5.5.17

Los perros ¿tienen alma?




En otro tiempo, es decir en mi prehistoria,  tuve relación con una espectacular dama rubia, bella y altiva como una artista de cine, de Hollywood en concreto, increíble, no sé cómo podía salir conmigo, en fin.

En mi cuadrilla, las chicas no podían con ella, no era de su estilo, ellas eran cultas,  militantes, de izquierdas, desgarbadas. Además mi amiga volvía locos a sus amigos (cosa que no me extraña, ¡qué guapa era mi amiga!). Un problema de contraste (para ellas)

Un día, estábamos todos en el campo, alrededor de una barbacoa. Habíamos disfrutado de una maravillosa mañana de playa. Quien más quien menos ayudaba. Mi amiga, tan rubia, con la piel tan morena, con un bikini rojo que te morías, soltó de repente la siguiente reflexión: “los perros ¿tienen alma?”

Pasado el primer momento de estupor, todos se miraron, la carcajada fue general, mi amiga se enfadó –era rubia pero no tonta-, yo me enfadé, los dos nos fuimos y me quedé sin cuadrilla. La semana siguiente me dejó mi amiga rubia de piel morena y se ennovió con un arquitecto alto, de ojos azules, cuestión que era más equilibrada que su incipiente relación con un tipo vulgar como yo.

Lo pasé mal, no crean, mi amiga hacía esas preguntas sobre almas o sobre cualquier especie vegetal, animal, incluso sobre personas, por verdadera curiosidad. Mi amiga era inteligente a su manera –la prueba es que me dejó- lo que ocurría es que se expresaba raro y contrastaba demasiado con las chicas gallina de mi anterior cuadrilla.

Por cierto, nunca más he tenido cuadrilla, tampoco novias tan espectaculares y, por si fuera poco, no sé si los perros tienen alma. Esta vida es complicada, queridos míos.

1 comentarios :

Maribel Gs dijo...

Buena manera de contar que hay quien opta por sumergirse en el arrollo del sentir y muscula su alma haciéndose preguntas y quien deja la suya en la orilla, porque le puede el miedo de lanzarse de cabeza al agua y se coloca una venda en los ojos permitiendo que don ego y sus secuaces (léase orgullo, envidia y un largo etecé) campen a su antojo, dejando en evidencia, en este caso con sus risas, sus carencias emocionales. La belleza de ella, es la instigadora de la anécdota, yo me quedo con el vacile que les pegó a los que se visten cada mañana acicalándose de y con prejuicios.

Y optando por la acepción de alma como esencia y prescindiendo del sentido religiosode la misma, digo (momento que me pongo en pie) (ya): tus escritos no sólo tienen corazón, sino que es el alma quien abre el telón en cada historia que nos cuentas y es ella quien nos hace volver de nuevo a este (tu) rincón.

Besets!

PD: Yo tampoco sé si los perros tienen alma, pero sí me consta la capacidad que tenemos de encontrarla en ellos, cuando curioseamos en la nuestra.

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