19.8.17

Avanza agosto



Avanza agosto y he metido las palabras en un armario, ahí están, morenas e indiferentes, no intentan resolver crucigramas silábicos, no comen pimientos de Padrón, no llevan trenzas, no descifran misterios, no bailan la yenka, se han instalado en el no. 

Por si alguien está interesado las he dejado en la balda inferior, bien tapadas, sestean, volverán, de momento sigo absorto en los cielos.

18.8.17

Dolor.

Dolor, por los muertos, por los heridos en Barcelona y Cambrils, por sus familiares y amigos.
Dolor por tanto odio.

17.8.17

Parker no sabe escribir cuentos.



Parker no sabía escribir cuentos, solo frases cortas que juntaba con tijeras, con más entusiasmo que acierto. Las palabras de amor se le rompían en la boca y caían al suelo como cascaras de almendras. Por eso ella no percibía vibraciones ni rocío. Pasaban los días y las nubes, las adivinanzas y el desconsuelo, sus cuerpos, alejados, se habían convertido en conjuntos huecos, siluetas, distancia, el vacío. Coleccionar sílabas nunca ha sido un ejercicio que llene la ansiedad, con todo Parker las volcaba sobre un tapete negro e intentaba dar nombre a lo que sentía, pero llegaba el sol, las risas de los niños en la playa, el beefeater cuando el monte Pindo se volvía rosa y todo quedaba en espera hasta el siguiente día. Y así     

16.8.17

Sugerencia 3


Uno es un moderno y solo escucha, lee, come, huele, toca, cosas modernas, o sea lo de ahora.
Lo de ayer está pasado de moda y solo me importa la moda, la fachada, lo que vende, lo actual, lo que conozco, ahí donde me muevo bien. Por cierto, ¿que día a fue ayer?, estoy perdiendo la memoria.
Pero uno a veces tiene debilidades y se deja seducir por el consejo de algún amigo que es un antiguo, que le gusta lo viejo, lo de antaño. En la amistad cabe todo.
Eso, que empiezo a leer “La piedra lunar” de Wilkie Collins, con aprensión porque no solo es antiguo (1868) sino que es un tocho de 600 páginas. Qué pesados eran estos viejos, los de entonces.
A lo que iba, empiezo, una página, otra (como se lee ahora) y no puedo dejar de leer, es un libro moderno, es un estilo que engancha, apasionante. Me han engañado, seguro que esto acaba de editarse, que es moderno. 
Resumiendo que sigo leyendo y no puedo pararme en sugerencias ni tonterías, léanlo, es una novela policiaca, es una película de aquellas en colores brillantes, es una pasada. Agur, a leer.





‘La piedra lunar’, novela fundacional del género negro, genial y copiada hasta la saciedad

por Juan Carlos Galindocultura.elpais.com
5 de enero de 2017 03:19

Decía Borges a todo el que le quisiera escuchar que esta novela “pertenece a la estirpe de los libros inolvidables”; en Sangre en los estantes Paco Camarasa asegura que su creador “sabía someter al lector a una tensión constante, multiplicando los narradores y complicando inteligentemente sus intrigas”; T.S Eliot afirmó que se trata de “la primera, la más larga y la mejor de las novelas británicas contemporáneas de detectives”. ¿De qué hablamos? Evidentemente, de La piedra lunar de Willkie Collins (Londres, 1824-1889), ahora reeditada por Navona en su colección de Ineludibles, en una excelente edición con una nueva traducción de José Luis Piquero.
Un diamante de procedencia legendaria, una familia acomodada, una hermosa joven y un robo sirven a Collins como excusa para desplegar una potencia narrativa y una capacidad para el diálogo y el desarrollo de personajes inauditas. Con un lenguaje poderoso y una estructura moderna y copiada después hasta la saciedad, Collins nos lleva de la mano por este mundo victoriano de clase alta.
Las distintas voces que se suceden en la narración, los puntos de vista cambiantes y la gran cantidad de personajes no quitan ni un gramo de interés a esta novela fundacional. Las referencias de los propios narradores, protagonistas todos de la historia, a la narración en sí, a quién va a contar el próximo capítulo o cómo vamos a disfrutar con lo que viene son de una modernidad que acongoja.
El relato pasa del costumbrismo a lo procedimental, con voces unas veces hipnóticas, otras patéticas (la de la prima beata de los protagonistas es el mejor ejemplo), otras simplemente geniales. Resulta inolvidable Betteredge, sirviente leal de la familia, amigo del joven Franklin, cuya única fuente de análisis de la vida es el Robinson Crusoe, que lee y relee en manoseadas versiones hasta la saciedad y donde encuentra siempre una clave que explica la realidad. Por no hablar del sargento Cuff, ese caballero infalible obsesionado con el cultivo de rosas.
Excepto cuando incluye algunas historias dentro de la historia, cuentos exóticos que no me interesan tanto, el ritmo no se resiente en ningún momento durante las 560 páginas. Collins era un maestro azuzado por la necesidad: si el lector no se enganchaba, el semanario donde publicaba (All year around, dirigido por un tal Charles Dickens) abandonaba la historia. Sí, como en las series de televisión que no pasan del tercer capítulo pero hace siglo y medio.
Cuando llega el turno de Franklin, primo de la joven y bella Rachel, de la que está perdidamente enamorado, y la historia se acerca lentamente a su resolución, se ve la maestría del autor para jugar con los personajes y con el público. Cuando aparece en escena el insoportable Godfrey Ablewhite, pretendiente de Rachel, hombre de intachable reputación, la hipocresía de la sociedad victoriana queda al descubierto, retratada de manera inmisericorde. Lo mismo ocurre cuando es el turno del servicio o de ciertos truhanes. Cuando entra en los detalles de los efectos del opio, al que Collins era algo más que aficionado, se ve el descaro con el que era capaz de tratar cualquier tema.
Es una locura de libro. Es increíble que esté escrito en el siglo XIX, que todavía hoy muchos imitadores no se acerquen ni de lejos a su modernidad. Lean y disfruten.

15.8.17

Sugerencia 2


“Fe de erratas” de Alan Isler es mi descubrimiento de agosto.
Lo compré en Libu por 2 euros, a ojo, quizás porque tenía la letra grande, no conocía ni al autor ni la editorial.
Es una novela soberbia, inteligente, divertida, llena de ironía, aguda, pródiga en juegos de palabras, reflexiones, citas cultas, una mezcla de humor y seriedad, ya digo, un descubrimiento.
Me queda poco para terminarla y no sé si empezarla de nuevo.

14.8.17

Sugerencia 1



“Una comedia canalla”es el primer libro (2012) de Ivan Repila ( Bilbao 1978)
Así, de primeras es muy bestia, una locura, un historia de ritmo frenético, casi un cómic, un inteligente y desmadrado guión que bajo una apariencia sencilla esconde un entramado de muchas subhistorias que confluyen en un final que merece una película. Todo esto con un estilo eficaz y de categoría. Qué bien escribe este señor.
Es una lectura ideal para las vacaciones aunque, insisto, es muy bestia.

13.8.17

Scott



Aquí (es decir, aquí) el agua del mar está muy fría. Eso va también según la percepción de cada uno (y según el aquí). Por eso muchos no se bañan, la mayoría ni se mojan los pies. No sé lo que ocurre ahí (porque ahora estoy aquí y de momento no puedo estar en dos sitios a la vez, todo se andará), no sé si ahí se bañan, si se mojan o no. Es todo tan relativo, tan efímero, tan sintáctico, tan esdrújulo, tan apocalíptico, tan sicalíptico, tan absurdo, tan sencillo, tan de andar por casa. You Tube, eso nunca falla, puede ser que no te guste la/esa música, no importa, me gusta (aunque sea con embudo, aquí todo dios miente), o un corazón, sonrisas, el verano del amor, que no estamos para revoluciones, flores en el pelo y Scott (McKenzie), ah, que no habías nacido, otro día te lo cuento. Un consejo: mójate, en la playa/río/piscina/poza, si el agua está buena, si no, una ducha al volver a casa. De nada, a mandar


a mandar.

12.8.17

Monte Pindo


El Monte Pindo se encuentra junto a la playa de Carnota.
Los historiadores denominaron a este monte el Olimpo Sagrado de los Celtas.
Nuestros antepasados solo supieron explicar la curiosa geomorfología del Monte Pindo, llena de relevos en bolas de granito, a través de historias de deidades, esculturas o monstruos y gigantes míticos. A través de leyendas que llenaron de ilusión a los habitantes de estas tierras, que transmitieron de padres a hijos durante siglos; cuentos de tesoros fabulosos, hermosas princesas (mouras), rutas secretas, serpientes de siete cabezas, hadas encantadas, sacrificios y ritos de fecundidad – que al parecer prevalecieron hasta tiempos muy recientes- y que dieron forma a la tradición que sitúa en este lugar al monte sagrado de los celtas gallegos.


El Monte Pindo tiene varios castillos, castros, restos de Ermitas y cuevas de criaturas mágicas. En su cumbre está la Pedra da Moa con “pías” (bañeras naturales), donde se cree que se hacían rituales celtas. Y un poco más abajo está la cueva de A Ermida, donde estaba una vieja iglesia de la que se ha descubierto una antigua inscripción. Se cree que está relacionada con una capilla del siglo XII.
Para defender la comarca de los ataques vikingos, se erigió el castillo de San Xurxo, construido por el obispo Sisnando en el siglo X, y en el Monte también se puede encontrar el castillo de Penafiel, que tiene una inscripción que reza:
-->
“Reyes, obispos, presbíteros, todos por poderes recibidos de Dios, excomulgaron aquí ese castillo”



Leo esto  en internet y voy al monte Pindo. Una subida dura, incómoda, sin descanso, por un paisaje lunar (bueno, la verdad es que no he estado nunca en la luna) de piedras gigantescas con formas caprichosas, muchas en equilibrios imposibles. No encuentro brujas, ni serpiente de tres cabezas, ni monjes locos, ni animales, no hay ni insectos.
Según vas subiendo el paisaje se va mostrando como algo único, bellísimo, la inmensa playa de Carnota, el mar, las islas Loberas, Finisterre ahí enfrente, una sensación que te llena.
Cuando llegas a la cumbre, plana, con agujeros que parecen bañeras si no te lleva el viento, miras alrededor, abajo y la belleza te deja sin palabras, solo puedes comenzar el regreso sabiendo que has vivido una experiencia única.
El descenso, es cierto, es peor que la subida y cansado pero muy contento vuelves a casa.  Una experiencia extraordinaria (y mira que he subido a montes).


.




11.8.17

¿Decías?



¿No se puede parar?, esto, yo qué sé, una prorroga, un contrato, un te lo juro, tomar conciencia, saber que es todo lo que hay, lo que habrá…

¿Decías?

Ah, nada, nada, no me hagas caso…

10.8.17

Digo, digo.

-->



Libra, oh Dios, mi alma del labio mendaz, que amanece hoy y veo salir el sol como un espectáculo magnifico sabiendo que amanece desde el principio de los tiempos, desde hace miles de años, no sé cuántos, ni me importa, sé lo que sucede desde que tengo uso de razón, el resto no me importa, mi historia es la historia, mi cultura es la cultura, adanismo se llama, a quién se le ocurre nacer antes que yo (Yo), que camino hasta los 143 metros de altitud del Faro con el graznido de cientos de gaviotas que no duermen, con bandadas de gorriones que se siguen y juegan y me acompañan, con mirlos, tordos, palomas a la mitad del monte y un azor y otras aves de rapiña ya arriba, que el paisaje es tan bello que a veces lloro lágrimas Stendhal y vuelvo a casa con Sam Moore que me grita please call home y no me preocupo de los pseudoperegrinos que han salido del pueblo de al lado con sus mochilas de luxe que, oiga, cada uno sale y va donde quiere pero el Camino es milenario, un respeto, que no se puede jugar sobre una senda de espiritualidad, de cultura, de historia, como niños que buscan lo fácil, hippies de marca, tramposos que se mienten en la comodidad de no ser nada, yo (Yo) no sería capaz de haces eso, es decir de no hacer, pero no me hagan mucho caso que me encuentro con un matrimonio de cierta edad y se confunden y me saludan y hablamos y al de quince minutos él se da cuenta que no me conoce de nada pero es simpático y seguimos hablando de esto y aquello y cuando le digo que soy de Bilbao  me pregunta rápidamente si he leído Patria, un test, una forma de saber, un a ver este de qué va, me río (por dentro), le digo que sí, que está escrita de forma eficaz aunque no es gran literatura, que le sobran más de 200 páginas, que refleja perfectamente una dura, triste, cruda realidad, que me dolió leerlo, que los personajes principales están bien matizados, algunos secundarios un poco exagerados, que para llevar viviendo más de 30 años en Alemania, Aramburu sabe de qué escribe, que me dolió (sé que ya lo he dicho), que he vivido en un pueblo así (sin muertos por fortuna pero con esa asfixiante opresión), que creo que he pasado el examen y esa simpática  pareja se va por donde ha venido, me voy a casa para volver a ver la segunda parte del último capítulo de Juego de Tronos, una obra de arte, para seguir leyendo Fe de erratas, una de esas sorpresas que da descubrir un escritor delicioso, Alan Isler, tan bueno,   obstinación en la belleza, que este muro me recuerda día tras día lo que dije y, es verdad, sigo diciendo lo que dije,  me repito, me obstino en lo que siento, pienso, (me) miento, me alimento de recuerdos y memento moris , quia pulvis es, et in pulverem revertoris, pienso tumbado en la playa y me preocupo cuando soy consciente que he olvidado partes de mi vida, épocas enteras, nombres y personas de las que no guardo constancia, aquellos a quién amé, ¿quién era Elena?, ¿dónde estará Ignacio?, incluso familiares, vecinos, compañeros, ay, recuerdos selectivos, he borrado muchos malos momentos pero también muchos de los buenos  y sigo caminado por el borde de esta playa sin olas al final de la ensenada, un milagro natural, daría una patada en el culo a todos estos depredadores agachados mientras cogen conchas  (en México esto último suena mal ¿no?), por cierto tengo México nítidamente aferrado entre estos años de aprendizaje y encuentro conmigo mismo, con el que soy, con mi yo (Yo), que lo del adanismo que dije pretendía ser un broma, que buceo en libros y libros y subo montes y hablo y miro y puedo pelar paraguayos (fruta) sin que me de dentera y todavía conservo la brazada en crawl aunque desde que me gano mi hijo ya no es lo mismo, en realidad ya nada es lo mismo, nada es como era, sabores, olores, gustos, mi cara, ¿ese soy yo? (Yo) que me ha crecido la nariz y las orejas, madre del amor hermoso, qué fue de aquel adolescente moreno que subía a la Ciudad Jardín a ver a Gloria, es una pregunta que tiene una sencilla respuesta, es la edad, chaval, que cantaban los Salvajes, que hacían una versión de no sé quién y aquí enlazo con aquello de que lo que no era cuando yo (Yo) soy no existe, ¡que no, bruto!, aprende, preocúpate, infórmate, estudia, siente, ¿saben qué?, que es agosto y hace un día magnífico, voy a bañarme, el agua está muy fría pero es muy bueno para la piel, el riego sanguíneo y mejorar la lengua fraudulenta, que tengan un buen jueves.

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