31.3.17

Escritura automática.



"L'enregistrement incontrôlé des états d'âme, des images et des mots”


Como un titiritero audaz, inclinado sobre el diván de la literatura, incorporando elementos que intentan lindar, no más,  con lo poético, averiguando cómo escribir un árbol, plantar un libro, -los hijos vinieron, están bien- cliqueo en las teclas sin excesivo control, fluyen las palabras, los recuerdos, las imágenes, hay que ver, escritura semiautomática, un hallazgo, una liberación, un puente entre nuestras curiosidades, no somos nada pero nos comunicamos, algo es algo.

30.3.17

Me obstino



Me obstino en venir aquí cada día, a esta esquina de nombres repetidos (gracias) y ojos escondidos (gracias) donde el viento se estanca y da la vuelta.

Hoy también.

Me digo, te repites. Pues  bien, me repito, no contengo multitudes (W.W) pero los números dicen lo que dicen, oh caminante,  aunque este rincón se esté quedando anticuado, como una buena intención, como un relicario, como un sacrilegio, como un absurdo coleccionista de caras B mientras la música es apenas un silbido entre las hierbas de Finlandia, un susurro de Kim (Novak), el saxofón de Coltrane, la risa de L mientras siente el infierno naciendo en sus muslos morenos de marzo, mi sufrimiento por crear, crecer, encender la luz entre mis tinieblas, saber, entender, regenerar la ilusión, luchar contra el paso del tiempo, los adioses, aquellos a los nunca más veré, la liberación de antiguos miedos, de los de ahora, el desierto, la poesía de mi piel con venas azules, el calcio de los huesos, las noches más cortas, más vacías, más duras de soportar. Eso, que me repito.

29.3.17

En la cocina



…la casa vacía,  en silencio, se me rompe el corazón. Estoy sentado en la cocina, en la misma silla de enea en la que se sentaba mi bisabuela ciega. Por los amplios ventanales entra un pálido sol de invierno. Recuerdo.

Paulina. Llegaba con una cesta en un brazo y una gallina viva en el otro. Un pañuelo negro cubría su cabeza. Invariablemente, con un acento que me parecía de otro mundo, decía, ené, cómo ha medrado este chiquillo. Y seguía hablando con mi abuela, con mi madre, con mis tías, en aquella cocina cálida, con olores a comidas deliciosas, con Doroteo Martí en la radio, de fondo, con el sol de cualquier época inundando las sonrisas, las conversaciones, la vida que se deslizaba con placidez.

Mi padre era alto, fuerte y sonreía. Me parecía muy fuerte y muy alto. Sacrificar la gallina que traía Paulina era su labor. Mi abuelo y mi tío no se atrevían. Las mujeres se refugiaban en los cuartos, riéndose, con gritos, no querían verlo.  Mi padre afilaba un cuchillo grande, se sentaba en la cocina con un delantal sobre las rodillas y una taza en el suelo. Abría la carbonera, cogía al pobre animal, lo inmovilizaba entre sus piernas y con un tajo limpio le cortaba el cuello. Después dejaba que se desangrara sobre la taza y aguantaba sus estertores. Veía aquel rito con ojos entre sorprendidos, atemorizados y curiosos. Jamás he matado ninguna gallina.

Ahora que la vida gira y cambia y estoy sentado en la cocina de esta casa vacía que debo cuidar se me rompe el corazón de tantas imágenes inundándome, llenándome de ayer…

28.3.17

Parker bajo la lluvia

Llueve y Parker no está contento, tiene miedo de la palabra olvido, de caminar una y otra vez por el pasillo de una casa vacía, de la ausencia, del viento de la soledad doblando las esquinas de la primavera que no llega, se responsabiliza del no, de todos los no, de las reglas del juego, de la máscara con la sonrisa, del oficio de bufón, del torcido nudo de la corbata, de ese que escribe sobre él sin su consentimiento, de no controlar sus frágiles emociones, estira con suavidad las tenues hojas del arrepentimiento y termina en lo de siempre, se toma la pastilla verde para poder dormir y mañana será otro día.


27.3.17

Parker y la puerta cerrada



Mientras Parker dice y dice su ay,  Marie ordena los tarros de mermelada, los botes metálicos con galletas de chocolate, el café colombiano lo separa del venezolano, escarda en el jardín, planta gladiolos, pinta el marco de una puerta, riega los geranios, se apoya en el rastrillo con un gesto encantador, destacando la cadera arranca la raíz de malas hierbas, quita la polilla de un mueble antiguo, da cuerda al reloj de péndulo, suenan teléfonos, le invita a cava, le ofrece un plato de jamón, no puede parar quieta.

Pero Marie escucha, asiente, entiende, siente la confusión de Parker, su nula aceptación del contratiempo, llora con él, arrepentida, amiga, le dice que orine antes de ponerse en viaje, le despide agitando la mano desde la puerta y la cierra, cierra la puerta…

26.3.17

Parker en el dique.



Parker está contrariado, sentado en el dique del no continúo. Pasan los días verdes, los morados, su cabeza se hilvana de hilos negros, hierve con libélulas de deseo, con mariposas meciéndose en los largos tallos de los gladiolos, con ranas croando en el filo del verano. Pero siempre es no.

Lo sabe. Trata de encontrar consuelo,  llama a Marie, embriagado de soledad, herido, envuelto en la gasa caliente del desamor, con retorcidos alambres de miedo, sin saber asumir la realidad del amor roto, hundido, perdido ya bajo el cieno del tiempo, de tanto tiempo, llama a Marie

Sin preguntas, sin reproches, Marie le acoge entre sus brazos comprensivos, firmes, cálidos, más maternales que amantes, dibujando una fina línea que no debe traspasar.

Ahí se refugia y dice, sigue, mitiga su rabia pero no la sed, el deseo incumplido, se busca en la ternura y también ahí termina herido, frustrado,  incompleto, debilitado, ausente.

Este Parker…

25.3.17

Polinesia y la cama (o al revés).




En la película, antes  de un viaje a la Polinesia, él novio de la hija del protagonista rompe su relación amorosa de varios años.

Tú lo sabes, ¿por qué se ha ido con esa mujer? - pregunta a su padre.
Dijo que era buena en la cama.

La vida sigue hasta que ella no se decide entre un escalador de sí mismo, un encantador de serpientes, un obrero de la construcción de emociones, un recogedor de conchas, un adiestrador de pájaros y pulgas, un poeta retirado, un triste hombre que cierra los ojos al anochecer pero que sabe cantar al alba.

Lo encuentra en la mitad de una plaza porticada,  junto a la fuente donde beben gorriones,  palomas, transeúntes despistados. Un hombre taciturno que ve programas de televisión de esos  que tatúan, personas con síndrome TOC, constructores de casas mínimas y otros bodrios que compensan a Gaddis y a Barth. No es guapo y no tiene dinero, no sé qué le ve.

El caso es que se casa, como diría Ana María Matute: "El que no inventa no vive", pero ni es feliz ni come perdices y solo piensa en aprender eso de la cama por si vuelve el de la Polinesia.

Pero no vuelve.
A buenas horas.
Así es la vida.
Jo.

24.3.17

Desaparición.



Volaban las brujas por el cielo de Estambul (también), mi lengua chasqueaba, repetía una salmodia «¿qué será de nosotros?», se desbordaban los ríos, el agua estancada en los pozos se volvía negra, las paredes se fracturaban, aparecían cabezas de niños entre las ramas de los árboles (olmos concretamente), el dinero era un factor, el factor, la factoría de las contrariedades, la cornisa de un tejado, la preferida por los suicidas, la bisagra que abría o cerraba una puerta ondulante, una explosión de perdón y nervios, voces, ella escuchaba voces, los tilos de la avenida destilaban un líquido verde, pútrido, morían las hormigas y las gacelas, las traineras surcaban la ría y los remeros miraban obstinados, intranquilos, un horizonte detrás de las olas de la barra del puerto, pegué mi oreja al suelo reseco, a la tierra sembrada de augurios, ecos de ayer, presagios de mañana, toqué su cadera y estaba fría, quise tocar su corazón y nada había, cesaron las imágenes, los ruidos, la habitación se llenó de niebla y desaparecimos, los dos.

23.3.17

Parker y la concupiscencia (segunda pàrte).


Parker me ha vuelto a llamar. Dice que ha estado con Marie y que sabe, que ya va entendiendo lo que es la concupiscencia.

Me lo explica, con lentitud, recreándose.

Dice que Marie ha llegado a la cita como la reina de Alejandría, bellísima.

Dice que Marie es muy atractiva, magnética. Algo le molestaba en el hombro. De forma natural me ha enseñado el leve y delicado tirante de su sostén, negro. Dejaba un delicioso surco en su piel tersa y blanca. Es tan espontánea.

Mientras paseaban tomados de la mano por el muelle nuevo relucían los yates en los pantalanes, cabeceaba un viejo pesquero pintado de verde, estaban los mástiles con banderolas de fiesta, Marie reía y entre sus labios brillaba la eternidad.
  
Volvían a puerto las barcas de los que cacean a verdeles, los botes de jubilados que intentan cenar chipirones encebollados. El frío viento del norte que riza la superficie de la bahía llenando el mar de espumas hace que Parker y Marie junten las cabezas susurrándose confidencias al oído mientras pasan al lado de aburridos pescadores de congrios, de las que cosen las redes, de los gatos indiferentes.

Sin pretenderlo (o sí), Parker roza el costado de Marie debajo de su chaqueta acolchada y en cada poro de su cuerpo se izan banderas de alerta, un tambor que avisa, un temeroso ejército de esclavos levanta una pirámide, ríe el faraón de Egipto sentado en su trono de marfil, de perfil. Parker siente la celebración de la primavera y todas las músicas, el deseo de amar a Marie de norte a sur, colocar una brújula en su frente y explorarla más allá de sus fronteras, sus pero bueno, la línea Maginot, el día D y cómo es que tiene tanto calor con ese frío.

Parker entiende lo que concupiscencia, tiene un deseo desmedido de satisfacción carnal con Marie y ya no se muerde la lengua.   

Justo en ese momento se producen las interferencias telefónicas típicas de media tarde y la voz de Parker se pierde hasta mañana.


Moral católica

En su sentido más general y etimológico, concupiscencia es el deseo que el alma siente por lo que le produce satisfacción, "Deseo desmedido" no en el sentido del bien moral, sino en el de lo que produce satisfacción carnal; en el uso propio de la teología moral católica, la concupiscencia es un apetito bajo contrario a la razón. Aquí apetito quiere decir inclinación interna, y la referencia a la razón tiene que ver con la oposición entre lo sexual y lo racional, no con el uso común de la palabra razón. El objeto del apetito sensual, concupiscente, es la gratificación de los sentidos, mientras que el del apetito racional es el bien de la naturaleza humana, y consiste en la subordinación de la razón a Dios. En la práctica se llama apetito al apetito sensual, o concupiscente, y razón al apetito racional así entendido.

La Iglesia Católica distingue entre concupiscencia actual, que son los deseos desordenados, y concupiscencia habitual, que es la propensión a sentir esos deseos. La concupiscencia no se identifica en la moral católica con el pecado, sino con la inclinación a cometerlo, pero en la fe cristiana sí se identifica con el mal puesto que la Biblia así lo describe en la Epístola Universal de Santiago, capítulo primero versículos 13 al 15: "Cuando alguno es tentado, no diga que es tentado de parte de Dios; porque Dios no puede ser tentado por el mal, ni él tienta a nadie; sino que cada uno es tentado, cuando de su propia concupiscencia es atraído y seducido. Entonces la concupiscencia, después que ha concebido, da a luz el pecado; y el pecado, siendo consumado, da a luz la muerte". Esto tiene que ver con las distintas interpretaciones del pecado original, que para los teólogos cristianos corrompió la naturaleza humana, hasta entonces inclinada al bien, y para los católicos privó a los hombres del don que hasta entonces compensaba la propensión de la naturaleza humana, desde su mismo origen, hacia el mal.

La inclinación al mal del bautizado es explicada de diferente manera por católicos y por cristianos. Para la Iglesia Católica, por el bautismo le es perdonado al católico el pecado original (aunque ésta tradición no tiene ningún sustento Bíblico), aunque no es eximido de sus consecuencias por él; así que no recupera el don perdido, igual que no recupera la inmortalidad corporal, que si bien no era parte de la naturaleza propiamente humana antes del pecado de los primeros padres, sí se ha considerado como una gracia especial de la que gozaban los primeros padres Adan y Eva. Esta gracia de la inmortalidad se perdió como castigo a su pecado. Los cristianos, basados solamente en el verdadero significado del bautismo como se describe en las Sagradas Escrituras, consideran que el bautismo no perdona ningún pecado, y por eso no desaparece con él la concupiscencia.
Desde sus inicios, en el catolicismo se han definido tres enemigos del alma, que son el origen de la concupiscencia, a saber, el mundo, el demonio, y la carne.
(De Wikipedia)

22.3.17

Parker y la concupiscencia (primera parte).

Concupiscencia.

En la teología cristiana, se llama concupiscencia (del latín concupiscentĭa, de cupere, desear, reforzado con el prefijo con) a la propensión natural de los seres humanos a obrar el mal, como consecuencia del pecado original.

La especial insistencia de la enseñanza moral cristiana en centrarse en las cuestiones de conducta sexual, ha producido un cierto riesgo en el significado, dotándolo de ese contenido, que se observa en expresiones como «miradas concupiscentes». Sin embargo, el concepto es más general, y atañe a todas las dimensiones de la conducta. Según el Diccionario de la lengua española (de la Real Academia Española) la concupiscencia es, ‘en la moral católica, deseo de los bienes terrenos y, en especial, apetito desordenado de placeres deshonestos’. (De Wikipedia)




Parker no sabe qué es la concupiscencia, le ha salido en un crucigrama y lee su definición (en la moral católica, deseo de los bienes terrenos y, en especial, apetito desordenado de placeres deshonestos). Se sorprende. Él no desea bienes terrenos y no sabe cómo medir su apetito de placeres. Mucho menos sabría limitar lo desordenado o lo deshonesto en esa cuestión. Es más, aún siendo como es un ciudadano respetuoso con ideas y creencias ajenas, como el alma y el cuerpo le piden satisfacción a todas horas, le parece un concepto inquietante.

Sigue con el crucigrama, el tres vertical, el cuatro horizontal, pero esa palabra, tan larga, le sigue bailando ante los ojos, concupiscencia. Parker es más de al pan, pan y al vino, vino y esa propensión natural de los seres humanos a obrar mal le suena a cuento chino, a negocio, a gato por liebre, a desafío. No recuerda en sus comportamientos esa propensión, al contrario, su propensión es hacia el bien de los semejantes, empieza por su propio bien y sigue por ellos, los semejantes. Con los que no son semejantes tiene más problema pero lo soluciona eludiéndolos en la medida de lo posible.

Mientras me cuenta todo esto, por teléfono, se muerde la lengua, para no decir todo lo que piensa –musita. No le entiendo demasiado bien. Entre su idioma y lo de la lengua debo traducir sonidos, palabras entrecortadas, ideas truncadas  y, claro, así no hay forma de escribir. Cuelgo (el teléfono).

21.3.17

No quiero cambiar ni un solo párrafo al recuerdo.



No quiero cambiar ni un solo párrafo al recuerdo.

Me miraste y la lluvia cesó, me encontré y queriéndote me quise, me viste bella y supe que lo era, me deseaste y llenaste mi cuerpo de deseo, una avidez verde, de tempestad, de pañuelos de seda y tanta dulzura.

Entre mis brazos eras tan hombre que pudiste llorar, desperdigar tu infancia de juegos y distancia, ser tú y otros, todos. Aunque detrás de los postigos hubiera oscuridad, caballos dormidos, árboles deshojados, nunca llegaba la noche, cuando yacíamos, siendo uno, era de día, relucían las naranjas y mi alma, alma mía.

Solo anocheció cuando quise, cuando el miedo detuvo la caricia de tus manos en mis muslos, te llenó la boca de palabras huecas. Ya no estabas, lo supe, tenías la cabeza dividida, confundías los nombres, las citas, se te llenó el pecho de relojes retorcidos, huraños, me amabas de prisa, sin besarme, sin esparcir flores de lavanda, sin Mozart, con grillos.

Naufragamos en la oscuridad, nuestros cuerpos se acoplaban como antes y gemía, vaya que sí, extendías aceite en mis heridas pero ya era otra y lo supiste, descubriste las ruinas y las olas, los pájaros en las nubes, la mirada ausente, tampoco tú  eras y la fecha estaba en rojo y hambre, la búsqueda en el baúl, el oblicuo cansancio, las gaviotas.

Sentada en la penumbra te imagino, quizás una sombra en el muro, el viento que agita las sábanas tras la verja, mis caderas ansiosas, las nubes que no cesan, un barranco al sur donde las cabras juegan, mis brazos abiertos frente a un mar amargo, las aves que no vuelven al jardín, la tórtola que ayer nos despertaba, aquella anciana en su sillón de mimbre, los barcos en el puerto, el ruido que zumba en mi cabeza, erraste el rumbo tibio, mi itinerario es añorarte ahora, eres lo perdido, sin mapas, sin regreso, la ausencia.  

No quiero cambiar ni un solo párrafo al recuerdo.

20.3.17

Aquel momento.



El rocío nos mordió de madrugada, los mastines espantaron el rebaño de goces, azafrán derramado en la mesa, flores secas y música ajada. 

La estancia era dulce y transparente, sentí tus manos acariciar las mías, busqué tu cuello con los labios y encontré la húmeda puerta de mármol, nos miramos y el vértigo nos anegó. 

Lloramos de tan felices.

Agitabas cascabeles en los tobillos desnudos.

19.3.17

Domingo de constelaciones



Hoy es un domingo de constelaciones, un día de iluminación a través de textos que encontré debajo de una piedra cuando fui alacrán, cuando las evocaciones, los recuerdos estaban en la celda 214 del penal aquel, una conexión de elementos independientes en una primera mirada, convergentes en la segunda y un solo elemento en la tercera y última que es cuando me bajo ya que es mi parada.  

(Vaya, ahora que se ponía interesante). 

18.3.17

Parker y la videncia



Parker tenía una novia doctorada en descifrar los sueños.

Vivía de lo onírico pero no descuidaba lo erótico.

Todo iba bien entre los dos hasta que a ella le entró la videncia.

Adivinaba no solo lo que había pasado sino lo que iba a pasar.

Por eso dejó su trabajo y a Parker, se dedicó a pronosticar bodas de famosos, cambios de presidente, bautizos, inundaciones en el levante y catástrofes varias. Colaboraba en varios programas de televisión y en una revista de moda. A veces acertaba, a veces no.

Lo nuclear lo clavó pero nadie le hizo caso.

A través del cristal del refugio Parker ve la soledad del caos, se pregunta si es el único que atendió la predicción.

En la cuarentena tendrá tiempo para contestarse.

17.3.17

Paul Valéry

"En todas las artes hay una parte física que no puede ser tratada como antaño que no puede sustraerse a la acometividad del conocimiento y la fuerza modernos. Ni la materia, ni el espacio, ni el tiempo son desde hace veinte años, lo que han venido siendo desde siempre. Es preciso contar con que novedades tan grandes transformen toda la técnica de las artes y operen por tanto sobre la inventiva, llegando quizás hasta a modificar de una manera maravillosa la noción misma de arte"


Este párrafo pertenece a "La conquête de l'ubiquité" y lo escribía Paul Valéry en 1934. No sé qué hubiese escrito de haber conocido internet y todas sus posibilidades.

Mi vida se ha convertido en un puro link, salto de acá para allá queriendo beber en todas las fuentes. Como un niño en una juguetería interminable quiero conocer todo, tocar todo, subirme en todos los artilugios giratorios, disfrutar de las luces, música, colores, literatura, del saber, abrir todas las puertas a mundos nuevos, chupar las paredes de esta casa de chocolate y caramelo, disfrutar sin fin de este conocimiento compartido. 

Pero es tiempo de parar, ya es viernes.
Te deseo lo mejor para este fin de semana, estés donde estés.

16.3.17

Algunas precisiones.



Este blog glup (2.0) es un robot, funciona con monedas de 1 euro. Introduzco mis ahorros mentales por la ranura y, tachaaaaaaaán, se hace la luz del post diario. Esto tiene partes buenas y malas, como todo. Sé la parte mala, me impide desarrollar mi (posible) creatividad, todo el mérito se lo lleva la máquina, el medio, el mensaje se diluye como agüita clara por un desagüe desasosegado. La parte buena es el cariño (está muy bien eso del cariño que canta Kiko Veneno).

Lo digo porque una amable visitante me dice/escribe/pregunta sobre las líneas negras al lado del título. Son los cables que van al enchufe. Es decir, hay que estar enchufado, conectado, comunicado, en onda, atento a la jugada, prestos para rematar, Messis permanentes al borde del área (o Cristianos, o Aduriz, etc, según las preferencias).

Otra visitante (¿solo entran señoras y señoritas al blog?) se interesa por Parker. Pues bien, querida dama, Parker no existe, ni Marie, posiblemente ni usted ni yo existamos y a veces veamos muertos. Solo existe lo que no existe, vamos y venimos por estas páginas con nombres imaginativos pero estrafalarios, todo es ficción y apenas hay fricción (que es lo rico, lo que es).

Y así va la cosa.


15.3.17

Ella dormía a mi lado.



Primera parte.

Ella dormía a mi lado.

A mi lado era un territorio de límites difusos. Empezaba entre el Éufrates y el Tigris y terminaba en el desierto de Atacama. O así.

Incluso Ella también era difusa.

También puede ser que fuese yo quién estuviese confuso y limitado.

Aterrado.

Al principio el proceso de comunicación era satisfactorio, estaba lleno de aromas, sabores, tactos, fluidos, complicidad, goce, eso, sí.

Pero hay un momento, uno, en el que el proceso se altera. Más o menos se puede resumir así:·         
  • Estoy cansada.
  • No
  • Uhhf.
  • (Silencio)
Ella dormía a mi lado y la noche era más larga, las sábanas estaban tapizadas de botellas rotas, una pared puntiaguda, perros negros rondando, rotundos vigilantes de una imaginaria pero inamovible línea, una grieta que sangraba, un abismo, nada que ver con el país tropical de antaño.  

Segunda parte

Pasaron demasiadas cosas y no pasó nada,

Ahora duermo solo. Dormir es una forma de definir mi insomnio. Soledad es una certera definición de mi ahora. Dolor es la segunda acepción. Hastío la tercera. Y fin la forma de terminar esta confesión. Fin.

14.3.17

En realidad no sé si fue así.



No sé si sabré contarlo.

El sol entraba por la ventana aquel día que nos acostamos, el primero, y entonces pensé en las veces que había imaginado este momento, tu casa rodeada de rododendros y las sábanas blancas aireándose con la brisa que venía del mar, pájaros rojos y niños en bicicleta que saludaban con la mano al pasar.  

Mi traje azul que habías colgado con cuidado de una percha me producía una curiosa sensación, un extraño en tu cama, con libros de autoayuda en la mesilla y fotografías de toda una vida por las  paredes, tus hijos pequeños, tus padres, ni rastro de Mark.

Antes habíamos tomado café con ese pastel de limón que te sale delicioso, nos hablábamos de esto y aquello, nos atropellábamos, nos quitábamos la palabra fingiendo tranquilidad. Entonces te besé, me levanté y te besé, un beso largo, dulce pero enérgico, tan largo que los dos nos quedamos sin aliento y aun así, en aquel momento, pude darme cuenta que el salón estaba lleno de flores. También me di cuenta que aquel primer beso necesitaba otro, y otro, cerraste los ojos y suspiraste y ahí estábamos, abrazados, de pie, un poco torpes, sin saber muy bien si debíamos seguir.

Fuera de la casa seguro que volaban las gaviotas, los niños jugaban al escondite y al salto de cabra, alguna señora volvía del mercado con grandes bolsas y no había sitio para aparcar porque era un buen día y la playa estaría llena de veraneantes. Nada de esto nos importaba cuando te sugerí sentarnos en el sofá negro y nos acariciamos, bueno, te acaricié, ya que tú no sabías si el límite estaba en el borde de tu falda o en el cuello y mis manos te disuadían de poner fronteras hasta que te sorprendí dos centímetros debajo de tu ombligo.

Fue un largo suspiro, bajaste los ojos y los centinelas del pudor desaparecieron, se hizo el silencio fuera, la casa quedó incomunicada y dijiste eso que después se hizo costumbre, ¿vamos arriba?  Subimos de la mano, besándonos, no lo podía creer, te quitaste la ropa muy despacio, mirándome y desnuda doblaste mis pantalones en una percha, acomodaste la chaqueta y escondiste los calcetines dentro de los zapatos antes de juntar nuestros cuerpos y que el mundo conocido desapareciera.

Ahora me miras sonriendo, una flor en el pelo, el olor de la higuera entrando por la ventana, también las altas voces del mercado semanal bajo el hotel, no sé dónde estamos, en qué lugar del Sur, sin ojos que nos vigilen, ocultos, espías, las casas blancas, con barrotes de hierro y música saliendo por las chimeneas. No fue así- me dices- te abracé y tú no sabías si debías besarme o salir corriendo. Cuando sentiste mi pecho velludo en tus senos temblaste, parecía que se había desbocado tu corazón.

Por la calle pasa un hombre montado en un burro, las casas están adornadas con tiestos de geranios y jazmines, también hay cactus y una mujer barre el polvo de la entrada, hace calor.

Anda, ven –dice- lo has contado muy mal, inténtalo de nuevo.

13.3.17

El jardín de la memoria.



Hoy me clavo unas tijeras de pena en una vena del muslo. Me las clavo de nuevo. Y otra vez. Voy dejando gruesas gotas de sangre que forman círculos. Me bajo en la próxima. La busco. Grito su nombre por las alamedas. Me voy a dormir como un clochard sobre los cartones, bajo los arcos de Santa Ana.

Me despierto ahora con la música de violinistas ciegos y estoy desnudo delante de toros negros en campos de aire, de luz, de nada.

¿Qué ocurre?

Ocurre que me aventuro y arropo con cartas inciertas, con simulaciones literarias porque aún no he escrito las palabras que digan lo que pueden decir y escarbo en la raíz de mi escritura hasta encontrar lo no dicho.

Aún no lo he encontrado. 

(No me extraña)

12.3.17

Viajero detrás de una ventana



El viajero está detrás de  una ventana sin cortinas y ve algo que el espectador  no ve. Eso es lógico ya que  está dentro de un edificio y los que miran (miramos) fuera, en la calle. Dentro no llueve, fuera, a veces.

En este ejercicio de mirar y ver hay una suerte de privilegio, de entrenamiento del privilegio, no cualquiera ve aunque muchos miran.

Si dejo vagar mi dedo por un mapa encontraré la ruta y el nombre de quién viaja, conservaré la lengua y la palabra. Si dejo vagar mi lengua por la ruta y me hago un gorro con el mapa sabré que mis palabras de hoy dicen lo contrario de lo que intentaba decir.

Jo, es que es muy difícil (digo)
Ya te voy a dar yo a ti (dice alguien que viaja)

Y así, de la mano, se van descubriendo, una oreja, cuatro dedos, el borde de una blusa de seda, lo que hay debajo, un suspiro.

Se hace de noche y todos se van a dormir.  

Que descanséis, hasta mañana.

11.3.17

Esta Boda No Es Un Poema.



Nos casamos en la capilla.
En una esquina de la iglesia.
Tú de blanco, yo de negro.

El cura nos acompañó hasta las promesas.
Ante los invitados nos juramos amor eterno.
En la salud y en la enfermedad.

Tu padre estaba orgulloso.
Mi madre estaba nerviosa.
La abuela Luisa recitaba versos.

Escogimos un profesional enemigo.
Nos hizo las fotografías en un bosque.
No había sitio más absurdo.

Comimos alubias y cordero.
Tartas de nata de postre.
Vino, licores,  puros.

Danzamos y reímos.
Ángel contaba chistes.
El tío Eusebio también.

Las mujeres mayores estaban sentadas.
Las jóvenes bailaban sin cesar.
Los hombres fumaban y cantaban

En la plaza sonaban el txistu y el tamboril
Era la fiesta del patrono del pueblo .
Corrían gigantes y cabezudos.

No llovió.
Nadie se emborrachó más de lo normal.
Los niños fueron felices.

En el coche, de regreso a casa.
Apoyaste tu cabeza en mi hombro.
Lloraste.

¿Qué te ocurre, cariño?
Nada, estoy bien.
Esa fue la primera mentira.

Recién casados.

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