Glup 2.0

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31.3.09

Sé que no leerías un poema en mi funeral


Sé que no leerías un poema en mi funeral. No ahora. Tampoco dentro de treinta años.

Entre las violetas fui herido...

Un poema que se burlara del cielo y del infierno. Esas cosas no son habituales. No en damas como tú.

La deshora...

Sería un escándalo para mis amigos. Si aún quedara alguno vivo. Y para tus hijos.

Caído del caballo de la dicha...

Por eso léemelo ahora. Con voz queda. Luego me iré, despacio.

Y ella, suave, recita a Borges:

“Para siempre cerraste un puerta y hay un espejo que te aguarda en vano...”


30.3.09

Se ven los micrófonos.

Y aún espero tu voz:
telescopios abajo,
desde la estrella,
por espejos, por túneles,
por los años bisiestos
puede venir. No sé por donde.
Desde el propio prodigio, siempre.
Porque si tú me llamas
-¡si me llamaras, si, si me llamaras!-
será desde un milagro,
incógnito, sin verlo.

(Pedro Salinas)




Se ven los micrófonos, la trampa, no es la realidad, esos árboles están pintados, los pájaros son metálicos, las lágrimas son falsas, los gestos están forzados, la música es un plagio, la sangre no lo es, la muerte –incluso-tampoco es cierta, actúan, al terminar el plano se levantan los caídos y ruedan la siguiente toma.

Sin embargo, en ocasiones nos lo creemos.

Se ve el trasfondo, los alambres, las piedras de cartón, el oro falso, las sonrisas fingidas, los sentimientos simulados, las espadas de plástico, los gritos están grabados, las frases están inventadas por un arquitecto de la ficción, por un mentiroso compulsivo, el amor es de papel, nada es lo que parece.

A pesar de todo, a veces nos emocionamos.

No existen esos cuerpos, esos músculos, esos abdominales tan marcados, esos pechos desafiando las leyes de la gravedad, esos glúteos que parecen tallados por un orfebre celestial, esos gemidos al más mínimo roce, esos rostros devastados por el goce, esos orgasmos que explotan como estrellas en el confín de un universo ficticio.

El espejo nos lo confirma, pero el deseo trampea, altera el sentido común e incluso nos excitamos (vale, ya sé que tú no).

Puede ser que nos haga falta, que necesitemos un temblor ocasional, un atisbo de que aún es posible, no sabemos qué, pero algo, algo que nos conmueva, aunque sepamos que no, que nos estamos engañando, que una vez más nos estamos dejando llevar por la necesidad de una frase amable, de una mano en nuestro regazo, de una cabeza al otro lado de la almohada, de un te quiero musitado en nuestra oreja.

Con todo lo que llevamos detrás, con toda nuestra historia, con todas las ilusiones que hemos ido dejando a lo largo del camino, aún nos queda un hueco para la esperanza. (¿Es una pregunta?)

Pero se ve con claridad que el bigote es postizo.

Y los suspiros.


29.3.09

Gente de la Edad Media


GENTE DE LA EDAD MEDIA

- Robert Fossier


Publicado por Koenig


Interesante libro este, y atípico con respecto a otros libros sobre la Edad Media que he tenido la ocasión de leer.

Gente de la edad media es un estudio del hombre medieval. Esta afirmación, que puede parecer redundante, se sostiene en cuanto se explica un poco. Voy a ello. El autor, archivista y especialista en la edad media, parte del hecho cierto de que la mayoría de las fuentes, documentales y arqueológicas, sobre la Edad Media, se refieren a un sector minoritario de la población: la nobleza y el clero, tal vez también los grandes burgueses en los últimos siglos del periodo. Sin embargo éstos, al ser una minoría, no son importantes, no definen al hombre medieval. Fossier llega a decir, alto y claro, que el feudalismo ese con el que nos machacaron la cabeza en el colegio, y posteriormente, no es una institución tan importante. Nos dice que dentro del sistema feudal señor-vasallo estaban tan sólo la vigésima parte de las personas. ¿Qué podía importarle a un campesino del Lemosín que su señor fuera vasallo de uno o de otro si ello no cambiaba en absoluto su situación personal? El autor prefiere hablar de “señorío”, cuando estudia la Edad Media, y en este concepto sí se incluye el resto de la población: molineros, aguadores, labriegos, curtidores, buhoneros, soldados, talabarteros, etc., etc., etc. El hombre medieval, apenas mencionado en las fuentes, es objetivo último del estudio.

El libro habla de tiempos pasados, pero más que de Historia, que lo es, contiene un doble enfoque interesantísimo, y que lo hace atípico, como decía antes.

Por un lado el enfoque filosófico. Fossier estudia la forma de pensar del hombre medieval, comparándola a veces con la actual. Qué pensaba el hombre medieval de si mismo, de sus vecinos, de la fealdad como forma visual del pecado, del extranjero, especialmente de los infieles, de los poderosos, de Dios, del sexo opuesto. El bien y el mal, las obligaciones, el código de valores. Todo ellos cabe en este libro, que tiene como punto de partida la negación de la superioridad, bíblica, del hombre sobre la creación. Para Fossier el hombre no es mas que un animal, tal vez con ciertas dotes especiales que no son en absoluto de origen divino y que tampoco lo hacen, en muchos aspectos, muy distinto de los demás animales.

Y por ahí va el segundo enfoque. El autor nos enfoca su libro casi desde el punto de vista de la biología o de la zoología. Es como si estuviera estudiando un grupo de cebras, o leones, o de cualquier otro animal. Estudia el hábitat, las relaciones sociales, las jerarquías, las formas familiares, el sexo y sus costumbres, el desarrollo físico del animal desde su nacimiento hasta su muerte ¿Es posible que efectivamente el hombre medieval, y no sólo la élite, consumiera mas calorías diarias que el hombre actual y que la desnutrición se debiera mas a la mala distribución de estas calorías que la escasez? Esta idea y otras muchas se desarrollan, o no se desarrollan, en el libro.

Esta última afirmación me lleva a plantearme cómo está redactado el libro. La verdad es que mas allá de un índice bastante estructurado el libro da a menudo la sensación de ser como un río, una corriente, un monólogo en el que el autor va sacando los temas un poco mezclados a veces, saltando de una reflexión a otra con tal vez excesiva soltura. Hay aspectos en los que analiza y concluye, otros en los que da por analizado y no concluye, otros en los que acaba haciendo una serie de preguntas, en absoluto concluyentes pues no las responde y otros en los que reconoce que no sabe del tema, lanzando tan sólo el desafío a quien quiera reslver. En resumen, es como si el autor, sentado en la butaca de enfrente, disertara sobre sus temas favoritos.

Robert Fossier nació en 1927. Además de archivista y paleógrafo, es especialista en la sociedad de la edad media, tema sobre el que ha publicado una buena quincena de libros. Su primer trabajo trató sobre “La vida Económica de la Abadía de Clairvaux desde su Origen hasta el S XVI”, siguiendo “La Tierra de los Hombres en Picardía hasta el final del S XIII”, “Historia de Picardía”, “La Infancia de Europa: Siglos Xº a XIIº : Aspectos Económicos y Sociales”, “Historia Económica y Social de la Edad Media Occidental”, y “La Sociedad Medieval”, entre otros. Su carrera lo lleva desde el puesto de Conservador en la Biblioteca Histórica de París, a ser profesor en varios liceos y finalmente profesor en la Universidad de la Sorbona, recibiendo en 1971 la medalla de plata del Centro Nacional de Investigaciones Científicas. Sus investigaciones lo llevarán, por ejemplo, a resistirse a hablar de feudalismo, y a ampliar el término “incastellamento”, forjando el de “encellulement”, mas amplio.

Para terminar y volviendo al principio. Es un libro interesantísimo, desconcertante, revelador, transgresor, frustrante a veces, que mueve a buscar más y, según el autor, imprescindible, pues como él mismo dice: “A pesar de la convicción que manifiestan casi todos los historiadores medievalistas, estoy convencido de que el hombre medieval, somos nosotros”.

Opino. Como siempre.





Bueno, pues este “Gente de la Edad Media” es el libro que estoy leyendo.

Y estos otros dos los acabo de devorar en una semana y espero con ansiedad que se publique el tercero y último.

La canción de abajo me gusta. Y que Alonso haya quedado el quinto. Y que sea domingo. Me voy a disfrutarlo. Saludos.







28.3.09

Barquillero reincidente.


Seguro que a ustedes también les ocurre.
Saben aquel que va...

Ese momento de inspiración, que se te aparece la virgen del espino, escribes y es como si te estuvieran dictando al oído, que te dejas las tripas y el alma, que lo tocas, retocas, agotas tu léxico, tu corazón, lo dejas ahí y ese día, justo ese día, no te lee nadie. O alguno te escribe:”no me gusta el color de la cabecera” o “qué dibujo, chico, ¿es carboncillo?”.

Otro día que estás desganado, tonto, cuentas una anécdota que te parece leve, sosa, sin gracia. Y te leen de tantos sitios que tienes que poner turnos, que tienes que quedarte sin cenar para contestar.

Tengo un amigo de una amiga que me dice: “tu página está aburrida, ya no te comentan como antes. Apenas te leo, ha perdido gracia”.
Coño, pero ¿qué ocurre? el tema es lo que escribo o lo que me comentan.
Y sigue: “antes tenías quién te comentaba a diario, Paqui Lou, Magnolio, Mari Pili, Anónimo, etc
Se las conoce el tío. Me habla de los comentarios. Nunca de mis textos. Seguro que no los lee.
Joder que frustración.
Y no es el único.
Tengo otro amigo, Javi, este desde la infancia (tan cercana), que me habla de las fotos que acompañan a mis post, sobre todo las de señoras desvestidas. ¡Será salido!
Pero, bueno ¿tampoco me lee este? ¡Pero si es mi amigo del alma!

(Me refiero a este tipo de fotos)

Hay quién entra en la página y no lo reconocería ni bajo tortura (no sabe que conozco su I.P. y que puedo comprobar cuantas veces entra al día y a qué horas).
Quién me lee y me corrige:”tienes errores gramaticales” (los tengo ¿y qué?)
Quién me aconseja:”yo que tú escribiría sobre...” (ya, pero tú no eres yo. Y lo anoto)
Quién me ordena: “escríbeme un poema” (o un cuento, o una confesión, o las obras completas de Benito Pérez Galdós).
Hay japonesas que se cambian el nombre para comentar.
Hay un australiano que me lee cabeza abajo.
Y de África, me leen ¿entenderán algo? ¿Serán misioneros?
Hasta de Asia, no de todo Asia, no, de algunos lugares de Asia.
Suecos, alemanes, italianos, franceses, portugueses, de Andorra, etc, europeos.
América de arriba, del Centro, del Sur, americanos. Hola.

Te hace ilusión, que quieren que les diga, que así, gratis, un benefactor te deje un espacio donde colgar tus juegos de manos es una bendición. Que tíos más majos. Blogger, muá, viva las USA (o de donde coño sean).

Pero esto, con ser tan bonito, tiene un problema, grande, importante: hay que escribir, hay que llenar ese espacio cada día, o de vez en cuando, o a veces, una vez al mes, dejar cosas que interesen a una persona, a dos, a alguien. Que te lean, leches, que te lean.

Terminas rogando “me lee por favor” y “oiga, léame” y acabas con ”le he dicho que me lea, ya, ahora mismo”, que te emparanoias, que miras las estadísticas, entran diez personas y dices “¿para esto escribo yo?”. Que te cabreas y escribes peor. Los mirones entran, pasean y piensan:”que mal se expresa este pobre” y no vuelven. Y tú que ya te veías en el cortinglés firmando tus loshombresquenoamanalasmujeres te quedas con un palmo de narices, con dos, cierras la página y te dedicas a lo de antes, es decir nada, es decir televisión por un tubo (de sexo ni hablamos ¿no?).



Joder, joder, que dura es la vida de los blogeros, exblogeros, camioneros, transportistas de noticias, recogedores de albaricoques, chistosillos de profesión, camareros, tamborileros, flautistas, cuentistas, reservistas, caballeros mutilados portadores del carné oficial, vendedores de periódicos (uno llegó a presidente USA), limpiabotas, peluqueros, aceiteros, tranviarios, pintores de brocha gorda, cocineros, titiriteros, mercaderes de Venecia, lectores, traductores, informáticos, presentador de informativos en televisiones de área local, sexadores de pollos, individuos sexuados, asexuados, mi amigo el salido, Javi, habitantes de las grandes ciudades, de las pequeñas, ciudadanos afectados de sordera, de ceguera, de reuma, de migrañas, de dolor de ovarios (me refiero a ciudadanas), de dolores testiculares (me refiero ahora a ciudadanos), en estas cosas de las descripciones hay que especificar siempre ya que se forma una Asociación de Defensa de los Críticos Enfadados Permanentes (por ejemplo) y te hunden la carrera, que se manifiestan frente a tu casa con las pancartas y eso y, jo, que no te dejan ni dormir con las cacerolas y los pitos (me refiero a silbos), que chiflan sin parar los muy pesados y total para nada, que escribiendo no te haces rico (en general, trabajando no te haces rico) (y sin trabajar menos).

Puedo seguir, pero por hoy ya vale.
Qu`estoy contento en este sábado, ya veis, alegre. Que me dure.


Cuando era niño (uuuuuuuuh) se vendían barquillos en el Parque de los Patos.
Uno de ellos, Paco, llevaba una leyenda en el recipiente donde los guardaba (un cilindro de un metro de alto y unos 30 cms. de diámetro, pintado de rojo y con dibujos naif, llevaba con especie de ruleta dorada en la tapa que determinaba el número de barquillos que correspondían por tirada). Decía así “Vivan mis parroquianos”. Pues eso, que vivan. Y los míos. También.


27.3.09

Nefs / Rruh.




Para aquella niña del tren que llevaba un tocadiscos (o lo que quede de ella).

¿Quién controla el flujo? Llegan mareas o no llegan. Estoy en la arena aunque no soy un gladiador, no ahora, no quiero luchar contra nadie, subir más allá de mi estatura, trepar sobre ninguna espalda, no quiero tener en mi habitación el espejo de la madrastra de Blancanieves, no es mi intención llegar a ninguna meta, ni empujar, ni intimidar, ni ser otra cosa que lo que soy. Eso, únicamente quiero ser el que soy. Y, ya que estamos, plasmar las sensaciones y emociones que recorren mi ahora "En las concepciones populares de África del norte se habla que dos almas habitan el cuerpo: una vegetativa, nefs, y otra sutil o soplo, rruh. A nefs corresponden las pasiones y el comportamiento emocional, circula por la sangre y su sede está en el hígado. A rruh le toca la voluntad, circula dentro de los huesos y su sede radica en el corazón. Me gusta entrar a este espacio, me relaja, me libera de algunas de las sombras que pasean furtivas por la trastienda de mi cabeza. Es temporal, durará lo que dure. No quiero escribir un libro, plantar un árbol, quedarme embarazado, recibir halagos, ni que esta actividad me reste tiempo para otras. Además está claro como el agua que no tengo ningún afán de que sea nada más. Sí admito críticas. Y mira qué curiosidad espléndida: la unión de esas dos almas la simbolizan en el árbol-peñón como pareja. El árbol da sombra y humedad a nefs, pero es ante todo el soporte de rruh, que se posa en sus ramas como un pájaro. Neft está presente en el peñón, o en la piedra, y las fuentes que brotan son el símbolo de la fecundidad venida del mundo de "abajo". Vano intento de perdurar, esto no tiene ninguna importancia, es un pasar de los días mientras constatamos que no hay espacio para los sueños, que somos tantos, tan intercambiables, tan prescindibles, que da igual dos que doscientos, las magnitudes son otras, están en otra parte, aquí no se juega el partido, ni siquiera hay arbitro, ni reglas, ni más camino que volver por donde hemos venido. Pues eso, que voy de vuelta, pasito a pasito (y creo que estoy llegando, porque aquel niño del final deltunel se parece mucho a mí).


26.3.09

Uno y otro.

(Murakami)







C' est une chansonqui nous ressemble.

(Kosma y Prévert: Les feuilles mortes)


Desvelado, insomne, pensando en esto y aquello.

Me asomé al balcón, detrás de las montañas llegaba el resplandor del fuego. Habían dinamitado el puente largo.

Miré al negro cielo, brillaban la luces intermitentes de un avión, yo iba dentro.
Por la ventanilla veía la ciudad iluminada, al norte un incendio, el avión apenas hacía ruido, me adormecí.

Fue entonces cuando nos dispararon, flores rojas junto a las alas.

Desde el balcón escuchaba el zumbido de los proyectiles, salían desde el puesto junto al Casino.

Tuve miedo, abajo y arriba.
Julia me dijo “duérmete”.

En el avión solo pensaba en volver a los brazos de Julia.

Y así se fue la noche.

Ahora, camino del trabajo, no sé si el avión llegó.




25.3.09

De la supervivencia en el escenario.









Aquí estoy, mar,
ya sin máscaras,
quemando la pobreza azul de las fronteras,
como los verbos sin sueño que desunen,
y nos matan.

(Beatriz Hernanz)


Nos mienten, nos engañan, intentan atemorizarnos.

Dicen que el amor es un estado transitorio, que dura no más allá de unos pocos meses.

No es cierto, yo sigo enamorado de las tres mismas mujeres desde hace muchos años.

Dicen que el tiempo no existe, que es una unidad de medida desfasada, que solo hay ahora.

No es cierto, mis alas están ajadas, mis piernas gritan cuando corro por las riberas, cuando persigo a las mozas por los prados.

Se discuten amplias teorías sobre la crisis de la edad – la de los 20, 30, 40, 50, 60, etc-. A estas se une ahora la del aburrimiento, ay. La vida real, formal, se queda corta ¿Esto era todo? ¿Dónde estoy yo? Incluso, ¿quién soy yo? ¿En este me he convertido? Y reflexiones sobre el que era y el que quería ser, dónde soñaba llegar. Contrastes. Olvidos. Recuerdos. Sueños rotos. Inconformismo. ¿Me he vuelto autista? ¿Soy invisible?

Hay otras vidas. Descubrirlo nos llena de excitación, miedo, inquietud, nos atrae, nos agita, conmueve, asusta, nos llama con sugerentes voces, nos avisa, interpela, abre habitaciones oscuras llenas de susurros, invitándonos a entrar, ¿dónde?, esas inmensas puertas ¿a qué sombrío territorio nos conduce?, esas escaleras ¿a qué mazmorras guían?

Y aquí estamos, inconformistas en el bostezo, temblando de inquietud, con sensaciones nuevas que abren surcos, con mariposas negras en el estómago, desbordados, anegados de sueños.

Día a día os hago testigos de mis fantasías, de mis cicatrices.
Y cómplices.
Ya no sé cómo contarlo.


24.3.09

Me acobardó la soledad

....Me acobardó la soledad y el miedo enorme de vivir lejos de ti....


Debo escribir y las frases se atoran, se me encallan en una tarde triste de obviedades y renacuajos. Y no.
Quiero escribir y cierro y Glup 2.0 me pide un post y le ignoro y Sileno dormido a lomos de un asno.

Me he asomado a Rayuela - y van...-. Es como abrir un arcón de tesoros "Hablar de despertarse cuando por fin se está tan bien así dormido" y leo y me maravillo y "caminar por la noches de nuestra vida con la obediencia de la sangre en su circuito ciego" y, ¿ya no más desconfianza?, ¿no más miradas airadas?, ¿no más labios fruncidos?

Algún día, alguien nos verá abrazados frente a una playa, bajo un farol del Víctor, sobre un puente.
O verá nuestra mirada cómplice, la sonrisa, la alegre y plácida charla entre el bullicio de un Bilbao festivo.
Yo qué sé.
Quizás ese, y no otro, es el miedo.
Miedo a quebrar la confiada pregunta cuando regreso a las once. ¿Hace frío?

Pero si sabemos nadar en las tormentas, buscar el lado donde el sol se refleja y deslumbra, si sabemos buscarnos y encontrarnos en la luminosa estancia de vivirnos, los días estarán llenos de milagros, de fuentes, de miel en tus oídos y en los míos, de palabras como cuerdas transparentes y en la tertulia me habrán olvidado y no puedo sino escribirte, una y otra vez y enviarte frases como barcas entre las olas y llamadas a media mañana y añoro las alfombras y Mozart y "voy a besarte" abrió un mundo donde tú y yo tiritamos, estremecidos, enternecidos, agradecidos de ser uno y disfrutarlo, aunque tenga que romper mis teorías, mis viejas historias que tanto te molestan, mis citas a nombres perdidos, mi vana palabrería, mis contradicciones y esas sensaciones que te dejan mis números de teléfono , ahora que lo dices, es gracioso, eres trágica, eres tremendamente trágica, lo peor es que también eso me gusta de ti, y corro en la mañana para buscarte bajo la lluvia y sé que voy a encontrarte y acariciarte la frente y tus labios obstinados y ¿cuándo nos veremos?

Es atroz ese momento en que nos encontramos, solos, libres, nos abrazamos como quien se tira al agua, como quien encuentra a un pariente que vuelve de Argentina treinta años después, como quien tiene hambre o sed o furia de nuestros cuerpos abrazados, cálidos, tiernos, reconociéndose, gustándose, recorriendo cada esquina, cada pliegue, cada húmedo estremecimiento de tenernos.

Algo ocurre y nos tocó, no fue un ángel, por la huelga, las hadas se murieron, quizás solo fue el azar agazapado y la ventura qué, justo entonces, atravesamos esa calle, esa vereda donde viven los locos.

Te pienso sin descanso.




23.3.09

On ne peut pas ètre heureux tous le temps.

(Yahveh le dice, a Job)

¿Dónde estabas tu cuando fundaba yo la tierra?.
¿Quién fijó sus medidas?, ¿lo sabrías?,
¿quién tiró el cordel sobre ella?
...
¿Quién encerró el mar con doble puerta,
cuando del seno materno salía borbotando
...
cuando le tracé sus linderos
y coloqué puertas y cerrojos?
¡Llegarás hasta aquí, no más allá- le dije-
aquí se romperá el orgullo de tus olas!


Y sigue en un lenguaje poético y divino...



Pasa la tarde del domingo del regreso, con la sábana de la soledad tapando mi corazón que no sabe estar sólo, con tangos que canta Adriana Varela dejándome aún más triste, con silencio después, con recuerdos, con no querer salir a las calles ruidosas.

Lo sé, no sabría, no podría vivir solo, tengo demasiado dentro para compartir.

Ayer fue un sueño, Burdeos fue un sueño, tú eres un sueño.

Y yo soñándote.
Solo, triste, soñándote.
Quisiera oír tu voz.




19.3.09

Deseo.



Un día, en otro siglo, desperté.
Se me llenó el cuerpo de deseos nuevos.
Empezó en mi cabeza desde una confidencia, una mirada.
Desde entonces estuve con pensamientos oscuros.

Esto, que en sí mismo era novedoso, no hubiera tenido más importancia de no estar dentro de un proceso más amplio, dentro de una crisis, de un cambio, vivir para no morir, soñar para no dormirme, hablar para dar nombre a los demonios. También un despertar, un agitar los brazos para espantar los pájaros del tedio, para atraer a los fantasmas que atravesaban los pasillos de mis ansiedades.

Si me tumbo y busco en la memoria llegaría a la conclusión de que una cicatriz en la pierna de Ella (*) y la manera en que se produjo fue la causante. Pero si rebusco más, si consigo continuar en vela, sabría que curiosear por la rendija de sus deseos turbios, de su pasado amoroso, fue determinante.



Al principio, debo decirlo, me estremeció, me azoró conocer ese cuarto cerrado que ni sabía que estaba en mi casa. Cuando abrí la puerta me llené de curiosidades posadas sobre mis hombros, cuchicheando en mis oídos como duendes maliciosos, susurrándome actos que ni siquiera era capaz de concretar.

Y ahí estaba el misterio, no era capaz de hacer nada que pudiera ofenderla, pero era capaz de imaginar tantas cosas, antes inimaginables, que me dejaban gozosamente alterado. Hablar sobre ello, tratar de definirlo también era nuevo. Desde aquel día, en otro siglo, entraron muchas cosas nuevas en mi vida.



Jamás hubiera imaginado este deseo de llegar frente a Ella, mirarla, abrazarla con fuerza, besarla como si llegase de un viaje alrededor del mundo, sentir su boca cálida, su beso abierto, sus suspiros, decirle quedo que se quite la ropa, verla desnuda frente a mí, tímida, nerviosa, esperándome, tocar su cuerpo con tantos dedos como pudiera, recorrerla con la mirada, gustar de su figura, de su mirada que huía, de sus manos también buscándome, que me quitaban la camisa, que me acariciaban ya sin pudores, su voz llamándome, pidiéndome, hoy, mañana rogándome, pasado exigiéndome, siempre cambiante, siempre deseada, penetrar en su cuerpo como bajo el agua, entrar en la húmeda ansiedad del tiempo huyendo como un ladrón, como un amante que llega y se va, sin irse, pedirle que levante las caderas, que incline la cabeza, que suba sobre mi necesidad de darle un universo para ella sola, para su único placer, para que sepa que la quiero a ella, que en este momento es el único ser vivo en el mundo, en un mundo que se reduce a su cuerpo y al mío, juntos, abrazados, palpitando, temblando como alocados seres que no quieren separarse y ahí los pensamientos oscuros se volvían claros y ya solo estaba ella junto a mí, o sobre mí, o bajo mi ternura bañándose en sus continuos suspiros, en sus ojos que miraban y no miraban, en su cara transfigurada y le pedía ver su espalda y dejaba mis manos en sus caderas magníficas y explotaba la luna y desde ahí ya solo nos quedaba esperar el tren de vuelta, el último viaje que nos devolviera a otra realidad, a otro planeta donde la gente reía o lloraba o estaba tan seria que no merecía la pena volver y sin embargo volvíamos.


(*) En el mundo de Él siempre hay una Ella.

Y viceversa.

Y si no, no.


18.3.09

Herida.



A la estéril fuente del recuerdo
entraba la luna a cuchilladas,
abriendo los ojos de la noche,
un manantial de luz derramada.

Transparente se tornó la memoria,
mudos los mirlos, campos blancos,
árboles quietos -¿eran álamos?-

En la ebriedad incesante, solitaria,
dije la palabra exacta -vuelve-.
Y la herida se cubrió de rosas.


17.3.09

Análisis.


.- Juan, me han llamado de la clínica Paz. Tengo que pasar el martes para repetir los análisis.

.- ¿Si?...

.- Tengo miedo.

Y se abrazan.
(Ilustraciones :Nedko Solakov)


16.3.09

Carta del amante balsámico.

Los días que tú cuentas tiene el mundo:

pues cuando tú no estabas, ¿qué de real había?

(Alfonso Canales)



Amada mía, quisiera ser bálsamo sobre tu piel, ungir tu cuerpo suavemente con densos líquidos que disuelvan esa tristeza que te viste, casi imperceptible, delicada como una invitada educada pero no deseada, esa sensación que tú, estudiosa de ti misma, quieres atrapar y etiquetar, rotular, saberlo y ya. Pero no, porque también temes que mi peso, a veces grato, se convierta en lastre para lo que te guía, te mantiene, te sostiene, te impulsa, es lo tuyo, no te reconoces y una fuerza se superpone a otra, demasiadas cosas ilógicas en tu reino lógico.

La nave va si recuerdas mi sonrisa y mi voz -lo que tú sientes como mi voz- acaricia esos filamentos hambrientos del interior de tu pecho. No hay olas, no las ves, se deslizan por tu quilla, inofensivas, invisibles. Pero si una pluma fría, solo una, cae sobre tu vigía atenta, siempre encaramada en la frontera, entonces, ay entonces, los ejércitos de la tormenta se alborotan, se levantan en armas las normas que siempre han servido -¿o no han servido?- y se debilitan los cimientos con la humedad, dudamos de los oasis y los escarabajos del cambio te muerden los dedos del alma.

Hay realidades simbólicas como la ausencia de alfombras, la coincidencia de fechas, la inquietud del cambio, transgredir la rutina tan nuestra, pero un perro que no nos da miedo aúlla, y con él su propio miedo, y solo puedo enviarte mis cartas que tratan de ser diferentes, mis sentimientos, que tratan de ser los mismos, mis caricias y besos, que tratan de ser balsámicos para tus otras necesidades y que yo, pobrecito, no puedo o no sé o no debo, proporcionarte.

Al despedirte me llamas amigo. Sería un tanto sarcástico que acabásemos siendo amigos, hasta cruel. Me rebelo, respeto demasiado la palabra, no soy digno, lo siento, me pesaría como una losa. Puedo ser un mal amante pero no podría ser un mal amigo.

Pero, tú, oh cariño, reina, amor mío, mi dueña preciosa, mi corazón delicado, mujer diferente y bella, no leas esto como si fuese un catecismo, una verdad absoluta, dejo fluir mis palabras y las escribo instintivamente, sin pensarlas dos veces, no las adorno, me salen solas, no las releo, reflejan el ahora, siempre etéreo, siempre flotando entre el antes y el luego. Aún así, también van impregnadas de ese bálsamo amoroso que quisiera extender sobre tu cuerpo inmóvil, gimiente de placer, sobre una sábana blanca, nívea, con toda la luz entrando por la ventana, con la música que más nos guste acompañándonos, meciéndonos. Y te beso, conflicto.


15.3.09

Pablo Guerrero


(Escúchalo aquí)

Dragones negros.

Las nubes proyectaban
sobre los llanos
dragones negros.

A ras de los viñedos
unas cigüeñas
abrazaban la soledad del aire

Yo poblaba mi soledad
sintiendo en mí el abrazo
de los recuerdos.
Las nubes proyectaban
sobre los llanos
el silencio y la amable sensación
de que tú también me sentías
allá en lo hondo, al recordarme

Pablo Guerrero



Un juego
(Click aquí)



Fuego amigo en el Vaticano

La soledad del Papa por la crisis de los lefebvrianos llena de sombras su pontificado


MIGUEL MORA - Roma - 14/03/2009 (El País)


"El Papa no está solo. Todos sus colaboradores más cercanos le son lealmente fieles y están profundamente unidos a él". El desmentido lanzado ayer por el cardenal Tarcisio Bertone, número dos de Benedicto XVI y secretario del Estado vaticano, no deja lugar a dudas. Recuerda las coletillas que se usan en situaciones excepcionales o desesperadas, en golpes de Estado por ejemplo. Así están las cosas en el Vaticano. A casi dos meses vista del estallido del perdón a los obispos lefebvrianos, -incluido Williamson, el que se empeña en negar el Holocausto- el Papa ha caído herido por el intenso fuego amigo.

"La Curia está en desbandada y él sigue encerrado", según Marco Politi
Se le reprocha no haber pedido a los obispos su adhesión clara al Concilio II
Dentro de la Iglesia "se muerde y se devora". Ése es el insólito mensaje que Ratzinger envió a los católicos en su ya histórica carta a los obispos de todo el mundo, que fue conocida el miércoles, un día antes de lo previsto, gracias a una nueva filtración de la curia, en la segunda fuga de información de las últimas semanas.

Usando palabras medidas, pero más íntimas que nunca, el frío Papa alemán se desnuda ante el mundo con una sinceridad nunca vista, tanto por el tono como por el contenido. Ratzinger no se queja de las críticas de laicos y judíos, al revés alaba "la ayuda de los amigos hebreos", hace autocrítica y admite errores de comunicación, pide perdón por no usar más Internet, se confiesa lacerado por la actitud beligerante de sus propias ovejas. El enemigo en casa: "Odio sin temor ni reserva", "hostilidad lista para el ataque".

La crisis que revela la carta es gravísima. El estado de ánimo del Papa, más que triste, profundamente solo y decepcionado, llena de sombras el presente y el futuro de su pontificado. Cuatro años después de su elección, "la curia está en desbandada y el Papa sigue encerrado en su palacio", escribía ayer Marco Politi, vaticanista de La Repubblica.

L'Osservatore Romano, el órgano de la Santa Sede, se atreve a definir las críticas católicas al Papa como "el mayor escándalo de los tiempos recientes", pone el adjetivo "miserables" a las fugas de información, habla de "manipulaciones" de la curia y recuerda al equipo de Gobierno que es un "organismo colegiado que tiene un deber de ejemplaridad".

El Papa desvela más: dice que ese clima de guerra civil, ese descontento, estaba latente, y ha salido a la luz del sol aprovechando el escándalo global creado por el perdón de la excomunión de los lefebvrianos. Un gesto magnánimo hacia los preconciliares, que quería ser de "discreta misericordia" y que se justifica en la virtuosa necesidad de unir a una Iglesia en crisis, es aprovechado por sus adversarios para "morder" y provocar una división aún mayor.

La revuelta parte de los grandes episcopados europeos, todos ellos muy sensibles a la cuestión judía (Alemania, con la sublevación de 60 teólogos; luego Austria, más tarde Francia y Suiza). Los críticos reprochan al Papa sobre todo una cosa: que no pidiera de forma preventiva a los lefebvrianos una adhesión clara al Concilio II. Ésa es la sustancia de la controversia, casi oculta tras la bomba mediática de la entrevista a Williamson en la que el obispo lefebvriano negaba el Holocausto. Lejos de ver en la decisión un futuro de unidad, muchos obispos juzgan como una involución el generoso trato ofrecido a los cismáticos. Una vuelta a un pasado oscuro y cerrado. Como dice un jesuita español destinado en Roma, "el concilio es la Iglesia; sin concilio no existimos".

Dentro de la curia -los cientos de obispos y cardenales que llevan la gestión diaria de la Santa Sede desde una treintena de congregaciones, tribunales, oficinas y consejos pontificios-, las lamentaciones son de otra índole. La principal es que un Papa como Dios manda no debe dar nunca marcha atrás. Y Benedicto XVI lo ha hecho dos veces en un mes. En Austria, al revocar el nombramiento del obispo auxiliar de Linz, el ultraconservador Gerhard Maria Wagner, ante el clamor suscitado en el país. Y en Roma, al conceder el perdón a los lefebvrianos y congelarlo luego.
Además, están los síntomas de guerrilla, la disfuncionalidad general en la gestión, las torpes prácticas de comunicación, el hielo entre el cardenal Bertone y la curia. Y a eso se suma el aislamiento del líder: la abstracción del Papa -ahora remata su primera encíclica social y la segunda parte del libro sobre Jesucristo-, la ausencia de un equipo con el que contrastar opiniones, la falta de una línea de mando, la escasez de cardenales fieles.

Caben en una mano: Bertone; el sucesor de Ratzinger al frente de la Congregación para la Doctrina de la fe, Joseph Levada; el nuevo responsable del Culto Divino, Antonio Cañizares; y Grocholewski, que se ocupa de Educación Católica.

Entre los demás, el deporte favorito es comparar a Benedicto XVI con Juan Pablo II. Inagotable tema de conversación en la curia, la nostalgia de los buenos y no tan viejos tiempos. La verdadera cruz de Ratzinger, bastón doctrinal de Wojtyla durante 20 años, es Wojtyla. "Él no tiene su carisma, no tiene su capacidad de llegar a la gente, no tiene su visión política. Vive apartado del mundo", resume Sor María, monja genovesa, profesora en un colegio de Roma.


14.3.09

Carta del amante en la Luna.

"En mi alegría de colección hay dos imágenes más. Una está siendo: es este trozo de vida en el que armo mi casa nueva y enumero, aquí el sillón, allá los libros, donde asoma el balcón un filodendro y pasando la luz el hombre que quiero, en la semipenumbra de nuestra mejor hora, cuando cae la tarde y mi rincón empieza a ser el nuestro. Esta imagen –doble sin alcoholes ni mareos– me conjuga, me declina y hace dos de cada sueño: en sus brazos reverdezco.

"La otra no ha sido todavía: me espera, redonda como un queso, más adelante. No sé su nombre ni sus señas. No tiene forma ni colores definidos. Es una estrella a futuro, una maravilla aún ajena y secreta, que dibujo mientras ando y anticipo puntual y cumplidora. Vendrá, seguro. Porque eso es lo mejor de la alegría: siempre manda emisarios, pistas, gestos, monedas de luz, carnavales... Y refuerzos". ("Libre como un pez", Raquel Garzón)



Querida selenita, si tú o yo fuéramos enanos nuestros seis ojos estarían a la misma altura, porque no nos miramos desde fuera y esos otros ojos no distinguen de estaturas y me apasiona tenerte ahí delante con tu daga afilada, sí, con tu hambrienta ansiedad de verdad, con tu determinación de no dar un paso atrás en aquello que crees y me refugio ahora en ese cálido recuerdo de tu voz mimosa, en ese lujo de tu mirada y el hilo que sale de ella conectando con ese universo oscuro en el que entro tanteando con un candil en la mano, atónito y entusiasmado, indefenso y maravillado y nunca pienso que mis palomas se han equivocado, que se han internado en el reflejo de mares que no hay y allí vuelan sorteando el mordisco de los hambrientos peces azules de la tristeza, de las traicioneras olas de una resaca imaginaria, porque el silencio nunca se ha hecho dueño de mis manos y esta escotilla se llena continuamente de risas, de imaginación, de rumores y gritos, de pasión desde y por ti y no hay sitio para las cortinas de la apatía, de la rutina, del aburrimiento.

Ocurre que aquí no hace frío, no hay tiempo, y caminamos ensimismados por lo cotidiano, el amor, ya sabes. Ocurren maravillas, arde el cielo y una cama, aparece una estrella en el horizonte, unos ángeles con escafandra duermen sobre regalos brillantes y tú misma estás atada por lazos amarillos.

Eres tan diferente, tan nueva, tan rica, tan variada, tan intensa, tan para leerte de corrido o entre líneas, tan de cebolla, de chocolate, de aceite, de olores de romero, de canela, eres una mujer tropical, que sí, no discutas, mira, yo no quiero saber todo, no te quiero cambiar, no me cambies, si yo ya sé, o no, déjame disfrutarte, sí te acepto a ti, como eres, con lo que eres, mujer, madre, abuela, esposa, hija, hermana, exigente, imperiosa, eres un poco trágica, bella, una mujer apasionada, apasionante.

Ay, mi lunática querida, me invitas a saltar a tu ribera sin saber que soy un explorador incansable; me animas a entender sin saber que siempre he entendido, que sé, que no quiero saber tanto, que bastante me asusta sentir tanto, tanto, tanto; me sugieres que empuje con fuerza mis sueños y no sabes que soy Sísifo, arriba y abajo y nunca llego, por suerte, y la vida es esta apasionada carrera en la que no alcanzamos la cima y luchamos y gracias, mi querida excéntrica, siempre nueva, siempre otra, deseada, sensibilidad y maestría, belleza, inteligencia y ternura, persona que debería estar en el número uno de la lista para mejorar la manera de decir, para aprender de su fondo de humanidad, profundo, y ya, que se te colorean las mejillas y eso suele preceder a explosiones en la superficie lunar, en tus palabras que raspan.

Claro que te recuerdo, no solo ahora; claro que me gustaría compartir contigo más tiempo esta pasión y piel, dulzura, noches interminables, conversaciones, confidencias, esa voz tuya que me embriaga, tan dulce como el moscatel de Chiclana y este amor que dura a través de los días y días, fíjate, llegó el cambio de fase y parecía que el mundo, ese de ahí abajo se iba a derrumbar, iba a convertirse en cenizas y humo y no, y seguimos a pesar de tu falta de imaginación, de que me borro cuando te vas, de que soy, me has convertido, en un hombre tan tolerante, tan comprensivo, tan enamorado, que lo soporto con una sonrisa en los labios, que lucho por ti a brazo partido, que me expongo como un torero a ser embestido, corneado, arrollado, contusionado por tu bravura de principios, por tu casta de mujer fuerte y débil y sé que si te abrazo, que si ahora nos abrazamos no harán falta tantas palabras, que sabremos, que escucharemos este rumor de río crecido que nos transita y agita.

Si algún día no puedo ya llamarte, mujer de la luna, me cortaré la lengua, ¿para qué la quiero ya? Si algún día cambia tu mirada me tiraré al agua y ya no me verás, un hombre submarino, viviendo con las sirenas que antes me cantaban en las rocas, para siempre. Pasarán otra vez treinta años, pasará la vida y tú sabrás, lo sabes ahora y amor, tengo tanta pasión aquí en mi pecho que no sé cómo no te quemas, como no ardes junto a mí, mariposa de otro planeta, pájaro, golosina, mujer de cuerpo entero que me das tanto y tanto, que me has abierto una puerta por la que se me han colado tantas maravillas que estoy así, ciego, deslumbrado, llévame de la mano, guíame pero no te olvides, enséñame pero sin olvidar que con este frío en el país se multiplican los apagones de luz y las velas, como antes, el candil que te dije y no quiero decir nada que no sea te quiero, amor extraterrestre, mi vida, mi pasión, distraída o atenta, como quieras o puedas, tu balanza, tú ya sabes, tú sí que sabes, yo estaré aquí, puntillosa, formalista, tú, como eres, te enviaré fotos, un póster a todo color de tamaño natural, si aparece “otro” le mataré, lo sabes, a los chicos de barrios extremos nos quedan estos resabios antiguos, si aparece “otra”, ¿qué harás?, tú, tan modosita, tan juiciosa, tan digna, o por eso. Pensándote, escribo pensándote, no busques interpretaciones extrañas, digo exactamente que estoy pensándote. Y te lo escribo. Para que lo sepas y lo leas, para que respires entre nave que llega y nave que va -sé paciente- para que te alegres o te enfades, para que sepas, por fin, que solo no soportaría que no me supieras, que no, que puedes dejar de quererme, olvidarme, borrarme de tu recuerdo, no me importa, lucharé, llenaré de imaginación cada día de después, pero no dejes jamás de saberme, como un iceberg, no te quedes abrazada a la punta donde chocó el Voyager, eso no lo soportaría. Ya.

Ahora te envío un beso y esta literatura que no puede suplir la poesía de nuestros cuerpos juntos con los ritmos de las mareas, el canto de las aves marinas, el roce de las nubes y tus ojos alegres, chispeantes, cercanos, eso, que te recuerdo, no podría olvidarte, ocurre también que aquí, dentro y fuera de mí, la vida hierve, sí, hierve, y me como los días en un festín lujurioso de emociones y sentimientos, de disfrutar los minutos que nos queden, justo antes de recordar que vives en un planeta vacío, de polvo y soledad. Aún así te quiero, mujer de otra galaxia.




13.3.09

¿De qué color es la nieve?





Escribo
pienso
leo
traduzco veinte páginas
oigo el informativo
escribo
escribo
leo.
Dónde estás
dónde estás.

Idea Vilariño




Lucían las estrellas en una noche continua.

El viento de la nostalgia no le impidió volver y caminó por las calles sentimentales de su adolescencia. Allí, sentado junto a la fuente, recordó el brillo de unos ojos y el aroma, el crujido de la seda entre sus dedos, las lágrimas al partir.

No, no fue él -no directamente al menos-, pero las voces le acusaban, cuchicheos de las mujeres vestidas de negro, dedos invisibles le señalaban, los rumores y aquellos carteles colgando de los árboles del paseo nuevo.

Fue él quien se perdió en el túnel, llorando, con los brazos en cruz.

¿De qué color es la nieve?


12.3.09

No fue él quien esparció sal en los rosales.





Entre tus brazos
entre mis brazos
entre las blandas sábanas
entre la noche
tiernos
solos
feroces
entre la sombra
entre las horas
entre
un antes y un después.

Idea Vilariño


En su memoria se confundían jardines y conciertos de oboe, héroes y pergaminos, trágicas fábulas y confesiones ocultas bajo las piedras.

En sus sueños veía nigromantes dibujando el firmamento de los muertos y casas viejas habitadas por pintores, artistas que fabricaban mundos nuevos al Sur, siempre al Sur.

Todo siguió su curso hasta el hastío, hasta el préstamo.

No fue él quien esparció sal en los rosales.


11.3.09

No fue él quien envenenó el arroyo.



Lo que siento por ti es tan difícil.
No es de rosas abriéndose en el aire,
es de rosas abriéndose en el agua.
Lo que siento por ti. Esto que rueda
o se quiebra con tantos gestos tuyos
o que con tus palabras despedazas
y que luego incorporas en un gesto
y me invade en las horas amarillas
y me deja una dulce sed doblada.
Lo que siento por ti, tan doloroso
como pobre luz de las estrellas
que llega dolorida y fatigada.
Lo que siento por ti, y que sin embargo
anda tanto que a veces no te llega.

Idea Vilariño


Era viejo o no era nadie, eso parecía al menos por su hábito de ser otro, otros, actor de arrabal, alguien que jugaba sobre el escenario de cada día, emperador o tártaro, jinete o tullido mendigando en las esquinas del ocio.

Frecuentaba iglesias y lupanares, mercados griegos regidos por absurdas leyes y grandes pajareras con alondras. Se vestía de música amarilla y tambores.

No fue él quien envenenó el arroyo.


10.3.09

No fue él quién mató al unicornio.



Buscamos
cada noche
con esfuerzo
entre tierras pesadas y asfixiantes
ese liviano pájaro de luz
que arde y se nos escapa
en un gemido.

Idea Vilariño


Era joven, o lo era el animal que se agitaba inquieto en su pecho.

El fluir de sus palabras trazaba un bosque fantástico, nuevo, no imaginado antes, con luciérnagas enredadas en la niebla de los zarzales.

Hombre diferente que hablaba lenguas de bronce, que rasgaba con una espada de conocimiento la oscuridad de las claves, el reflejo de los espejos, el descanso de las siestas de mayo.

No fue él quién mató al unicornio.


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