31.7.09

Debe ser el calor.



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Básicamente, con el paso de los años las personas no cambiamos, al menos no demasiado (me refiero por dentro, por fuera…).

Hay algo en la forma de ser, en el carácter, en la manera de enfocar la vida que suele permanecer inalterable (en cambio por fuera se altera, ya ves).

Es decir que, con todo lo que eso supone, nos cuesta desaprender lo aprendido (nos lleva la inercia filosófica).

Nuestros mayores, con la mejor voluntad, a muchos nos educaron para ser cívicos, trabajadores, obedientes, cumplidores, fieles, amables, en pensar a los demás, en ser generosos, respetuosos, leales, buena gente, esas cosas.

Lo que no nos explicaron es que no a todos les educaron igual.

Por eso los que no o los que tienen mala memoria, contrastan tanto.

Lo malo es que son los que se llevan el gato al agua.

Todo esto me crea un problema -en realidad, varios-, mi gato no sabe nadar.

Por eso, poco a poco, voy desaprendiendo lo que me enseñaron como verdad, me cambio de piel y enseño a nadar a mi gato.

No es fácil, estornuda, es propenso a los fríos y tirita cuando está mojado.

Sé que es cuestión de tiempo, insisto, de momento el estilo mariposa lo domina bastante bien.
Y la espalda (nadando digo).

Pero pasa el tiempo y todavía se cree todo, mentiras incluidas, lee periódicos, ve la televisión y traga, es crédulo.

Creo que voy a matar a mi gato.

Eso o tirarme al agua.

A falta de otra cosa que hacer.

No sé sí…





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Amantes, no toquéis si queréis vida,
porque entre un labio y otro colorado,
Amor está de su veneno armado,
cual entre flor y flor sierpe escondida.

(Góngora)


Por cierto, me voy de vacaciones.
1º aquí (foto de arriba)

Y el día 15 aquí.


(o aquí)



(Bueno, aquí)

Pero, aviso, este blog seguirá cada día.

Os deseo a todas/os unas felices vacaciones.


30.7.09

En blanco y negro.

(Para Iñigo -por si me lees-, te aprecio)


… las distintas razas del mundo

tienden a mezclarse cada vez más, hasta formar un nuevo tipo humano,
compuesto con la selección de cada uno de los pueblos existentes.

-José Vasconcelos-


En blanco y negro, tanteando, con miedo, hoy en especial, con la punta de los dedos rozando la arena, sin atreverme, cauto, contando las cicatrices, recorriéndolas con saliva, con los recuerdos abiertos a la duda, con tantas lágrimas vertidas que no queda sitio para los incendios del alma.

Así.

Otro paso, sin encontrarle sentido ya a esta aventura que deriva hacia lo absurdo, puente roto, que nunca lo fue, no. Sé que nunca lo cruzará, que ni siquiera su río pasa por debajo, el abismo es tal que no hay riberas, ni cauce, ni agua clara, ni peces que nadan a contracorriente.

Herido de tristeza, abatido, monocorde, quejumbroso, aburrido, soy culpable de esta imagen que no corresponde con la realidad, aunque.


La realidad...
¿Qué?

Aferrado a lo cotidiano.
Defíneme lo cotidiano.

La realidad.
Defíneme la realidad.

Lo cotidiano...
Ya, disimula.


Tragedias del alma, inventadas en un 99%, no sé de dónde las saco, caprichos de desocupado para sustituir emociones que no llegan, sobresaltos que no puedo lidiar, pases de pecho ante un tendido imaginario, ladrillos de mentiras, paredes falsas, separación de planos ahora que el cielo se abre al color azul, los días golpeándonos los dedos con un martillo implacable, dolor en los riñones. Ya.

No se puede escribir desde la risa, no se puede torear sin toro, no se puede calmar el bostezo con aventuras en Amazonas imaginarios, no hay lugar para gestos a la galería, no quiero que me aplaudan los caprichos, no me parece correcto acumular falsos gritos sobre la mesa y esparcirlos, además, por falsas expectativas. Que no quiero, no, ni engañar, ni engañarme.

Aviso para navegantes: el que escribe en esta página no está sujeto a planes de reconversión del alma, al contrario, ríe, busca, camina, pinta las horas de esperanza, se sube al mástil y otea pero, mientras tanto, nada en la pleamar sin temor a los tiburones.

Y las sirenas acarician sus pies desnudos.


¿Qué demonios habré querido decir hoy?
Muchos días no me entiendo.
Lo añado a la lista.
Pido tu benevolencia, juzga mi trabajo por el conjunto.
Gracias.

(Composición de ALMA)


Las palabras que no he dicho
respiran el aire que me falta.

Sin espacio, la búsqueda.
¿Recuerdo lo que he sido?

Las ventanas se abren hacia dentro.

Erika Martínez.


29.7.09

Varios, ovarios, salvarios.

En qué tardes de humo he venido a mi encuentro, en qué meses de hierro con viento entre los puentes, en qué fría temporada de trenes y sepelios. De qué manera negra se me ilumina el aire y me deja una estela de mujer en el lunes. Quiero ser manjar suyo, lo que su avidez toca, quiero arder en las bocas como una flor furiosa y que todo el espanto caliente que me habita salga cantando alegre, gimiendo entre almacenes. Era una vida sola con filos de suceso, esa desconocida que inaugura la tarde, y luego se entra a ciegas en tu pecho inundado y allí fuma o ríe o se pone unas gafas, sobre el dulce desorden de unas pecas alegres, para estudiar despacio, con gesto minucioso, la asignatura rota de una vieja tristeza. Niñas bibliotecarias de la incunable pena, que apuran los sabores, dulces devoradoras, para que en su piel viva un hombre imaginario. (Umbral)




Varios.

Por supuesto no todos los días tengo ganas de escribir.
Ni tiempo.
Por eso en alguna ocasión tiro de “archivo”, de cosas que escribí.
Como colaboro aquí y allá a veces me descubro en lugares lejanos.
Ese también era yo.
No hace tanto.
Es impresionante, en poco tiempo, cuantos saltos en páginas, nombres perdidos para siempre, anónimos comunicantes, proyectos frustrados, blogs llenos de polvo y olvido, conversaciones pendientes, nada.


Ovarios.

Hace unos meses dejé un comentario en una página. Decía que no me gustaba una escritora que la firmante del post había alabado. Sin más. Me contestó airada. Volví a contestar con mis argumentos y mi apuro. Añadió los suyos. Nos reconciliamos y –la verdad- me sentí aliviado, ya que me preocupó haberla molestado por mi “delito de opinión”.

Hace dos o tres semanas dejé en un blog un comentario que quiso ser ingenioso y parece que no lo fue. El firmante del post contestó y protestó. Mi contestación trató de volver a llevar el agua al molino (¿se dice así?). Él volvió a contestar con corrección. Un rollo chungo realmente ya que me gusta mucho como escribe este señor. Ay.

Hace unos días, desde su ventana, una amable lectora me indicó que el post del día estaba repetido, que ya lo había colgado tiempo atrás. Incluso me decía cuando. Me sentó mal, qué quieres que te diga, pero no llegó la sangre al río.

El año pasado expresé mi desacuerdo con lo expuesto en una página. El autor borró mi comentario. No puedo reproducir su contestación privada (había insultos que no conocía).

Hace tres años era asiduo de una página (casi) literaria (no importa su nombre). Como tenía una sección de opinión, procuraba dar la mía sobre los textos allí expuestos. Hice pocos amigos. Todavía algunos me escriben de forma airada (qué rencorosos).

Conclusión: la única forma de no tener problemas es decir siempre amén, si, qué bonito, muy bueno lo tuyo, que bueno eres, Paco.
O callarse.





Salvario.

Salvario (Trachinus araneus): Este traquínido, como todos los miembros de la familia, vive en lechos arenosos y es un voraz predador. Permanece casi todo el día semienterrado o posado sobre el fondo, sin moverse, acechando cualquier presa que se ponga a tiro. Pertenece a una familia ampliamente difundida en todas nuestras costas y que consta de varias especies muy semejantes entre sí. De hecho, como ocurre con los mugílidos, la gente de cada zona les asigna un único nombre a todos los representantes de la familia, tal es su parecido y sus análogas pautas de conducta. Dada su voracidad, son presas comunes de los aparejos de fondo y muchos son los pescadores novatos que los agarran para desanzuelarlos y sufren su dolorosísima picadura. Estos son los peces más venenosos que tenemos en nuestras costas y sus radios espinosos, tanto de las aletas dorsales como pectorales, están llenos de un veneno de singular virulencia. Esta familia de peces pica a muchos bañistas todos los veranos. A veces permanecen en fondos someros, semienterrados en la arena, y pisarlos es sinónimo de grave picadura. Debemos tratarla con amoniaco cuanto antes, que es el mejor remedio.

La playa de mi correo está llena de cartas amables. Lo agradezco de todo corazón. Pocas veces aparece un salvario. Echo en falta que alguno de estos peces se esconda bajo la arena de mi correo y me pique en cuanto algo de lo que escribo en el blog no sea de su gusto. Como soy un pescador novato seguro que me pica y me pico. Creo que me estoy volviendo masoquista. O tontodelculo.




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