31.12.15

Diferencias.




Veamos, el comienzo es importante...en general, las mujeres y los hombres somos bastante diferentes…

Vaya forma de comenzar, qué obviedad.

Sin embargo en algunas cosas nos parecemos mucho. Las relaciones, las amistades, los amores de la adolescencia, de nuestra primera juventud, de esa edad incierta y mágica, se nos quedan grabados para siempre, forman parte de nuestra mejor época, cuando aún la vida estaba por delante y descubríamos sentimientos, emociones, sensaciones, todo era nuevo y excitante…

Bueno, vas bien.

Después llega la vida con su carga de elecciones, obligaciones, errores, aciertos, dramas, alegrías, familia, trabajo, problemas, disfrutes, deterioro de salud de nuestros mayores, soledad, ilusiones, desilusiones, fracasos, logros, amores, desamores, muerte de nuestros seres queridos, frustraciones, sueños rotos, todo eso que conforma la existencia…

Te has dejado bastantes cosas, sigue.

Los recuerdos de la época juvenil nos ayudan a veces a engañarnos pensando que lo de antes fue mejor, más bello, más puro, diferente a la rutina, a ese espacio gris en que puede haberse convertido nuestro hoy. A cada uno por una causa, diferente, más grave, menos, la nuestra, lo que nos ha ocurrido. Evocamos aquellos a los que conocimos, amores que terminaban casi sin empezar, relaciones efímeras, un gusto dulce en el paladar, caricias furtivas, escarceos buscando al otro, buscándonos, descubriéndonos, apenas sabíamos porque nos atraía esta persona y no esa otra…

Oye, deja ya de divagar y vete al grano.

Bien, te conocí un jueves en aquel garito del extrarradio, no sé qué demonios pintaba una chica como tú en un lugar tan inhóspito, tan poco atractivo. Llevabas una camisa grande, blanca, como de tu padre. De inmediato me fijé en ti, cómo no hacerlo, eras una chica muy atractiva, alta, rubia, dulce, quizás algo cándida…

No te pases.

En aquel local era el encargado de la música, el que ponía los discos, entre música y música me abrazaba con tantas chicas como podía, un tonto. Creo que bailamos, sí, eras excitante, una mujer con un físico como a mí me gustaba. Fíjate que te hablo con total franqueza, sin tapujos. También tenías un punto aniñado que te daba más morbo, aunque creo que entonces no se utilizaba ese término, ni lo conocíamos. Volviste el sábado y bailamos de nuevo, no recuerdo con quién “salía” yo entonces pero seguro que alternaba con algunas chicas, lo que te digo, un tonto. Después te veía cada mañana cuando bajabas a clase. Te saludaba con la mano desde la ventana del taller. Mis compañeros, bastante mayores que yo, me decían, “eh, tu amiga” y me daba mucha rabia aquella cuadrilla de gilipollas. Te imaginaba con las mejillas rojas, azorada, cruzando los brazos y la carpeta sobre tu pecho - precioso, por cierto- lo que seguro que te daba cierto corte. Ya ves, en cambio a mi me atraía, mi prototipo, ya te he dicho, era un inmaduro…


Por lo que dices parece que no has cambiado mucho.

No seas tan directa. Desde esos primeros momentos tuvimos una relación fluida. Recuerdo que íbamos a la playa en tren, con tu tocadiscos, que estuvimos en tu casa una noche que llovía muchísimo y tenías un single, seguramente de tu padre, con una canción de Coldplay que escuchábamos una y otra vez en el Casino. Eso es, bailábamos en ese Casino, incluso bajo la lluvia, bailábamos mucho tú y yo. Luego volvíamos hasta tu barrio, acompañándoos a ti y a tus amigas (lo que para nosotros era dar un gran rodeo pero que a mis colegas y a mí nos encantaba). Mi memoria no alcanza para recordar nuestros muchos encuentros y desencuentros, si bailábamos en las matinales de los domingos en aquel club de la Gran Vía, si ya conocía a Elisa, como fue tu relación con Jorge, a cuantas fiestas y a qué clubs fuimos juntos, muchas cosas. Si recuerdo que en esa primera época, vamos a llamarla así, nuestra relación fue inocente en lo sentimental y en lo físico, no pasamos de unos dulces besos y de bailar más o menos juntos, por cierto, me gustaba tu calor y como te abrazabas. Entonces me parecías una chica formal, demasiado, una chica legal…

Y sigo siéndolo, qué te has pensado.

En la segunda parte la cosa cambió. No llevo control de cuantos novios tuviste, siempre pensé que buscabas un chico de buena posición económica, guapo, alto, un figura. Creo que ese pensamiento me hacía ser duro contigo, no me veía en el prototipo, un currela, en la fábrica. Tampoco llevo el control de cuantas novias, más o menos formales (ellas), tuve por aquellos tiempos. Sí recuerdo que en varios momentos tuvimos nuestra oportunidad.
Una. Después de encontrarnos en diferentes sitios, pubs, casa de amigos comunes, etc, nos citamos una tarde, a las cinco, en un parque cercano a la playa. No sé cómo escogimos un sitio tan lejano, tan a desmano. El caso es que después de comer me fui a casa de Javier, empezamos a jugar al póker y el destino hizo que fuera perdiendo, o ganando, no sé, y se fue pasando la tarde. El caso es que llegué a las 6 y tú ya te habías ido, lógico. El destino.
Dos. Entre dos novias, en esos periodos en los que me quedaba solo y triste nos encontramos un día, no sé dónde. Tenía un coche que me dio mucha guerra, que tuvo muchas averías, e iba a buscarte a tu casa. Estuvimos muchas veces solos, hablando, incluso creo que jugando al ajedrez. ¿Todavía juegas al ajedrez? Luego nos íbamos a La taberna del Inglés y te hablaba y hablaba de la vida, del amor, de sexo, de no sé cuantas tonterías. Creo que nos apreciábamos mutuamente, mucho. Tampoco nuestra relación pasó nunca del beso, de la ternura, del calor del abrazo, de lo políticamente correcto…

Claro, menudo eras.

No pretendo remontarme a la prehistoria, pero necesitaba hacer memoria. De aquellos tiempos nos quedaron, seguro que a los dos, muchos recuerdos hermosos, mucho amor, mucha ternura, muchos instantes que forman parte de nosotros, incluso del nuestro yo actual, somos así también por aquello, por parte de aquello. Hicimos juntos muchas cosas bellas, sentimos mucho y bien, hemos borrado lo que pudo haber feo y nos hemos quedado con lo bonito, hemos sublimado ese tiempo. Bien, somos muy afortunados. También hubo muchas cosas que no hicimos…

No sé a qué te refieres.

Bien, luego la vida siguió, nos casamos, nos ocurrieron cosas, que si tal, que si cual, veinte años, casi nada. Tú tienes una hija, yo no los he tenido. Tú te separaste, yo no duré casado ni tres años, he estado dando tumbos…

Déjalo, estás siendo muy pesado, te espero arriba, en mi habitación.


Vale, ahora subo.


30.12.15

Regreso.



-Mamá…
-Hijo, ¿estás bien?, ¿dónde estás?
-Abajo.
-Sube, hijo.
-No, te espero en la cafetería de la plaza.
-Voy, voy.

Un año y siete meses. Cosas que se hacen. Me pudo la responsabilidad. No, no llamé ni una vez. Estaba rabioso. Lo pasé mal. Sé que les defraudé.

Nos abrazamos.
Ella lloraba, mi madre siempre llora.

-Mamá, qué guapa estás, ¿cómo te encuentras?
-Bien. Has adelgazado, mucho. ¿Quieres comer algo?, ¿te pido una tortilla?
-No, no ¿y papá?
-Está bien…
-¿Ha preguntado por mí?
-Bueno, ya sabes cómo es, no entendió…
-¿Nunca ha preguntado por mí?
-Nunca.

El viejo, no cambia, me fui por él, no soportaba sus miradas de reproche. Tan perfecto, todo lo hace bien, un trabajador, un ejemplo. Mierda

-Murió la tía Elena, tenía ya 83 años.
-Ah, pobre, casi no me acuerdo de ella. ¿Nos vamos?

Al salir estaba en la puerta. Mi puto padre. Nos miramos. Primero me dio la mano, luego me abrazó. Se puso entre mi madre y yo, nos tomó de los hombros y caminamos.

-Vamos a casa-dijo.
Lloraba, nunca había visto llorar a mi padre.
Yo también lloré, qué cabrón, siempre termina jodiéndome.


29.12.15

Marie.



La niebla hiere con guantes de raso nuestra memoria.
¿Es sólo un rayo de luna quien a lo lejos solloza?
Tras la campana del viento, tras el túnel de las rosas,
en el murmullo del agua y la hierba, alguien nos nombra.

Pere Gimferrer.





He olvidado la mayoría de las palabras, cada una que escribo deja de tener sentido, ¿qué es una esfera?, ¿qué es un triglifo?, escribo para no saber.

He olvidado escribir, una mano guía mi mano torpe, antes decía cosas interesantes, decía excitación, decía descripción, he leído varios miles de libros, antes sabía, antes es nunca.

He olvidado todos los rostros, incluso el mío, no sé distinguir un animal de un jodido ser humano, escribo para no tener que recordar, para no saber nada de nada.

He olvidado amar, ni siquiera conservo el sentimiento de piedad por mí mismo, Marie nunca alcanzaba el puñetero orgasmo, dejaba los ojos en blanco y gemía, como si no me diera cuenta de su fingimiento, no sé quién es Marie.

He olvidado llorar, no recuerdo siquiera si tengo ojos, una lágrima es un absurdo, mi dolor se pierde en un territorio negro, ponzoñoso, Tony me lo ha dicho, la madre que lo parió,

He olvidado comer, ni siquiera voy al retrete, no meo, eso que es para lo único que usaba mi pene, no me lavo, no duermo, tres veces, me lo dice ahora que Marie se ha ido.

He olvidado andar, no quiero salir de la cama, no quiero pisar el suelo, no quiero pisar mi dignidad, Tony me lo restregó, se acostó tres veces con Marie, que les jodan a los dos.

He olvidado ser, no sé qué es la vida, no sé usar un arma, es más fuerte que yo, tan joven, es todo lo que ya no soy, seguro que Marie se retorcía de placer, que daba alaridos de gusto cuando este bastardo se encaramaba sobre su cuerpo que he olvidado, soy un viejo, que se mueran estos dos cabrones. 


28.12.15

Mandril





Carmen respiraba plácidamente. Mi insomnio velaba su sueño. Desde hace meses no duermo bien, debe ser el remordimiento, mi pesimismo ante el futuro, la preocupación por lo que vendrá, la complicada historia con H.

Acostumbro a dejar entornada la puerta del dormitorio para que la luz del amanecer no me despierte. Aún así lo escuché con claridad, un sonido peculiar, diferente, un roce leve, amortiguado.

No me atreví a mover ni un músculo, seguí en la cama, atento.
Lentamente se abrió la puerta, en la semioscuridad pude distinguirlo, un mandril, un enorme mandril con la nariz ancha, el culo rojo y la mirada encendida.

Se acercó con precaución, olía muy mal, tenía unas uñas largas, peligrosas, unos dientes afilados. Sus ojos se prendieron en los míos mientras se rascaba la cabeza. Creo que estaba tan sorprendido como yo.

Carmen se agitó.
-¿Pasa algo cariño? –preguntó con voz adormilada.
-No, duérmete. Estoy tratando de hablar con un mandril - dije.
-Ah- y siguió su sueño.

Se sentó a mi lado, sobre la sábana, me miraba, se buscaba algo entre la hirsuta pelambrera.
No me pude contener, le pregunté. -¿Cómo va lo mío?-
Sin dejar de observarme siguió en su mutismo, no se digno contestar.
-¿Crees que tiene remedio?- insistí, entre curioso y preocupado.
Justo en ese momento el maloliente mono apretujaba una pulga entre dos dedos, después los olía y chupaba con satisfacción.
-Lo de H, ¿qué?- dije.
Ahí sí, ahí reaccionó. Me abrazó y dijo- Hermano-. Creo que vi lágrimas humedeciendo sus pelos puntiagudos.
Bajó de la cama, se marchó tan sigiloso como había venido. Pude escuchar el roce de sus uñas por el pasillo, luego nada, silencio.

Después me dormí profundamente. Recuerdo que soñé con Charlton Heston, desnudo, gritaba y daba vueltas y vueltas en una jaula con barrotes pintados de color naranja.

Hoy me encuentro bastante mejor.


27.12.15

Como un hambriento Lázaro.




Como un hambriento Lázaro, acuclillado bajo la mesa, espero las migajas de su voz, las palabras que calmen esta ansiedad mía, espero los mendrugos de una mirada que no me mira, toco la orla del mantel para así tocarla, veo sus piernas moviéndose en la oscuridad de no verla, me muero del deseo de acariciárselas.

Me estoy quedando sordo, apenas escucho ecos de cuando estaba, fragmentos de risas que me acuchillan la espalda, retazos de conversaciones que no entiendo.

Y no sé si esa parquedad es producto de un sillón mal colocado, de la mujer que en él se sienta, de un lánguido transcurrir de los minutos, de una lucha de arcángeles en el pecho, de un demonio tentándote o si el frío de hoy me dicta estas frases inconexas.




“Los puentes inflamables
del medio del camino de la vida...”


(Aurora Luque)

26.12.15

Rifa





Desparramar.(Cruce de esparcir y derramar).

1. tr. Esparcir, extender por muchas partes lo que estaba junto.
2. tr. Verter, derramar un fluido por muchas partes.
3. tr. Disipar la hacienda, malbaratarla, malgastarla.
4. tr. Arg., Méx., Par. y P. Rico. Divulgar una noticia.
5. prnl. Distraerse, divertirse desordenadamente.



Lo he pensado mucho y estoy decidido, voy a hacer una rifa.

De todos los escritos que dejo aquí haré un pito, pito, gorgorito, escogeré el que salga, lo lees y si no te gusta te devuelvo el dinero.

Este mundo blog está lleno de textos y pretextos, solo algunos nos hacen preguntarnos qué ha querido decir aquel que los escribió, muy pocos nos tocan el alma, a veces uno captura el espíritu poético. Ese, ese quiero que sea el afortunado, el que toque. Será difícil, lo sé, pero esa es la gracia de una rifa.

Ha quedado claro que uno escribe para que le lean (a él, no a sus escritos). Es decir el yo está por delante del lector, de la opinión del lector. Por eso se escribe lo que se escribe. Está la cuestión que el lector lee lo que quiere, lo que convierte la escritura y la lectura en una confrontación de intereses. Cuando coinciden se produce la magia, la poesía. Aunque parezca mentira, también se produce cuando no hay coincidencia, una magia inversa, el misterio del voyeur, el desprecio del disgusto, el encanto del amante de esa lectura, la indiferencia. Y más.

Tengo que investigar sobre la posible inclusión de una hoja Excel en el blog. En cada celda colocaría el nombre de quién se apunte a este juego.

El proceso es:

• Te apuntas y ya participas.
• Se sortea: blomm, una bola de algodón pachín, pachón, chimpón, el 1043.
• Si no te ha tocado, nada, sigue jugando.
• Si te ha tocado, lee.
• ¿Ya?, ¿te ha gustado?
• Perfecto, te mando el dinero.
• Sigue la rifa. 


25.12.15

Elena,

Llegamos al mediodía.
El río bajaba lento, melancólico, oscuro. En el balneario flotaba un olor a azufre. A la tarde subimos por la empinada cuesta por donde discurre el camino de Santiago. La Muralla  nos deslumbro. Llamé por teléfono a una amiga pero, casualidad, estaba en Coruña en un concierto de no sé quién, lástima.

La ciudad reía en cuatro calles, el resto era silencio.

Quizás por el cansancio del viaje, a la noche no tenía sueño, leía un libro raro, de un chino- A mi lado Begoña ojeaba una revista con grandes fotos de bodas, separaciones, comuniones de niños con sus caras emborronadas, señoras en sofisticados y mínimos trajes de baño, señores con gesto altivo.

Mira, sale una diseñadora de Bilbao, ¿la conoces?- dijo Begoña.
Una entrevista de una página a una guapa mujer, sonriente, sentada frente a sus creaciones de moda.
No, no creo haberla visto nunca- mentí.

Elena.
Simulé que seguía leyendo mi libro y miré la foto de reojo. Cuantos recuerdos. Tuvimos una relación de varios años. Comenzó como una tierna y apasionada historia de amor y terminó en distancia y reproches.

Hasta mañana, que duermas bien- dijo Begoña.
Hasta mañana- contesté..
Cerré los ojos pero en mi cabeza se removían tantos y tantos recuerdos.


The Ordeal of the Bier (1881) Jenő Gyárfás




El lago brillaba bajo el sol de julio. 
Nos bañábamos a pesar que estaba prohibido, un guarda vigilaba sus riberas, nunca nos pillaba.

Aquella mañana fuimos allí un grupo de catorce o quince amigos. Alguien propuso una carrera. -"Una cena para todos, pagan los que pierdan, llegar al embarcadero"- . No se trataba de ganar o perder, era una cuestión de honor. Dos chicas y cuatro chicos nos apuntamos, el resto esperaría en la otra orilla. Se subieron en los coches y fueron hacia el punto de llegada.

Hacía calor pero en la espera me estremecí, el agua estaba fría, o me lo parecía. Tú nadas bien- me dijo Tito. No contesté, le llevaba varios años de cubalibres y nocturnidad.

El lago, de pronto, se había hecho más grande, la otra orilla estaba muy lejos, o eso me parecía.
Desde la comodidad del embarcadero nos dieron la señal de partida.
Salimos los seis bastante juntos, al principio nadie se destacaba.
María no era muy alta pero utilizaba los brazos con estilo, entrenaba con el equipo de wáter polo del club. Jorge era socorrista en las instalaciones municipales.
La experiencia en las travesías en el mar me ayudaba a regular la cadencia de los movimientos, a no apresurarme.
Sagrario me sorprendía, no conocía esa cualidad deportiva en ella, la tenía por una chica volcada solo en lo cultural, nadaba bien. Javier era muy delgado y se deslizaba como una anguila.
Me empezaban a pesar las piernas y pensé que no había sido buena idea aquello de la carrera.
Los hermanos Germán y Tito todo lo hacían bien, jugaban al fútbol, a pala, al ajedrez, esquiaban y, por supuesto, eran magníficos nadadores.

Llevábamos la mitad del recorrido, seguíamos juntos, solo Sagrario se rezagaba.
Apreté un poco el ritmo pero Jorge lo había hecho unos segundos antes, apenas pude seguirle.
Levanté la cabeza y vi que desde el embarcadero nos animaban con grandes gritos. Cada uno tenía su favorito.
Elena no estaba mirando, conversaba con aquel francés de Burdeos que había llegado el sábado.

Seguimos, la carrera se me estaba haciendo interminable.
Recordé las veces que me había pavoneado en el Casino de mi capacidad en la competición en piscina, de aquella carrera que gané en mar abierto, de los trofeos que tenía en casa. También me acordé de la madre de aquel francés. Nadé más rápido.

Faltaban unos cien metros, María, Tito y yo íbamos ligeramente destacados. Ya se escuchaban las voces de aliento. Los tres movíamos los brazos como en una final de los juegos olímpicos.
Tragué agua y tosiendo seguí con más energía, no sé de dónde sacaba las fuerzas…



¿Te pasa algo?, no paras de dar vueltas. Me has despertado.- dijo Begoña.
Lo siento, no puedo dormir -dije.

Salí al balcón, a fumar. A pocos metros se adivinaba el río bajando lento, oscuro,  melancólico.
Resulta que Elena era famosa, la revista elogiaba su trabajo como diseñadora de modas. Tenía tantos y tantos recuerdos de ella. Me resultaba curioso que me hubiera venido a la cabeza precisamente esa historia de la carrera.

Dos horas y varios cigarrillos después volví a la cama junto a Begoña y me dormí. A la mañana siguiente continuamos nuestro viaje. 


24.12.15

Navidad.



Nadie sabía que llegaría Navidad.
Mucho menos que el año se acaba.
Pensábamos que esto era eterno.
No lo era y por eso andamos todos celebrándolo, no vaya a ser que.
Si se rompe el mundo que nos encuentre cantando.
Con mala voz, pero enérgica, os deseo

Muchas Felicidades.


23.12.15

Realidades y cambios.




Has cambiado, cuéntame lo que quieras pero has cambiado.

Me siento y te miro, (léeme como si no me hubieras leído nunca). Quiero hacerlo como espectador, sin implicarme, sin emoción, como un científico. Intento quitarme de encima la ternura pero me cuesta, me doy cuenta que mi mirada no puede ser neutral.

Pero me concentro y te miro (léeme de forma diferente a como me has leído hasta ahora). Trazo líneas, hago cálculos, mido intensidades, me aproximo a tus círculos concéntricos, peso números, intento dejar tu figura bajo el microscopio. Es imposible, no puedo, tu intensidad de mujer rompe los pronósticos, tu luz desborda cualquier intento de encasillarte.

Ahora me levanto y sé que ya no me miras, que no me lees (no sé si me has leído alguna vez, sé que te has leído), que apenas resbalas tu mirada por mi intensa producción de textos, músicas, fotos, vídeos, poemas, blogs, correos. Tampoco me extraña, soy excesivo. Has vuelto a tu ritmo, a esa cadencia de regreso a tu propia vida, a reencontrarte, sin interferencias, sin ataduras, sin condicionantes.

Lo entiendo. Armonizar idiomas es complicado. A veces hablas en un complejo dialecto de las montañas y me pierdo en los matices de la oscuridad. Por otra parte tengo el traductor universal y leo donde no hablas, lo combino con lo que dices y sale un discurso complicado pero claro, entre lo que sé y lo que debería saber, entre lo que me has contado y lo que has callado. O sea, respeto. Me inclino, abro mis brazos, después junto las manos y te entrego mi respeto.

Sin saberlo, o sabiéndolo, hemos entrado en un territorio nuevo donde todo, o bastante, está sin descubrir. Antes de dar ningún paso te entrego la seguridad de qué, por mi parte, mi sentimiento amoroso hacia ti es inmenso, fuerte, cierto, grato, lleno de luz y alegría, bello, agradecido y sin límite de caducidad.

A partir de aquí andaremos o nos quedaremos quietos, esperando. Será lo que será, no quiero perder nunca el privilegio de mirarte a los ojos y sentir que se me llena el corazón de dicha.

Ahora vuelvo a sentarme y te pienso (léeme hasta en los márgenes, como si me leyeras por primera vez).

22.12.15

O cómo leer perjudica seriamente la salud.




Cuando hablo o escribo a alguien y  aderezo mi discurso con una pretendida ironía y me doy cuenta que no, que me he expresado muy mal o que no ha entendido nada me dan ganas de decirme, “tú, tonto del culo, que no te enteras, debes decirlo más claro”. A veces me dan ganas de decírselo a los otros pero soy tan educado que no, me muerdo la lengua hasta hacerme llagas y así vamos. Somos muchos y en ocasiones vamos ensimismados, yo mismo he estado enmimismado varios lustros, me da que sigo por eso de donde no hay no se puede sacar y manzanas traigo y la gallina, que sí, este calor no es normal para la época que vamos. Vamos. Todo era mejor antes que decías “buenos días” y te contestaban y no como ahora que dices “buenos días” y te miran como si te hubieses cagado en su madre. Hay gente que ya no saluda en el monte, en el ascensor, en el descensor, en la consulta del otorrino, en el híper, todos van a la que van, a veces no saben dónde van, mucho menos de dónde vienen pero a quién le importa quién es uno mismo, están vivos y tienen cuerda para pasar el día, qué jodidos. Todo esto es producto del calor anormal (sin comas) que altera los cuerpos y las almas, ¿ves? antes teníamos alma, hay que ver, en poco tiempo nos hemos desalmado, qué tragedia para los conductores del autobús al infierno, de los del púlpito, los domingos que me he pasado maldiciendo al cura aquel que se dormía en el sermón y luego no llegaba a la matinal del Olimpia. Ya no está (el Olimpia, el cura tampoco) ni el Actualidades, ni el Capitol, ni el Trueba, tantos cines, no sé dónde vamos a ir a parar ¿te lo digo? sí, exacto, ahí pero de momento es un tiempo navideño y vamos a aprovechar el tirón. ¡Eh!, alto, que no, esto no es una felicitación, no, esto es un desahogo. A veces me da este pronto, no os comáis las margaritas, o sí, a vuestra bola. Póngame a los pies de su señora (en el caso del que la tenga). Me pongo a sus pies (en el caso de las señoras). En ambos casos procuren no pisarme que estoy muy sensible y lo mismo me revuelvo y acaba esto en tragedia. No, si va a ser el calor. O algo. Yo qué sé. Se empieza así y se acaba el año. Que le den (al año)(con eñe).

21.12.15

Amor bajo la lluvia.




A veces un hombre o una mujer quieren salir de su celda dejando a otro en su lugar, le engatusan con besos o confidencias, con verdades que no se cuentan porque parecen mentiras. A eso le llaman sinceridad. Te empujan y plam ya estas dentro. Help pero ya es tarde, ya te has enamorado. Error.

A veces una mujer o un hombre desnudan su cuerpo, su corazón y su alma, por este orden, enseñan sus tatuajes, la cicatriz de una operación, el estigma, lo que no se ve por fuera ni en la oscuridad. A eso le llaman osadía. Sale caro el amor tardío. Hug (es una onomatopeya…ya lo explicaré otro día), ha caducado la garantía. 

Hay sábados lluviosos en los que quiero que se rompa el cielo y ver entre las grietas un atisbo de algo diferente, no sé, un color que no conozcas, un animal mitológico, un ángel rubio con un tridente entre los brazos, una morsa. No quiero nada más pero todo va como iba y el último bostezo me ha desencajado las mandíbulas.

Hay domingos que parece que no van a terminar nunca, con un gato dormido entre las cenizas, brilla la ciudad al amanecer de sonámbulos y borrachos, las fuentes están llenas de gorriones sedientos, miro por la ventana a la vecina de enfrente y puedo distinguir una lágrima como una revelación, algo va mal ahí dentro y ya nada es como era. Zasss, es el tiempo que huye.

El caso es que no sé cómo terminar esto con una cierta dignidad, hace calor en diciembre y se me están desentumeciendo los dedos. Hay que cerrar, salgan que voy a barrer. Ya.

20.12.15

Del laberinto al treinta.



Nena, resulta que sacas lo mejor de mí y añades una capa de cebolla y de resistencia al abandono que me hace sonreír, tú, tan bella con esa chamarra roja, que podía acomplejarme con tus novios artistas o no artistas, pijos y similares, tus experiencias, pensar que qué demonios hago escribiéndote a kilómetros en este muro absurdo, poemas tontos y mensajes de adolescente con corrientes de aire pero, reina, me gusta cuando tomo tu cara entre mis manos y te beso tan dulce que se derriten mis labios cuando siento tus gemidos, cuando entierras la cara entre las sábanas y entonces sé que ninguna mujer en el mundo puede hacerme sentir lo que tú me haces sentir y entonces saldría desnudo al balcón a contarlo a los turistas y a los que tatúan, al encargado de las obras y al sereno de turno, amante, mi amante que quiere un porcentaje de mí cercano a ese límite cuando la aguja vibra y parece que la nave no podrá despegar, que sabes muy bien lo que quieres, cómo lo quieres y esperas que yo, además de otras habilidades, sepa entrar en tu cabeza como he entrado en tu cuerpo y en tu corazón y lea los renglones torcidos que escribes con los dedos mojados en nuestra saliva, en nuestros fluidos, en tantas palabras que nos decimos en el amor y que por mi parte sería incapaz de repetirte cuando nos vestimos, como tampoco podría repetir mi paciencia cuando no sé de dónde sopla el viento y si esto no será por o por y sin embargo sigo calmado, te quiero igual, me remanso y te imagino, te abrazo desde lejos y sorbo tus lágrimas en el teléfono y sé que en conciencia hago todo lo que puedo hacer porque tu hoy es muy diferente al mío y no lo comparo, simplemente lo constato, quizás somos demasiado jóvenes para estar de vuelta y sí, me molesta, pero poco, tener que explicarte que te quiero así, a ti, como eres, con todo, de serie, que no quiero en absoluto tomarme un descanso, qué idea tan absurda, cuando uno llega al paraíso ya no quiere salir de él, que además me fio de ti tanto que pondría una pistola cargada de celos en tus manos y apoyaría el cañón en mi pecho para que dispares tus miedos, tu inseguridad, que no, qué, además esto que he dicho es solo un prólogo de lo que realmente te quería decir que, escucha, nuestra historia, nosotros, esta belleza de relación es muy literaria, muy cinematográfica y que agradezco que me otorgues capacidad pero escribirla, minuto a minuto, ahora que los trenes se han ido, que voy desde la Puerta de Alcalá hasta el avión saliendo de Barajas y esto requiere tanto mimo, tanta distancia que no podría ponerme a ello sin llenar el teclado de lágrimas, sinceras, redondas, ¿no lo entiendes?, sería absurdo que te diga que no encontrarás a nadie que te escriba de esta forma, que te ame como yo, bueno, sí, lo sé,  podrías encontrar cientos de hombres más apropiados para ti, pero seguro que hace muchísimo tiempo que nadie te ha tratado con tanta dulzura, amado, follado como yo ¿entendido?, pues bien, me corto tres dedos y certifico con mi sangre que no recuerdo haberme sentido tan feliz con una mujer como contigo, haces que me sienta el hombre más importante del mundo y eso es imposible fingirlo, actuar, no morirse de gusto, que te quiero y quiero y quiero aunque jamás me casaré contigo. Te llamo luego.


19.12.15

Ambasmestas.



-Buen día.
-Buen día, buen camino.

Está sentado al sol en el borde de la carretera. Con su boina y su cachaba. Hablamos. Me dice que tiene buena salud, que hoy cumple noventa años, que no toma ninguna medicina y que come de todo.

-¿Qué le pedirás al Santo?-
Y esa pregunta me mueve, me descoloca. No he pensado en santos ni en peticiones. 
Camino y veo, siento.
-Que me quede como estoy, llegar tan bien como usted a su edad.

Y sigo.

18.12.15

Dos letras.




Esta vez la palabra vino como un caramelo derretido, envuelta en un papel arrugado, pegoteado, que se adhería a los dedos, manchándolos, dejando una desagradable sensación de pringue. 

La palabra doblada, fea, hiriente, lastimando la mirada, en mitad de la página, destacando con un color chillón.

Solo había dos letras: NO.

(y su nombre en el reverso del sobre)

17.12.15

Mordisco.



No sé dónde vamos a parar que esto es como comer cerezas en un cucurucho, tiras de una y salen cuatro, que voy a una charla de Txani (Rodríguez) y habla de lo suyo (Agosto) y de Manuel Jabois, entusiasmada, que voy a una cosa de la risa, lo de Juan Bas (el de "Pájaros quemados") y allí está, sonriente, hablando, el Jabois, un maestro, que luego lees el Culo de Leila Guerreiro y habla bien (creo, no lo sé fijo) de los periodistas para defenderles de los que hablan mal (de los periodistas) que para mí está clarinete que muchos periodistas hablan bien, incluso escriben bien y que comen y que saben y que es una muy digna profesión y que, como en todos los lados, dependen (a veces, muchas veces, demasiadas veces) del que paga, el que paga manda, se decía antes, ahora ya no se dice, se sabe, es (muchas veces, demasiadas veces) y leo prosas magníficas enredadas en “ay, cómo hemos cambiado”, que sí, todos tenemos una hipoteca, unos plazos, un capricho de comer con alguien en el Mordisco mientras el sol de diciembre calienta dulcemente  a los turistas que en Barcelona se  arremolinan frente a una Pedrera decorada por un concejal al que no le gusta la Navidad (aaah) y a lo que íbamos, que las cerezas ya no son lo que eran y que no saben cómo en tiempo normal, en mi casa, de niño, se hablaba mucho del tiempo normal, he crecido entre añoranzas del tiempo normal, un día pregunté sobre el año exacto de tanta normalidad y mi abuelo, que en gloria esté,  me miró como a un marciano y dijo solemne “antes de la guerra, siempre estás en Babia”, los periodistas, algunos periodistas, escriben bien, incluso muy bien, incluso en Babia, firman con salero y acuden a clases de equilibrismo, de tercero de funambulismo, de trucos de magia, mire usted, pienso así y digo/escribo asá, que es más duro de pedir que de robar, oiga, lo entiendo, por eso he dejado de comprar periódicos y me jode porque los crucigramas del País, por ejemplo, eran buenos y lo de Forges y sabías qué peli daban en el Capitol pero ahora que han tirado el Capitol no soporto leer crónicas mientras imagino al periodista comiéndose un sapo en la cocina de su casa y me miro al espejo para comprobar si ya se me ha quitado la cara de tonto (no) y el día 20 votaré para que todos esos que escriben de puta madre (una expresión) puedan hacerlo sin el fétido aliento en la nuca del que paga. Nos vemos en el Mordisco, que se mueran los feos qué cojones.  

    


Manuel Jabois.

Ferlosio 

(click aquí para leerlo)


      

16.12.15

Quién lo iba a decir.




José Lezama Lima lo decía, no esperaba a nadie y sin embargo insistía que alguien por fin iba a llegar. Si llegó o no es algo que no importa, importa la poesía, el poema, ahí, contagiando, sin antifaz ni disimulo, desnudo, como un amante tembloroso de deseo que no teme la desaprobación de aquella a quién ama, que presenta su pecho hundido, la mandíbula impaciente, el gesto insomne del que solo puede velar la alegría, circunvalar los límites del destino, preservar el secreto de su sonrisa. 

Las palabras que se esconden detrás de las palabras dejan un gusto húmedo, un sabor de luz, un afán de estirar la curiosidad desde la rendija de la puerta hasta la ventana que se abre a un patio donde ronda la primavera en la ropa tendida, en los jilgueros enjaulados, en los ancianos que miran más allá de sus recuerdos rotos.

Encuentro una fotografía sobre la mesa. Una mujer, bella, a su lado un hombre serio, barbado, alto, que la protege o preserva con su brazo, que la defiende o la aísla en ese posesivo acto, en esa distinción, una advertencia. Ella también está seria y mira a la cámara con ojos de espuma, al borde de la lágrima, incapaz de rebeldías ni distancias, ajena. Pero está ahí y eso deja el mañana abierto.

Quién lo iba a decir.

Sin embargo el tiempo difumina los colores, los instantes detenidos, ella saliendo de su ayer y entrando en mi hoy, sentada a mi lado en el autobús, cada día, azar o designio, suerte o desgracia, conversaciones en la mañana desganada, en el regreso de cincuenta kilómetros, tiempo suficiente para las confidencias y los anhelos, los sueños guardados en una caja de madera junto a cartas en papeles amarillos, un anillo, una tarjeta con una dirección que ya no existe, con un nombre que sí.

Ni en su casa ni en la mía, escogimos la habitación de un hotel discreto, cuando nevó, cuando se cortó la carretera, pretexto y garantía, discreta disculpa, subterfugio, aval y defensa, barrera a la suspicacia. Ese fue el principio.

Estaba escrito.

Su acento italiano, sus modales suaves, su cuerpo encogido, sin hábito de besos, de caricias, con un feo color morado en el muslo. No hablamos de ello, no tuvimos tiempo, nos precipitamos en un río de esperanza, de manos y piernas, de labios, de suspiros, de un sueño fabricado después de los días de trabajo monótono. Y pensar que no me gustaba, que me pareció un fastidio su primer buenos días, la interrupción de mi lectura, mis pensamientos ensimismados. Fueron once meses.

Otra fotografía, tomada con el móvil, el último encuentro. Volvió a Rímini. El trabajo, otro traslado, inesperado. Los dos reímos, sin ganas, quizás el sueño estaba agotado y era lo mejor. De sexo pasó al amor, del amor a la costumbre, de esta volvió al sexo y de ahí al bostezo. Se nos acabaron las disculpas, la rutina cegó las ansias del principio. Fue lo mejor, que se fuera, con su hombre barbado y su necesidad de ternura, con sus silencios prolongados y su mirada a un horizonte en el que yo apenas era una sombra bajo un árbol.

Ahora viajo solo, nadie se sienta a mi lado. 


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