde- no ha sido mala suerte, ha sido mala elección por mi parte. Necesitaba tanto que me quisieran que siempre he buscado a los hombres más mentirosos. Ya ve usted que no soy guapa, nunca he tenido confianza en mí misma, no me sentía digna de amor…

La presentadora interrumpe –Carmen, Carmen, eres una mujer atractiva…

Perdona, bonita –le corta sin miramientos- he dicho que no soy guapa, no que fuese ciega. Pero a mi edad ya sé, ahora sé, mi belleza es interior, soy una magnífica persona y solo quiero encontrar a alguien que sepa apreciarlo así. Por eso he venido a tu programa y...

Muy bien, Carmen –dice la presentadora- pero en televisión, ya sabes, siempre estamos escasos de tiempo. Seguimos. José Ramón rompió con su novio por celos. Hoy ha venido aquí para pedirle perdón…

Y el programa sigue.

No ser amados es una simple desventura; la verdadera desgracia es no amar.
Albert Camus


13.1.09

Café Iruña.

Toda la vida es un pozo de soledad que va ahondándose con los años

(Juan José Saer)



Me siento en el café Iruña, junto a la ventana.

Mientras tomo a sorbos una achicoria demasiado caliente, anoto todo aquello que pasa, lo que no parece tener importancia. Personas anónimas, coches, autobuses rojos, un juez seguido de dos hombres altos con gabardina y gafas negras. Suenan las campanas de san Vicente. Este año aún no han venido los estorninos. Pasa un vecino del número 15, Isabel, niños, un hombre con un ramo de gladiolos, viento, bellas mujeres con melenas de colores que perfilan estelas perfumadas.

Corren los minutos con sus diminutas patas detrás de esta cortina manchada de azafrán.

Con incredulidad miro a una guapa joven que sonríe y me señala con el dedo índice. Me atuso los cabellos, me arreglo el nudo de la corbata, ¿es a mí? La joven se acerca, sus piernas, tan largas, llegan hasta el suelo. Intento levantarme con presteza pero noto un chasquido en los riñones. Ella dice: “Papá, es hora de volver a casa”. Saludo con el sombrero a los camareros con guardapolvos grises, dejo una generosa propina sobre el mármol y nos vamos. La bella muchacha, mi hija, me sujeta del brazo derecho mientras caminamos pasito a pasito.

Corren las horas de patas largas sobre el riesgo del olvido, de la incredulidad saliendo a chorros por mi cerebro con agujeros, del regreso al refugio insumiso.

Una anciana deja mendrugos de pan duro a las palomas. Un vagabundo dormita tumbado en un banco bajo la palmera. Ante la estatua negra de Sabino Arana pasa la indiferencia, una señora con una merluza en brazos y perejil en el sombrero, un dependiente de ultramarinos con una cesta en la cabeza, un gato blanco, una persona de baja estatura con boina y gabardina infantil.

Corren los días sobre una pista de atletismo sin atletas, todos duermen bajo las parras olímpicas.

Caminamos en círculo. “Adiós, don Pedro”, dice el concejal de Buenas Costumbres, un impostor. Entre mis piernas cruza un conejo con un pañuelo al cuello, le sigue un cazador con una escopeta plateada. Un globo aerostático se ha prendido del mástil de la ikurriña de Sabin Etxea. Comienza una lluvia de segundos y ceniza, nos refugiamos bajo el alfeizar de un establecimiento de empeños. De mi brazo, una hermosa joven me habla y habla con extraña familiaridad. No sé quién es. Llevamos horas de marcha, parece que nos hemos perdido. Las calles están desmayadas, sin nervadura. Las porteras nos tiran gorriones dormidos. Un rinoceronte/perro nos enseña los dientes. Me quedo solo en el centro de un laberinto. Grito.

Me despierto y estoy sentado en café Iruña, junto a la ventana.

Corren los años con largas zancadas acercándose/alejándose de la dama de negro que sonríe, desdentada, sobre la urgente geografía de una zanja.

Tomo un pacharán tras otro y anoto todo aquello que pasa, lo que no parece tener importancia. El alcalde sonriendo a diestro y siniestro, el mancebo de la farmacia de la esquina, una manifestación de un grupo de damnificados por no sé qué detrás de una pancarta de terciopelo, dos ciclistas, una señora con un sombrero audaz, Isabel, un político con sus amigos, otro político, de la oposición, con sus guardaespaldas, una nube de insectos verdes. Suenan las campanas de san Vicente. Dentro del juzgado se sientan Ibarretxe, Patxi López y viceversa. Una guapa joven me señala con el dedo índice. Me dice: “Papá, es hora de volver a casa”.

Todo es adrede, todo hace trizas el alma

(Benedetti)


12.1.09

▼ diciembre 2008 Desmemoria.

¡Qué lástima
que no pudiendo cantar otras hazañas,
porque no tengo una patria,
ni una tierra provinciana,
y una casa solariega y blasonada,
ni el retrato de un mi abuelo que ganara
una batalla,
ni un sillón viejo de cuero, ni una mesa, ni una espada,
y soy un paria
que apenas tiene una capa
venga, forzado, a cantar cosas de poca importancia!

León Felipe





Tanto caminar
arriba y abajo,
para volver
allí donde crece
la vengativa flor
del olvido.

La felicidad
es mi cabeza
en tus muslos,
un café,
Zelenka,
la lluvia
en los cristales
de una terraza, en Roma,
mientras inventamos
el amor.

No quiero olvidar
tu nombre.

Cuando salgas, anótalo
en ese cuaderno azul,
junto al teléfono.

Y cierra la puerta.



11.1.09

▼ noviembre 2008 Eunate.

“El camino es el tesoro”
(Viajes con Herodoto –Ryszard Kapuscinski)


Hay mucha nieve. Y frío intenso. Estoy aquí –digo- después de atravesar a buen paso pueblos navarros dormidos, desiertos antes de amanecer, girasoles secos clavados en las recias puertas de madera. El aquí es movible. Aquí, ahora, es la ermita en Eunate.

Viaje de búsqueda, simbólico, necesidad de encontrar otras ilusiones, otras voces, escuchar ecos, oír la nada, entrar en paisajes diferentes, fascinarme en cada cruce de caminos, verme, contrastar, conocer, mezclarme, liberarme de prejuicios, estar, sacar fuerzas en el cansancio, compartir, apoyarme en la bruma de la mañana, llevar piedras planas para enterrar a pájaros, no asustar a los erizos que huyen entre el rocío, saber que no se llega.
Entonces estaré ahí. O cerca.


“El fin es el comienzo. / Nadie me dice adiós. Nadie me espera.”
(José Ángel Valente)



Eunate está a unos 20 Kms al sur de Pamplona, en el valle de Valdizarbe, en la ruta que lleva hacia Puente la Reina.
La iglesia de Santa María de Eunate es diferente a todo lo que se había visto antes en arte románico. Las paredes octogonales de su nave, el claustro también octogonal, su posible fundación por Caballero Templarios, lo misterioso de sus orígenes, su ubicación, hacen de este templo algo especial, inquietante, que no deja indiferente.
La tradición invita al caminante, al peregrino -descalzo sobre el hiriente empedrado- a dar tres vueltas en derredor de la nave y luego, en el interior, situarse justo bajo la bóveda.

(Cuando estuve en Eunate sentí esa energía telúrica que dicen. Llegué escéptico y salí convencido).


10.1.09

▼ octubre 2008 Un día.

…Nada más trágico para quién creyó morir que una lenta convalecencia. Después de que el ala de la muerte te ha tocado, lo que parecía importante ya no lo es; lo son, en cambio, otras cosas que no parecían importantes o que incluso no sabía que existieran. El montón de todos los conocimientos adquiridos que gravita sobre nuestro espíritu se desconcha como una capa de pintura y aquí y allá deja ver la carne misma al desnudo, el ser auténtico que escondía... (André Gide)
Un día, sin saber cómo ni de dónde, recibes una carta con hojas secas, con cerraduras austeras, con pisadas de gacelas invisibles, con hiedra roja que viste de ilusión las paredes mustias.

Contestas.

Al poco llegan otras cartas con cantos rodados, con globos de helio golpeando el techo, con terrores planos en pasadizos sin final, con poemas envueltos en sal.
Contestas todas menos una.

Las cartas siguen llegando y ya es verano.
Contestas algunas y se acaba el año.

Un día llega el silencio, se sienta el silencio en la frontera azul de la garganta, al otro lado arde un fuego de banderas mientras el guardián nos mira con ojos de penumbra.

No importa cuántas puertas se abrieron, ni los paisajes, ni la diadema de algas en la playa, ni los perros del deseo ladrando sonámbulos sobre la ceniza.

No importa el sordo dolor de imaginar, ni la distancia de puentes levadizos, ni el milagro de andar sobre las aguas de cobalto y peces artificiales.

Importa el amor flotando ahí abajo, entre tantas palabras nadadoras, inútiles, húmeda certificación de qué todo aún es posible, esperanza insomne que cuenta estrellas.

¿Cuántas llevaré? (sin exagerar)


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